¿Cómo he llegado a esto? Sinceramente, me lo pregunto a mí misma. ¿Cómo he llegado hasta aquí? A este nivel de "depresión", confusión y frustración. Ya no soy quien era, eso está más que claro. Ya no soy aquella niña-adolescente loca por vivir la vida. Esperando con ansia el verano y las navidades. Aquella chica la cual se podía llevar horas y horas siendo feliz. Escuchando y haciendo música, soñando con mis propios sueños hechos realidad. Diría que necesito volver a ser la de antes, pero aquella chica está perdida.
En una de nuestras múltiples discusiones acerca de mi estado, mi padre me preguntó qué me ha hecho cambiar. ¿La adolescencia? ¿Los pensamientos? ¿El amor? ¿Las amistades? ¿Los videojuegos? (Sí, esto último es gracioso. Se cree que soy adicta). Mi vitalidad se ha esfumado por completo pero es que ni yo misma sé por qué. Mi última opción ha sido consultar a un especialista, del cual estoy esperando cita. Tengo miedo. Miedo de que me diagnostiquen alguna enfermedad, como trastornos de personalidad. ¿De verdad esta soy yo? No me reconozco, joder. He ido cambiando poco a poco hasta convertirme en algo totalmente diferente. Mis aspiraciones siguen ahí, pero cada vez más difuminadas y difíciles de alcanzar. Mis ganas de la vida se han marchado, y no las puedo alcanzar.
Me paro a pensar y todo está confuso. ¿Sigo siendo yo? ¿Yo me comporto así o soy una persona totalmente diferente? Quizás esté en un período de transición. Pero, ¿transición a qué? ¿A la madurez? Vuelvo a repetir que todo está excesivamente confuso y oscuro.
Mi mente es un caos.
Mi vida se desmorona.
Mis sueños se esfuman.
Mis aspiraciones se desvanecen.
Mi cuerpo se estropea.
Y mientras tanto lo que queda de mí aquí sigue, esperando una jodida solución.
martes, 18 de junio de 2013
viernes, 7 de junio de 2013
Querida yo dentro de diez años:
Sé que esto es muy típico y mucha gente lo suele hacer, pero quiero probarme a mí misma. Quiero probar a ver si soy capaz de cumplir con mis objetivos, sueños y esperanzas. Si soy capaz de luchar por lo que me gusta, de mejorar mi situación y conseguir lo que de verdad quiero. Por eso estoy haciendo esta entrada, hablándole a mi yo dentro de diez años, osea con 25 años. Allá voy.
Supongo que si no ha habido ninguna catástrofe y no ha habido ninguna rabieta que me haya hecho borrar este blog, dentro de diez años si me acuerdo, estaré leyendo esta entrada. Bien. Quiero que te pares a pensar un momento en si las logrado lo que en realidad, siempre quise: escribir y hacer música. Me da igual que no esté conseguido del todo, pero ¿está en camino? ¿Sigues escribiendo, cantando y tocando el piano? ¿Sigues publicándolo en las redes sociales?¿O lo has conseguido ya?
La verdad es que ahora, con escasos quince años me parece una locura que mi yo de veinticinco viva de la música y/o la escritura. Me gustaría que tú, Mónica del futuro, estés sonriendo ahora mismo. Estés feliz al saber que has cumplido con las expectativas que teníamos. Que hayas madurado y que tengas los pies bien puestos sobre la tierra, hayas llegado muy lejos o no. También me gustaría que siguieras adelante con todos los sueños que tienes, y si ya los has alcanzado, que trabajes duro para que no se te escapen de la mano.
Me parece una completa locura estar escribiendo esto, es como... ¿de verdad me voy a acordar dentro de diez años? ¿De verdad nunca me rendiré? Supongo que si dentro de esos años no he conseguido mis sueños sería muy difícil remontarlos, pero aún así quiero que lo sigas intentando. Mónica del futuro, aunque te esté hablando como a otra persona en realidad somos la misma, y quiero decirte que siempre fuiste una persona fuerte, entusiasta y un poco loca aunque en realidad tengas una mente oscura. Pero eso es lo que te hace especial. Y también todas tus ideas. Todos los proyectos e ideas que tienes rondando por tu cabeza. Todo eso... quiero que lo exprimas como a una naranja y le saques el máximo partido, y como ya he dicho tropecientas veces que cumplas nuestros sueños. Porque es lo único que mantiene en pie a las personas, los sueños y aspiraciones.
Supongo que si no ha habido ninguna catástrofe y no ha habido ninguna rabieta que me haya hecho borrar este blog, dentro de diez años si me acuerdo, estaré leyendo esta entrada. Bien. Quiero que te pares a pensar un momento en si las logrado lo que en realidad, siempre quise: escribir y hacer música. Me da igual que no esté conseguido del todo, pero ¿está en camino? ¿Sigues escribiendo, cantando y tocando el piano? ¿Sigues publicándolo en las redes sociales?¿O lo has conseguido ya?
La verdad es que ahora, con escasos quince años me parece una locura que mi yo de veinticinco viva de la música y/o la escritura. Me gustaría que tú, Mónica del futuro, estés sonriendo ahora mismo. Estés feliz al saber que has cumplido con las expectativas que teníamos. Que hayas madurado y que tengas los pies bien puestos sobre la tierra, hayas llegado muy lejos o no. También me gustaría que siguieras adelante con todos los sueños que tienes, y si ya los has alcanzado, que trabajes duro para que no se te escapen de la mano.
Me parece una completa locura estar escribiendo esto, es como... ¿de verdad me voy a acordar dentro de diez años? ¿De verdad nunca me rendiré? Supongo que si dentro de esos años no he conseguido mis sueños sería muy difícil remontarlos, pero aún así quiero que lo sigas intentando. Mónica del futuro, aunque te esté hablando como a otra persona en realidad somos la misma, y quiero decirte que siempre fuiste una persona fuerte, entusiasta y un poco loca aunque en realidad tengas una mente oscura. Pero eso es lo que te hace especial. Y también todas tus ideas. Todos los proyectos e ideas que tienes rondando por tu cabeza. Todo eso... quiero que lo exprimas como a una naranja y le saques el máximo partido, y como ya he dicho tropecientas veces que cumplas nuestros sueños. Porque es lo único que mantiene en pie a las personas, los sueños y aspiraciones.
miércoles, 5 de junio de 2013
Capítulo 10.
Creo que me estoy despertando. Sí, lo confirmo porque veo algo más que negro, veo una luz filtrarse por mis ojos. Hoy es sábado, y aunque no haya instituto tendré que estudiar para algunos exámenes finales que tengo. Debería levantarme ya, así que abro los ojos y me quedo a cuadros. Estupefacta. Sin respiración. Bloqueada.
¿DÓNDE ESTOY?
Miro a mi alrededor. Es una casita, y pocos segundos después me doy cuenta de que estoy encima de un árbol. Inmediatamente recuerdo. Mis sueños.
¿Sigo soñando o es que he venido aquí realmente? Lo más normal y lógico, es pensar que sigo soñando. Pero sé diferenciar muy bien entre un sueño y la vida real. Hago lo típico, lo que todo el mundo ha visto en las series y películas, y me pellizco el brazo. Duele. Eso parece una mala señal, porque se supone que es real. Me examino los bolsillos y no tengo nada. Ni móvil, ni llaves, nada. No llevo el pijama con el que me acosté. Esto es realmente extraño, en mayúsculas y subrayado. Me paro un momento a recapacitar, aunque parece que el corazón se me va a salir del pecho.
Llevo un tiempo soñando cosas extrañas, pero sólo eran sueños. Ahora estoy... ¿dentro? Según todo lo que había soñado anteriormente, yo estaba "atrapada" en este mundo, pero no sabía ni por qué ni para qué. ¿Estaré atrapada de verdad?
Mi mente es un caos. No consigo tener las ideas claras. De repente, Diana, mi nueva gata, se acerca y me acaricia con el hocico. Lo siento. Lo siento de verdad, siento como la gata me acaricia, siento el olor a bosque, y cuando bajo las escaleras siento la brisa. El sentimiento es la señal de que estamos vivos, y eso no puede significar otra cosa. Estoy viva, sí. Pero no en mi mundo.
Por extraño que parezca no me entran ganas de llorar, aunque estoy muy asustada. No sé que me deparará, pero he decido tomarme esto como una historia, un cuento. Conforme a los anteriores sueños, voy a seguir. ¿Algún día tendrá que terminar, no? Y cuando termine, supongo que volveré a mi hogar. Es el esquema que me he planteado en los minutos que me he tomado para reflexionar.
Lo primero es que Emily había desaparecido. Lo más seguro es que se la hayan llevado, porque no creo que haya conseguido escapar. Iré a consultar a Ed, ya que por lo que sé, es un buen amigo. Es una sensación extraña. Soy Gwendolyd, la chica de ciudad. Pero a la misma vez soy la de aquí, la de Aurum. La que se había acostumbrado a cazar animales e incluso creó su propia guarida. Siento como dos personalidades dentro de mí, y no consigo acostumbrarme.
Me da miedo que Diana se escape, así que no la saco de la casa. Si camino un par de minutos llegaré a un pequeño río que pasa, así que ahí podré lavarme la cara, manos y pies por lo menos. Llego y me aseo, a la vez que me quejo de lo fría que está el agua, aunque no estoy para quejarme en estos momentos. También tengo hambre, así que cuando llegue a la casa, me comeré la manzana que tenía guardada, antes de que se estropee.
Termino mi estancia en el río, y vuelvo junto a mi nueva gata antes de que intente escaparse. Una vez en la casita, busco la manzana en la mochila, y mientras le doy un mordisco bebo un poco de agua. Pienso también en lo sedienta y hambrienta que estará Diana, así que le doy agua en la tapa de un bote y cuando me termino la manzana, salgo a recolectar algunas frutas.
Lo mejor de esto, es que aunque nunca he cogido frutas de un bosque, mi yo de aquí sabe dónde encontrarlas. Si ando un poco me toparé con un campo en el que hay manzanos, naranjos y demás árboles. Como no puedo pelar las naranjas, supongo que cogeré manzanas. La tarea más complicada es conseguir que no me pillen. Si me ven robando comida, seguramente me matarán, o eso supongo. Así que me ando con mucha cautileza y me adentro en el pequeño campo. No hay nadie a la vista, aunque será mejor que me de prisa. Traigo la mochila preparada, abierta. Cogeré unas cinco manzanas y me largaré, no quiero más problemas.
El plan sale tal cual lo planeado, así que me marcho contenta pensando en lo contenta que se pondrá mi gata cuando le de algo de comer. Mientras tanto canto una canción, que no viene a cuento, pero se me ha venido a la cabeza y me entran ganas de cantarla.
You and I walk a fragile line,
I have know it all this time
but I never thought I'd live to see it break...
Haunted de Taylor Swift me gusta, y sobretodo en esta situación. Paseando por el bosque, donde no hace ni frío ni calor. Donde nadie te molesta con sus quejas o reclamaciones y donde sólo tienen la palabra los pajarillos y las hojas. Donde el ulular de los búhos te atrapa por la noche y la ausencia total de presencia humana se desvanece por completo. Se siente bien.
Mientras ando sigo pensando en todo esto. Es que sólo llevo una media hora "encerrada" de verdad aquí y me estoy acostumbrando. Como si la de los sueños fuera yo intercambiando los mundos. Sigo teniendo hambre así que cojo una de las manzanas y también me la como. Tendré que volver más por allí porque tienen unas frutas muy buenas, aunque siempre se corre un gran riesgo. Tengo que darme prisa, darle de comer a Diana e ir a ver a Ed. Necesito centrarme más y saber por qué y para qué estoy aquí. Para ello aligero el paso y llego a mi destino.
Otra vez me sorprendo. La gata no se ha movido, sólo que en vez de estar en la pequeña cama, está en la mesa. Es realmente buena y obediente para haberla sacado de la calle. Cojo una de las manzanas y la parto lo mejor que puedo con las manos, ya que no tengo ni cuchillo ni objetos punzantes. Aunque me lleno todas las manos, Diana se acerca enseguida y comienza a devorar el sabroso bocado. Está muy delgada, ojalá consiga recuperar su cuerpo original. Al terminar no se vuelve a tumbar y explora la pequeña casita, pero no tenemos tiempo. Me cuelgo la mochila y dejo la manta ahí, espero volver y pasar aquí más tiempo hasta solucionarlo todo, aunque si me ocurre algo por el camino me despido del lugar y con Diana a cuestas bajo las escaleras y me dirijo a casa de Ed. Es casi la hora de comer, espero encontrármelo en la carpintería y poder hablar con él. Recuerdo que tenía que pasar desapercibida así que me pongo el gorro y escondo a mi gata dentro de la chaqueta cuando llego a la ciudad. Todo el mundo sigue igual de raro que en el último sueño. ¿Pero qué habrá ocurrido? ¿Tendrá algo que ver conmigo? Sigo mi camino y por fin llego a la carpintería de Ed, donde está a punto de cerrar. El hombre no me saluda, simplemente deja su trabajo cuando me ve y me hace un gesto con el cual lo sigo hasta un pequeño almacén que tiene con madera, allí podremos hablar mejor y en privado. Suelto a Diana. Entonces, él empieza a hablar:
–¿Qué haces aquí, Gwen?
–Necesito que me ayudes, aunque tú creas que soy huérfana no lo soy. Vine a este mundo, sí, pero ahora creo que todo ha cambiado. La de antes no era yo, ¿sabes? Era mi yo en mis sueños. Ahora... Soy Gwendolyd de verdad, y me estoy asustando.
Él se queda sin palabras. Me mira con expresión de preocupación y sentimiento de culpa. ¿Sabría él algo? Enseguida, me lo confirma:
–Ya, ya lo sé -está muy frío, como si no le gustara hablar de este tema.
–Y... ¿Por qué? Estoy muy confusa y preocupada. ¿Podré volver a mi mundo real? Me gustaba este lugar, pero sólo en sueños.
–A ver. Yo no sé más que leyendas. Para responder a todas tus preguntas lo mejor es entregarte a las autoridades o...
–¿Entregarme? ¿No dijiste que me podrían matar?
–Más o menos. ¡Quieres escucharme! -De repente se da cuenta de que ha sonado demasiado borde, así que para compensarlo me da una palmada en el hombro y una sonrisa-. Conozco a alguien que podría ayudarte. Pero tendrás que viajar bastante.
–Me da igual lo que tenga que hacer, mientras pueda conseguir todas las respuestas. Además, Emily ha desaparecido.
–Tendrás que ir hasta Azelled, ¿recuerdas dónde es?
–Donde viven los duendes, hadas y elfos. Lo recuerdo.
–Bien. No es la ciudad que te pilla más lejos, pero a pie tardarás una semana, más o menos. No creo que puedas conseguirlo a pie.
Cuando Ed dijo que iba a tardar una semana en llegar a mi destino se me rompieron los esquemas. ¿De verdad iba a tardar tanto? ¿Qué iba a pasar con Emily mientras tanto? Además, no puedo almacenar comida para una semana y después volver. Es imposible.
–¿No hay alternativas? -pregunto, desesperada.
–Allí vive un hada que puede contarte todo lo que necesites saber sobre la leyenda. No, es la única persona que la conoce a la perfección aparte de las autoridades. La gente como yo sólo ha escuchado rumores que cambian constantemente, así que prefiero no contar nada y que te lo expliquen bien. -A continuación, Ed respira hondo y vuelva a hablar-. Voy a hacer un favor muy extra contigo, pero porque creo en ti de verdad y sé que lo necesitas, ¿de acuerdo?
–De acuerdo -no tengo ni idea sobre lo que va a hacer Ed, pero tengo buenos presentimientos.
–Voy a dejarte prestado mi caballo. Tampoco es el mejor del mundo. Está un poco sucio y es muy joven todavía, pero es lo suficiente como para que puedas llegar allí en unos tres días.
–Me sigue pareciendo mucho tiempo, pero me parece estupendo. Muchísimas gracias, Ed. Gracias por ayudarme, eres la única persona en la que puedo confiar, ahora que Emily no está. Volveré lo antes posible y te daré noticias de lo ocurrido.
–Eso espero. Y recuerda, intenta evitar los caminos principales. Si puedes, ataja todo lo que puedas. Vente al anochecer y parte hacia tu destino, te será más fácil salir de aquí de noche. Suerte.
Y con esas palabras se despide, mientras lo acompañamos de gestos con las manos, a modo de despedida. Me vuelvo a poner la capucha, cojo a Diana y la meto dentro de mí. En realidad no me lo creo, he pasado de hacer deberes y exámenes a estar viviendo una aventura completamente. Es mágico, pero a la vez intrépido.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y pulsa este botón: Twittear
¿DÓNDE ESTOY?
Miro a mi alrededor. Es una casita, y pocos segundos después me doy cuenta de que estoy encima de un árbol. Inmediatamente recuerdo. Mis sueños.
¿Sigo soñando o es que he venido aquí realmente? Lo más normal y lógico, es pensar que sigo soñando. Pero sé diferenciar muy bien entre un sueño y la vida real. Hago lo típico, lo que todo el mundo ha visto en las series y películas, y me pellizco el brazo. Duele. Eso parece una mala señal, porque se supone que es real. Me examino los bolsillos y no tengo nada. Ni móvil, ni llaves, nada. No llevo el pijama con el que me acosté. Esto es realmente extraño, en mayúsculas y subrayado. Me paro un momento a recapacitar, aunque parece que el corazón se me va a salir del pecho.
Llevo un tiempo soñando cosas extrañas, pero sólo eran sueños. Ahora estoy... ¿dentro? Según todo lo que había soñado anteriormente, yo estaba "atrapada" en este mundo, pero no sabía ni por qué ni para qué. ¿Estaré atrapada de verdad?
Mi mente es un caos. No consigo tener las ideas claras. De repente, Diana, mi nueva gata, se acerca y me acaricia con el hocico. Lo siento. Lo siento de verdad, siento como la gata me acaricia, siento el olor a bosque, y cuando bajo las escaleras siento la brisa. El sentimiento es la señal de que estamos vivos, y eso no puede significar otra cosa. Estoy viva, sí. Pero no en mi mundo.
Por extraño que parezca no me entran ganas de llorar, aunque estoy muy asustada. No sé que me deparará, pero he decido tomarme esto como una historia, un cuento. Conforme a los anteriores sueños, voy a seguir. ¿Algún día tendrá que terminar, no? Y cuando termine, supongo que volveré a mi hogar. Es el esquema que me he planteado en los minutos que me he tomado para reflexionar.
Lo primero es que Emily había desaparecido. Lo más seguro es que se la hayan llevado, porque no creo que haya conseguido escapar. Iré a consultar a Ed, ya que por lo que sé, es un buen amigo. Es una sensación extraña. Soy Gwendolyd, la chica de ciudad. Pero a la misma vez soy la de aquí, la de Aurum. La que se había acostumbrado a cazar animales e incluso creó su propia guarida. Siento como dos personalidades dentro de mí, y no consigo acostumbrarme.
Me da miedo que Diana se escape, así que no la saco de la casa. Si camino un par de minutos llegaré a un pequeño río que pasa, así que ahí podré lavarme la cara, manos y pies por lo menos. Llego y me aseo, a la vez que me quejo de lo fría que está el agua, aunque no estoy para quejarme en estos momentos. También tengo hambre, así que cuando llegue a la casa, me comeré la manzana que tenía guardada, antes de que se estropee.
Termino mi estancia en el río, y vuelvo junto a mi nueva gata antes de que intente escaparse. Una vez en la casita, busco la manzana en la mochila, y mientras le doy un mordisco bebo un poco de agua. Pienso también en lo sedienta y hambrienta que estará Diana, así que le doy agua en la tapa de un bote y cuando me termino la manzana, salgo a recolectar algunas frutas.
Lo mejor de esto, es que aunque nunca he cogido frutas de un bosque, mi yo de aquí sabe dónde encontrarlas. Si ando un poco me toparé con un campo en el que hay manzanos, naranjos y demás árboles. Como no puedo pelar las naranjas, supongo que cogeré manzanas. La tarea más complicada es conseguir que no me pillen. Si me ven robando comida, seguramente me matarán, o eso supongo. Así que me ando con mucha cautileza y me adentro en el pequeño campo. No hay nadie a la vista, aunque será mejor que me de prisa. Traigo la mochila preparada, abierta. Cogeré unas cinco manzanas y me largaré, no quiero más problemas.
El plan sale tal cual lo planeado, así que me marcho contenta pensando en lo contenta que se pondrá mi gata cuando le de algo de comer. Mientras tanto canto una canción, que no viene a cuento, pero se me ha venido a la cabeza y me entran ganas de cantarla.
You and I walk a fragile line,
I have know it all this time
but I never thought I'd live to see it break...
Haunted de Taylor Swift me gusta, y sobretodo en esta situación. Paseando por el bosque, donde no hace ni frío ni calor. Donde nadie te molesta con sus quejas o reclamaciones y donde sólo tienen la palabra los pajarillos y las hojas. Donde el ulular de los búhos te atrapa por la noche y la ausencia total de presencia humana se desvanece por completo. Se siente bien.
Mientras ando sigo pensando en todo esto. Es que sólo llevo una media hora "encerrada" de verdad aquí y me estoy acostumbrando. Como si la de los sueños fuera yo intercambiando los mundos. Sigo teniendo hambre así que cojo una de las manzanas y también me la como. Tendré que volver más por allí porque tienen unas frutas muy buenas, aunque siempre se corre un gran riesgo. Tengo que darme prisa, darle de comer a Diana e ir a ver a Ed. Necesito centrarme más y saber por qué y para qué estoy aquí. Para ello aligero el paso y llego a mi destino.
Otra vez me sorprendo. La gata no se ha movido, sólo que en vez de estar en la pequeña cama, está en la mesa. Es realmente buena y obediente para haberla sacado de la calle. Cojo una de las manzanas y la parto lo mejor que puedo con las manos, ya que no tengo ni cuchillo ni objetos punzantes. Aunque me lleno todas las manos, Diana se acerca enseguida y comienza a devorar el sabroso bocado. Está muy delgada, ojalá consiga recuperar su cuerpo original. Al terminar no se vuelve a tumbar y explora la pequeña casita, pero no tenemos tiempo. Me cuelgo la mochila y dejo la manta ahí, espero volver y pasar aquí más tiempo hasta solucionarlo todo, aunque si me ocurre algo por el camino me despido del lugar y con Diana a cuestas bajo las escaleras y me dirijo a casa de Ed. Es casi la hora de comer, espero encontrármelo en la carpintería y poder hablar con él. Recuerdo que tenía que pasar desapercibida así que me pongo el gorro y escondo a mi gata dentro de la chaqueta cuando llego a la ciudad. Todo el mundo sigue igual de raro que en el último sueño. ¿Pero qué habrá ocurrido? ¿Tendrá algo que ver conmigo? Sigo mi camino y por fin llego a la carpintería de Ed, donde está a punto de cerrar. El hombre no me saluda, simplemente deja su trabajo cuando me ve y me hace un gesto con el cual lo sigo hasta un pequeño almacén que tiene con madera, allí podremos hablar mejor y en privado. Suelto a Diana. Entonces, él empieza a hablar:
–¿Qué haces aquí, Gwen?
–Necesito que me ayudes, aunque tú creas que soy huérfana no lo soy. Vine a este mundo, sí, pero ahora creo que todo ha cambiado. La de antes no era yo, ¿sabes? Era mi yo en mis sueños. Ahora... Soy Gwendolyd de verdad, y me estoy asustando.
Él se queda sin palabras. Me mira con expresión de preocupación y sentimiento de culpa. ¿Sabría él algo? Enseguida, me lo confirma:
–Ya, ya lo sé -está muy frío, como si no le gustara hablar de este tema.
–Y... ¿Por qué? Estoy muy confusa y preocupada. ¿Podré volver a mi mundo real? Me gustaba este lugar, pero sólo en sueños.
–A ver. Yo no sé más que leyendas. Para responder a todas tus preguntas lo mejor es entregarte a las autoridades o...
–¿Entregarme? ¿No dijiste que me podrían matar?
–Más o menos. ¡Quieres escucharme! -De repente se da cuenta de que ha sonado demasiado borde, así que para compensarlo me da una palmada en el hombro y una sonrisa-. Conozco a alguien que podría ayudarte. Pero tendrás que viajar bastante.
–Me da igual lo que tenga que hacer, mientras pueda conseguir todas las respuestas. Además, Emily ha desaparecido.
–Tendrás que ir hasta Azelled, ¿recuerdas dónde es?
–Donde viven los duendes, hadas y elfos. Lo recuerdo.
–Bien. No es la ciudad que te pilla más lejos, pero a pie tardarás una semana, más o menos. No creo que puedas conseguirlo a pie.
Cuando Ed dijo que iba a tardar una semana en llegar a mi destino se me rompieron los esquemas. ¿De verdad iba a tardar tanto? ¿Qué iba a pasar con Emily mientras tanto? Además, no puedo almacenar comida para una semana y después volver. Es imposible.
–¿No hay alternativas? -pregunto, desesperada.
–Allí vive un hada que puede contarte todo lo que necesites saber sobre la leyenda. No, es la única persona que la conoce a la perfección aparte de las autoridades. La gente como yo sólo ha escuchado rumores que cambian constantemente, así que prefiero no contar nada y que te lo expliquen bien. -A continuación, Ed respira hondo y vuelva a hablar-. Voy a hacer un favor muy extra contigo, pero porque creo en ti de verdad y sé que lo necesitas, ¿de acuerdo?
–De acuerdo -no tengo ni idea sobre lo que va a hacer Ed, pero tengo buenos presentimientos.
–Voy a dejarte prestado mi caballo. Tampoco es el mejor del mundo. Está un poco sucio y es muy joven todavía, pero es lo suficiente como para que puedas llegar allí en unos tres días.
–Me sigue pareciendo mucho tiempo, pero me parece estupendo. Muchísimas gracias, Ed. Gracias por ayudarme, eres la única persona en la que puedo confiar, ahora que Emily no está. Volveré lo antes posible y te daré noticias de lo ocurrido.
–Eso espero. Y recuerda, intenta evitar los caminos principales. Si puedes, ataja todo lo que puedas. Vente al anochecer y parte hacia tu destino, te será más fácil salir de aquí de noche. Suerte.
Y con esas palabras se despide, mientras lo acompañamos de gestos con las manos, a modo de despedida. Me vuelvo a poner la capucha, cojo a Diana y la meto dentro de mí. En realidad no me lo creo, he pasado de hacer deberes y exámenes a estar viviendo una aventura completamente. Es mágico, pero a la vez intrépido.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y pulsa este botón: Twittear
martes, 4 de junio de 2013
Bad Day.
Esta entrada se la dedico a una canción. No sé si es sólo mi situación o a alguno de vosotros os ha pasado también, pero os cuento un poco.
Estas en tu casa, en el coche, o en alguna fiesta, donde sea. De repente suena una canción. Te gusta. Pero no haces más que escucharla y apenarte cuando se termina. Dentro de x tiempo, la vuelves a escuchar. Entonces la recuerdas, e intentas retener el nombre, el artista o las dos cosas en tu mente, para buscarla más adelante. El caso, es que se te olvida, y así te pasas otra vez x tiempo.
Pero ahora viene el cambio. Un día cualquiera estás en tu casa, aburrido, o estudiando, o trabajando, o haciendo cualquier tarea, y de repente la recuerdas. Es ésa canción. La cual te encantan tanto.
No sé si estoy un poco loca, o es que la canción me ha enamorado. Porque el ser humano es así de sensible. Pero me gustaría dejaros la canción, y explicaros un poco de qué va, y por qué me gusta tanto.
Se llama Bad Day, la verdad es que nunca he escuchado hablar sobre este artista. La escuché una vez en MTV y ahora se ha convertido en una de mis canciones favoritas. Según sé, Daniel escribió esta canción que traducida significa "mal día", porque estaba en un período de desintoxicación del alcohol, ya que era alcohólico. Cuenta como se pasa cuando estás mal, y por lo menos ahora me siento algo identificada, aunque yo no esté metida en drogas (aquí vendría un equisdé pero quedaría mal así que no lo pongo).
You're faking a smile with the coffe you go (Finges una sonrisa mientras llevas el café)
You tell me your life's been way off line (Dices que tu vida se ha salido de la línea)
You're falling to pieces every time. (Te rompes en pedazos todo el tiempo)
Creo que todo el mundo se ha sentido así alguna vez. Fingiendo para que no sospechen, sintiéndose perdido y roto todo el rato. Por eso me encanta esta canción, habla de la realidad. De como son las cosas cuando lo pasas mal.
Pero sobre todo la canción tiene la magia, de que aunque sea una canción triste, animarte si tienes un mal día.
Así que bueno, dejo ya de escribir esto, escuchad la canción y juzgar vosotros mismos, si me dejarais algún comentario con vuestra opinión me encantaría.
Estas en tu casa, en el coche, o en alguna fiesta, donde sea. De repente suena una canción. Te gusta. Pero no haces más que escucharla y apenarte cuando se termina. Dentro de x tiempo, la vuelves a escuchar. Entonces la recuerdas, e intentas retener el nombre, el artista o las dos cosas en tu mente, para buscarla más adelante. El caso, es que se te olvida, y así te pasas otra vez x tiempo.
Pero ahora viene el cambio. Un día cualquiera estás en tu casa, aburrido, o estudiando, o trabajando, o haciendo cualquier tarea, y de repente la recuerdas. Es ésa canción. La cual te encantan tanto.
No sé si estoy un poco loca, o es que la canción me ha enamorado. Porque el ser humano es así de sensible. Pero me gustaría dejaros la canción, y explicaros un poco de qué va, y por qué me gusta tanto.
Se llama Bad Day, la verdad es que nunca he escuchado hablar sobre este artista. La escuché una vez en MTV y ahora se ha convertido en una de mis canciones favoritas. Según sé, Daniel escribió esta canción que traducida significa "mal día", porque estaba en un período de desintoxicación del alcohol, ya que era alcohólico. Cuenta como se pasa cuando estás mal, y por lo menos ahora me siento algo identificada, aunque yo no esté metida en drogas (aquí vendría un equisdé pero quedaría mal así que no lo pongo).
You're faking a smile with the coffe you go (Finges una sonrisa mientras llevas el café)
You tell me your life's been way off line (Dices que tu vida se ha salido de la línea)
You're falling to pieces every time. (Te rompes en pedazos todo el tiempo)
Creo que todo el mundo se ha sentido así alguna vez. Fingiendo para que no sospechen, sintiéndose perdido y roto todo el rato. Por eso me encanta esta canción, habla de la realidad. De como son las cosas cuando lo pasas mal.
Pero sobre todo la canción tiene la magia, de que aunque sea una canción triste, animarte si tienes un mal día.
Así que bueno, dejo ya de escribir esto, escuchad la canción y juzgar vosotros mismos, si me dejarais algún comentario con vuestra opinión me encantaría.
sábado, 1 de junio de 2013
Capítulo 9.
Abro la puerta fuerte, y grito el nombre de Emily. Nadie contesta. La vuelvo a llamar, pero no hay respuesta. Está todo revuelto, nos han quitado nuestras reservas de comida y mi arco. Todo lo que necesitábamos para vivir. Sólo me quedan los cuchillos, que los llevo en la mochila. Sigo gritando, desesperada, a mi amiga. Pero he de aceptar que no está aquí. ¿Quién ha podido venir y llevársela? ¿Para qué? ¿Por qué?
Me siento en la cama, frustrada. De repente se me saltan un poco las lágrimas, pero enseguida me las seco y respiro con tranquilidad. No puedo rendirme ahora, quedarme aquí llorando no serviría para nada. Es más, sea quién sea quién ha venido, ya sabe donde venir. Vendrán a por mí, quizás vinieron a por mí y yo no estaba, aunque Emily también tiene razones para ser buscada.
Debo salir de aquí. Ya es de noche, así que no puedo hablar con nadie. Hace tiempo que no veo a Ed, porque hace poco tuvo a su cuarto hijo, y casi no da abasto. Al final decido irme otra vez a la casa en el árbol, aunque llegaré bastante tarde, es más seguro que quedarme aquí, pasaré la noche y mañana pensaré en algún plan para saber lo ocurrido y recuperar a Emily. Así que rápidamente, rebusco entre las pocas cosas que han dejado, cojo una manta y un arco que tenía guardado bajo unas tablas. No han dejado nada más, ni siquiera una bombona enana que teníamos para cocinar fuera de casa, lo han saqueado todo.
Salgo del refugio, no sin antes echarle una última mirada, porque sabía que tenía muchas probabilidades de que esta fuera la última vez que salgo por esa puerta. Camino por las calles, es de noche y hace frío, aunque es soportable. Entonces, algo me llama la atención. En una esquina, hay un gato maullando. No tiene ni dos cabezas o colas, ni es fluorescente o tiene un tacto raro. Es un gato simple, gris con rayas medio negras, como los que hay en mi mundo. Tiene unos ojazos verdes, y al acercarme a él no se espanta. Parece que lleva días sin comer, y que ha sido maltratado. Decido llevármelo, y que me haga compañía. Tampoco es muy grande, y por sorprendente que parezca no se queja nada al cogerlo en brazos. Es más, cierra los ojos poco a poco y se va quedando dormido. Me parece increíble. Llego al bosque, y entonces es cuando llega el verdadero reto. Si andando rápido entre los árboles, llego en media hora a la casita, teniendo cuidado y más con el gato en brazos, tardaré una hora como mínimo.
Con paciencia y prestando mucha atención, en una hora y pocos minutos consigo llegar a mi antiguo escondite, el cual habrá que reformar un poco porque parece que pasaré aquí algo más que una noche. Una vez llego a la casita, busco por los alrededores y lo encuentro: Velas. Me acuerdo que le pregunté a Ed si aquí había electricidad, y me dijo que sí. Por lo que era obvio que existían mecheros, así que compré uno que tampoco usé en abundancia después de abandonar este lugar. Pero aquí, por las noches, me servía de mucho, porque no hay corriente eléctrica.
Enciendo un par de velas y miro con más atención al gato que he recogido. Corrijo, gata. En algunas partes le falta pelo, a causa de quemaduras o dios sabe el qué. Está muy sucia, pero a pesar de todo no cojea, tiene los dos ojos y no parece tener nada grave, simplemente una vida desafortunada, como Emily y yo. Le limpio lo que puedo con las manos, y como no puedo lavarlo con agua, espero que al estar en un entorno más cuidado deje de acumular suciedad y en unos días parezca una gata normal. Supongo que tendrá hambre así que rebusco un poco en mi mochila, y saco una botella de agua, una manzana, algunas almendras y, como si el destino hubiera querido ser bueno conmigo después de lo de Emily, encuentro un bote con un poco de leche. A lo mejor Emily la consiguió en algún sitio y la metió en mi mochila para darme una sorpresa, aunque es verdad que no he abierto la mochila en toda la tarde, por lo que yo también tengo hambre. Decido comerme las almendras y darle a mi gata el poco de leche que tenía, poniéndolo en la tapa del bote, la cual es bastante grande.
Tengo que ponerle un nombre. La verdad es que no sé muy bien cual escoger porque ahora mismo mi cuerpo no da abasto para más, entre lo de Emily y la pérdida de mi casa... Esta pobre gata es lo único bueno que me ha pasado. Sin pensarlo mucho la empezaré a llamar por el nombre de Diana, en honor a mi mejor amiga, a la cual hecho tantísimo de menos.
Lo terminamos todo y decido dormir, a lo mejor mañana tengo las ideas más claras, aunque no puedo dormirme en los laureles. Haré todo lo que esté en mi mano para proteger a Emily, sólo tiene catorce años. Aunque ya es bastante mayor y yo ni siquiera alcanzo la mayoría de edad, yo he tenido siempre más mano dura que ella, y por lo tanto sobrevivo mucho mejor que ella. Qué le abran hecho... A lo mejor la han abandonado en el bosque, porque aquellos eran unos simples ladrones que querían robarnos y pasaban de ella. En el mejor de los casos, ella escuchó algún ruido extraño en la puerta, y escapó por la ventana, porque estaba rota, y saltando entre los tejados logró huir, aunque ahora estará sola y desamparada por alguna calle mugrienta. Ojalá me la hubiera traído hoy al bosque, ojalá se hubiera venido, o yo me hubiera quedado allí. No salimos apenas de allí, sólo yo para cazar, llevaba la semana entera sin venir al bosque más que para cazar, y justo el día que salgo... Me siento demasiado culpable por lo ocurrido, aunque no es del todo culpa mía, los remordimientos me comen por dentro. En un ataque de rabia, apago las velas de un soplido, y de repente todo se vuelve oscuro. Busco a tientas la mochila, y de ella saco la manta que me he traído. Me acurruco como puedo en el colchón de hojas y en menos de cinco segundos, Diana me sigue. Se hace una bola, y esconde su cabeza en mi cuello. Ronronea, y eso me hace sentir bien. Sentir que todavía queda esperanza, y que no tiene un mal final. Que si lucho por lo que quiero, al final recibiré una recompensa. Y que aunque se me oponga todo el mundo, y me propongan las pruebas más difíciles del universo, volveré a estar con Emily. Ahora mismo, salir de aquí ha dejado de ser mi mayor preocupación y la he sustituido por otra: Encontrar a mi amiga.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y pulsa este botón: Twittear
Me siento en la cama, frustrada. De repente se me saltan un poco las lágrimas, pero enseguida me las seco y respiro con tranquilidad. No puedo rendirme ahora, quedarme aquí llorando no serviría para nada. Es más, sea quién sea quién ha venido, ya sabe donde venir. Vendrán a por mí, quizás vinieron a por mí y yo no estaba, aunque Emily también tiene razones para ser buscada.
Debo salir de aquí. Ya es de noche, así que no puedo hablar con nadie. Hace tiempo que no veo a Ed, porque hace poco tuvo a su cuarto hijo, y casi no da abasto. Al final decido irme otra vez a la casa en el árbol, aunque llegaré bastante tarde, es más seguro que quedarme aquí, pasaré la noche y mañana pensaré en algún plan para saber lo ocurrido y recuperar a Emily. Así que rápidamente, rebusco entre las pocas cosas que han dejado, cojo una manta y un arco que tenía guardado bajo unas tablas. No han dejado nada más, ni siquiera una bombona enana que teníamos para cocinar fuera de casa, lo han saqueado todo.
Salgo del refugio, no sin antes echarle una última mirada, porque sabía que tenía muchas probabilidades de que esta fuera la última vez que salgo por esa puerta. Camino por las calles, es de noche y hace frío, aunque es soportable. Entonces, algo me llama la atención. En una esquina, hay un gato maullando. No tiene ni dos cabezas o colas, ni es fluorescente o tiene un tacto raro. Es un gato simple, gris con rayas medio negras, como los que hay en mi mundo. Tiene unos ojazos verdes, y al acercarme a él no se espanta. Parece que lleva días sin comer, y que ha sido maltratado. Decido llevármelo, y que me haga compañía. Tampoco es muy grande, y por sorprendente que parezca no se queja nada al cogerlo en brazos. Es más, cierra los ojos poco a poco y se va quedando dormido. Me parece increíble. Llego al bosque, y entonces es cuando llega el verdadero reto. Si andando rápido entre los árboles, llego en media hora a la casita, teniendo cuidado y más con el gato en brazos, tardaré una hora como mínimo.
Con paciencia y prestando mucha atención, en una hora y pocos minutos consigo llegar a mi antiguo escondite, el cual habrá que reformar un poco porque parece que pasaré aquí algo más que una noche. Una vez llego a la casita, busco por los alrededores y lo encuentro: Velas. Me acuerdo que le pregunté a Ed si aquí había electricidad, y me dijo que sí. Por lo que era obvio que existían mecheros, así que compré uno que tampoco usé en abundancia después de abandonar este lugar. Pero aquí, por las noches, me servía de mucho, porque no hay corriente eléctrica.
Enciendo un par de velas y miro con más atención al gato que he recogido. Corrijo, gata. En algunas partes le falta pelo, a causa de quemaduras o dios sabe el qué. Está muy sucia, pero a pesar de todo no cojea, tiene los dos ojos y no parece tener nada grave, simplemente una vida desafortunada, como Emily y yo. Le limpio lo que puedo con las manos, y como no puedo lavarlo con agua, espero que al estar en un entorno más cuidado deje de acumular suciedad y en unos días parezca una gata normal. Supongo que tendrá hambre así que rebusco un poco en mi mochila, y saco una botella de agua, una manzana, algunas almendras y, como si el destino hubiera querido ser bueno conmigo después de lo de Emily, encuentro un bote con un poco de leche. A lo mejor Emily la consiguió en algún sitio y la metió en mi mochila para darme una sorpresa, aunque es verdad que no he abierto la mochila en toda la tarde, por lo que yo también tengo hambre. Decido comerme las almendras y darle a mi gata el poco de leche que tenía, poniéndolo en la tapa del bote, la cual es bastante grande.
Tengo que ponerle un nombre. La verdad es que no sé muy bien cual escoger porque ahora mismo mi cuerpo no da abasto para más, entre lo de Emily y la pérdida de mi casa... Esta pobre gata es lo único bueno que me ha pasado. Sin pensarlo mucho la empezaré a llamar por el nombre de Diana, en honor a mi mejor amiga, a la cual hecho tantísimo de menos.
Lo terminamos todo y decido dormir, a lo mejor mañana tengo las ideas más claras, aunque no puedo dormirme en los laureles. Haré todo lo que esté en mi mano para proteger a Emily, sólo tiene catorce años. Aunque ya es bastante mayor y yo ni siquiera alcanzo la mayoría de edad, yo he tenido siempre más mano dura que ella, y por lo tanto sobrevivo mucho mejor que ella. Qué le abran hecho... A lo mejor la han abandonado en el bosque, porque aquellos eran unos simples ladrones que querían robarnos y pasaban de ella. En el mejor de los casos, ella escuchó algún ruido extraño en la puerta, y escapó por la ventana, porque estaba rota, y saltando entre los tejados logró huir, aunque ahora estará sola y desamparada por alguna calle mugrienta. Ojalá me la hubiera traído hoy al bosque, ojalá se hubiera venido, o yo me hubiera quedado allí. No salimos apenas de allí, sólo yo para cazar, llevaba la semana entera sin venir al bosque más que para cazar, y justo el día que salgo... Me siento demasiado culpable por lo ocurrido, aunque no es del todo culpa mía, los remordimientos me comen por dentro. En un ataque de rabia, apago las velas de un soplido, y de repente todo se vuelve oscuro. Busco a tientas la mochila, y de ella saco la manta que me he traído. Me acurruco como puedo en el colchón de hojas y en menos de cinco segundos, Diana me sigue. Se hace una bola, y esconde su cabeza en mi cuello. Ronronea, y eso me hace sentir bien. Sentir que todavía queda esperanza, y que no tiene un mal final. Que si lucho por lo que quiero, al final recibiré una recompensa. Y que aunque se me oponga todo el mundo, y me propongan las pruebas más difíciles del universo, volveré a estar con Emily. Ahora mismo, salir de aquí ha dejado de ser mi mayor preocupación y la he sustituido por otra: Encontrar a mi amiga.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y pulsa este botón: Twittear
Capítulo 8.
Intento pasar lo más desapercibida posible mientras voy de camino al bosque. Tal vez taparme con capucha y andar cabizbaja no sea la mejor manera de hacerlo, pero así por lo menos no me reconocen, aunque se me lancen muchas miradas. Ando lo más rápido que puedo, y cuando por fin salgo de la ciudad y el camino se hace más arenoso, me quito la capucha y ando más relajada.
Hoy hace un poco de sol, pero lo más seguro es que luego haga un poco de más frío, he incluso que llueva. Aquí la primavera es más que lluviosa, pero todo lo recompensará con un verano fresco y con toda la fauna vegetal más que viva. Prosigo mi camino durante bastantes minutos, observando cada flor, árbol y pequeño animal que se me aproxime, pero sin dejar de andar. Necesito llegar cuanto antes a mi destino porque le prometí a Emily que llegaría pronto.
En una media hora, he llegado a donde quería. Es una pequeña pero acogedora casa en el árbol, que construí cuando me vine aquí y no tenía hogar. Luego descubrí aquél refugio abandonado, que estaba mucho mejor puesto que aquí había muchas goteras y aparte podía ser descubierta antes, aunque estuviera en la parte más remota del bosque, donde creo que nadie ha venido mas que yo en bastante tiempo. Subo unas escaleras que construí aunque ya están siendo devoradas por la verdina y llego a la casa.
Vaya, cuánto tiempo hace que no vengo por aquí. La verdad es que está todo muy descuidado, aunque nunca lo tuve todo especialmente ordenado. Hay algunas bichos y bastantes hojas y florecillas. Aunque todo lo compensa los finos rayos de luz que entran por el tejado, iluminan el lugar de una forma tan mágica que parece irreal. Como sacado de un cuento, de una historia de fantasía. En realidad, estar aquí tiene sus ventajas, aunque dejo de pensar en eso y decido simplemente tumbarme en una especie de cama que hice, con algunas tablas de madera, una sábana y hojas secas.
Ahí tumbada, empiezo a recordar. Recuerdo cuando me sentía perdida y sin saber qué hacer, aunque rápidamente me puse manos a la obra, porque sabía que tenía que sobrevivir. Sabía que tenía que tener algún techo sobre el que protegerme, así que decidí hacerme una casa en un árbol, como había leído y escuchado tantas veces. No pensé que me fuera a salir, pero no tenía otra alternativa, crearía aquella casita y luego buscaría otro refugio más eficaz. Recuerdo que descubrí Valor y robé mucha madera del carpintero local, el cual se enfadó bastante, aunque un día me descubrió y, al contarle mi historia, accedió a mantenerlo todo en secreto a cambio de que le llevara algo de carne todas las semanas, y eso hago todos los domingos. También robé una gran sábana blanca de casa de la señorita Marie, a la cual le he asaltado varias veces, y dentro de nada lo volveré a hacer, esta vez acompañada de Emily. Por último, Ed, el carpintero me dejó los clavos suficientes para terminar mi trabajo, y con algunas cuerdas y troncos abandonados que encontré, reforcé la casa, hice la escalera y le puse unos pilares. Quedó un poco chapuza, pero al menos tenía donde pasar la noche. Los primeros días, Ed me enseñó cómo utilizar el arco y los puñales contra los animales, al principio no fue fácil porque nunca había matado a nadie más que a las moscas y mosquitos, pero cuando el hambre empezó a apretarme y me di cuenta de que robar a la panadera era demasiado arriesgado, y que además tenía que cazarle semanalmente a Ed, me di por vencida y decidí ver la realidad de una vez.
He de decir que desde que llegué a Aurum me he vuelto una persona muchísimo menos sedentaria. Antes me llevaba todo el día sentada frente al ordenador y sólo andaba para ir al instituto y el club de lectura. Ahora las cosas han cambiado muy drásticamente. Mi manera de vivir y actuar me recuerda un poco a una trilogía que leí hace tiempo, Los Juegos Del Hambre. Katniss tenía que cazar para sobrevivir y no tenía muchos lujos, que digamos. Aunque bueno, ella era así desde pequeña, se crió ahí, yo no. Yo vengo de un mundo automatizado en el que hay una política y un "chiringuito" montado, aquí no. Prácticamente no he salido de Valor y sus alrededores, pero Ed me ha contado un poco la historia de este lugar.
Me explicó por encima cómo se formó este sitio, y luego me explicó un poco sobre sus regiones. Me contó que en este pequeño planeta había dos tierras separadas. Me dijo que, para que nos entendiéramos, estaban los buenos y los malos, aunque nosotros estábamos dentro de los buenos y a veces nos trataban como a ratas. El territorio que ocupan los "malos" se llama Red Heaven, y no se sabe mucho de él. Sólo que allí habitan los vampiros, criaturas muy sobrenaturales, monstruos espeluznantes y humanos con un diferente "cableado" en el cerebro. Me los describió como personas que piensan que sólo piensan en la destrucción, como si fueran robots sin sentimientos. Estas dos tierras, Red Heaven y Aurum están desde tiempos inmemoriables en guerra por distintas razones, aunque ya es algo tradicional. Red Heaven posee menos terreno, bastante menos, aunque está formado simplemente por la gran ciudad y lo demás, es un desierto donde nunca sale el sol. Más bien, en todo Red Heaven, como su propio nombre indica, el cielo está casi siempre en rojo, o en alguno de esos tonos. Aurum sin embargo es diferente. A primera vista, se parece a mi planeta, la Tierra. (Por cierto, Ed no se creía mucho lo de que yo venía de otro planeta, pero cuenta con que soy una niña huérfana y, como si me atrapan me explotarán, por eso guarda mi secreto). Pero Aurum es mucho más que tierra con un clima. Viven criaturas fantásticas. En Valor viven los llamados humanos, como él y como yo. Pero también hay muchos estados diferentes, donde reinan otro tipo de seres mágicos. Para empezar está la ciudad principal, Allerim. Allí no viven muchas personas, solo los que controlan la política y demás quehaceres que tiene el gobernar. A parte también viven algunas familias con dinero, pero muy pocas. Es más un lugar para comerciar o ir a celebrar algo. Donde viven los humanos, Valor. Se ganan la vida con tareas como la carpintería, el suministro de comida... etc. Si cruzamos hacia la derecha todo el bosque (aunque hay caminos principales, pero hay que pagar un importe por pasar por ellos) llegamos a Azelleb. Allí viven seres tan diminutos como los duendes y las hadas, y en otra parte del lugar viven también los elfos. Ellos hacen perfumes, cremas... También tienen una repostería especial, aunque de todo esto más bien se encargan los duendes. Las hadas suelen vivir por su cuenta, aunque a veces, ayudan un poco con su magia, que tampoco es mucha. Los elfos son famosos por su agilidad, así que algunos se dedicaban al espectáculo, otros cazaban para los que no podían o también ganaban dinero a cambio de sus poderes mágicos. Un poco más al norte, nos encontramos con Azubari, la ciudad del agua. Allí vivían algunas sirenas y los demás son seres más extraños, que Ed no me supo definir. Suelen tener una cara corriente, aunque toda su piel es azul, y son más bajos, resbaladizos y nadadores que los humanos. Viven del turismo y de la pesca. Fuera del continente pero dentro de Aurum se encuentra Ignis, la ciudad del fuego. Son unos seres extraordinarios que suelen tener alguna llama de fuego en la cola y los que tienen más suerte, en la cabeza a modo de pelo. Son inmunes a esta materia y si aprenden la habilidad, pueden hacer que su propio fuego no le haga daño a las personas que él desee. Son muy autosuficientes. Entre Azubari y Azelleb hay un prado muy extenso en el que hay algunas casas, pero muy salteadas. Si seguimos avanzando, nos encontramos con Whinder y Torrem. Whinder es la ciudad de hielo, donde viven seres helados muy independientes y Torrem es donde viven los hombres piedra. Aquí viven sobre todo de las grandes cuevas y minas que hay, de donde sacan piedras preciosas o materiales como el carbón.
De repente despierto. Estaba soñando, pero no estaba dormida. Sólo soñaba despierta, es algo que suelo hacer. Me doy cuenta de que los finos rayos de luz ya no se filtran por el tejado de la casita, así que aunque no llevo reloj sé que es tarde, y que a lo mejor no llego a la hora prometida a casa de Emily. Bajo enseguida del lugar, y me prometo a mí misma volver más a menudo. Camino rápido por todo el bosque, porque orientarse por aquí cuando ha oscurecido del todo es muy difícil. Al final consigo salir antes de que anochezca, y si me doy todavía más prisa, a lo mejor consigo llegar al refugio antes de que sea de noche del todo. No hay casi nadie en las calles. Aunque no suele haberla a esta hora, hoy hay menos de lo normal, me parece extraño. Estoy exhausta, pero tengo que seguir hasta mi destino, Emily se pone nerviosa muy pronto, y se cree que la voy a abandonar, aunque hasta ella misma sabe que no sería capaz de algo así. Por fin diviso mi escondite y subo las escaleras a toda prisa, pero cuando llego a la puerta algo me detiene en seco. El corazón se me acelera y por unos instantes se me olvida hasta respirar.
La cerradura está forzada.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y dale a este botón: Twittear
Hoy hace un poco de sol, pero lo más seguro es que luego haga un poco de más frío, he incluso que llueva. Aquí la primavera es más que lluviosa, pero todo lo recompensará con un verano fresco y con toda la fauna vegetal más que viva. Prosigo mi camino durante bastantes minutos, observando cada flor, árbol y pequeño animal que se me aproxime, pero sin dejar de andar. Necesito llegar cuanto antes a mi destino porque le prometí a Emily que llegaría pronto.
En una media hora, he llegado a donde quería. Es una pequeña pero acogedora casa en el árbol, que construí cuando me vine aquí y no tenía hogar. Luego descubrí aquél refugio abandonado, que estaba mucho mejor puesto que aquí había muchas goteras y aparte podía ser descubierta antes, aunque estuviera en la parte más remota del bosque, donde creo que nadie ha venido mas que yo en bastante tiempo. Subo unas escaleras que construí aunque ya están siendo devoradas por la verdina y llego a la casa.
Vaya, cuánto tiempo hace que no vengo por aquí. La verdad es que está todo muy descuidado, aunque nunca lo tuve todo especialmente ordenado. Hay algunas bichos y bastantes hojas y florecillas. Aunque todo lo compensa los finos rayos de luz que entran por el tejado, iluminan el lugar de una forma tan mágica que parece irreal. Como sacado de un cuento, de una historia de fantasía. En realidad, estar aquí tiene sus ventajas, aunque dejo de pensar en eso y decido simplemente tumbarme en una especie de cama que hice, con algunas tablas de madera, una sábana y hojas secas.
Ahí tumbada, empiezo a recordar. Recuerdo cuando me sentía perdida y sin saber qué hacer, aunque rápidamente me puse manos a la obra, porque sabía que tenía que sobrevivir. Sabía que tenía que tener algún techo sobre el que protegerme, así que decidí hacerme una casa en un árbol, como había leído y escuchado tantas veces. No pensé que me fuera a salir, pero no tenía otra alternativa, crearía aquella casita y luego buscaría otro refugio más eficaz. Recuerdo que descubrí Valor y robé mucha madera del carpintero local, el cual se enfadó bastante, aunque un día me descubrió y, al contarle mi historia, accedió a mantenerlo todo en secreto a cambio de que le llevara algo de carne todas las semanas, y eso hago todos los domingos. También robé una gran sábana blanca de casa de la señorita Marie, a la cual le he asaltado varias veces, y dentro de nada lo volveré a hacer, esta vez acompañada de Emily. Por último, Ed, el carpintero me dejó los clavos suficientes para terminar mi trabajo, y con algunas cuerdas y troncos abandonados que encontré, reforcé la casa, hice la escalera y le puse unos pilares. Quedó un poco chapuza, pero al menos tenía donde pasar la noche. Los primeros días, Ed me enseñó cómo utilizar el arco y los puñales contra los animales, al principio no fue fácil porque nunca había matado a nadie más que a las moscas y mosquitos, pero cuando el hambre empezó a apretarme y me di cuenta de que robar a la panadera era demasiado arriesgado, y que además tenía que cazarle semanalmente a Ed, me di por vencida y decidí ver la realidad de una vez.
He de decir que desde que llegué a Aurum me he vuelto una persona muchísimo menos sedentaria. Antes me llevaba todo el día sentada frente al ordenador y sólo andaba para ir al instituto y el club de lectura. Ahora las cosas han cambiado muy drásticamente. Mi manera de vivir y actuar me recuerda un poco a una trilogía que leí hace tiempo, Los Juegos Del Hambre. Katniss tenía que cazar para sobrevivir y no tenía muchos lujos, que digamos. Aunque bueno, ella era así desde pequeña, se crió ahí, yo no. Yo vengo de un mundo automatizado en el que hay una política y un "chiringuito" montado, aquí no. Prácticamente no he salido de Valor y sus alrededores, pero Ed me ha contado un poco la historia de este lugar.
Me explicó por encima cómo se formó este sitio, y luego me explicó un poco sobre sus regiones. Me contó que en este pequeño planeta había dos tierras separadas. Me dijo que, para que nos entendiéramos, estaban los buenos y los malos, aunque nosotros estábamos dentro de los buenos y a veces nos trataban como a ratas. El territorio que ocupan los "malos" se llama Red Heaven, y no se sabe mucho de él. Sólo que allí habitan los vampiros, criaturas muy sobrenaturales, monstruos espeluznantes y humanos con un diferente "cableado" en el cerebro. Me los describió como personas que piensan que sólo piensan en la destrucción, como si fueran robots sin sentimientos. Estas dos tierras, Red Heaven y Aurum están desde tiempos inmemoriables en guerra por distintas razones, aunque ya es algo tradicional. Red Heaven posee menos terreno, bastante menos, aunque está formado simplemente por la gran ciudad y lo demás, es un desierto donde nunca sale el sol. Más bien, en todo Red Heaven, como su propio nombre indica, el cielo está casi siempre en rojo, o en alguno de esos tonos. Aurum sin embargo es diferente. A primera vista, se parece a mi planeta, la Tierra. (Por cierto, Ed no se creía mucho lo de que yo venía de otro planeta, pero cuenta con que soy una niña huérfana y, como si me atrapan me explotarán, por eso guarda mi secreto). Pero Aurum es mucho más que tierra con un clima. Viven criaturas fantásticas. En Valor viven los llamados humanos, como él y como yo. Pero también hay muchos estados diferentes, donde reinan otro tipo de seres mágicos. Para empezar está la ciudad principal, Allerim. Allí no viven muchas personas, solo los que controlan la política y demás quehaceres que tiene el gobernar. A parte también viven algunas familias con dinero, pero muy pocas. Es más un lugar para comerciar o ir a celebrar algo. Donde viven los humanos, Valor. Se ganan la vida con tareas como la carpintería, el suministro de comida... etc. Si cruzamos hacia la derecha todo el bosque (aunque hay caminos principales, pero hay que pagar un importe por pasar por ellos) llegamos a Azelleb. Allí viven seres tan diminutos como los duendes y las hadas, y en otra parte del lugar viven también los elfos. Ellos hacen perfumes, cremas... También tienen una repostería especial, aunque de todo esto más bien se encargan los duendes. Las hadas suelen vivir por su cuenta, aunque a veces, ayudan un poco con su magia, que tampoco es mucha. Los elfos son famosos por su agilidad, así que algunos se dedicaban al espectáculo, otros cazaban para los que no podían o también ganaban dinero a cambio de sus poderes mágicos. Un poco más al norte, nos encontramos con Azubari, la ciudad del agua. Allí vivían algunas sirenas y los demás son seres más extraños, que Ed no me supo definir. Suelen tener una cara corriente, aunque toda su piel es azul, y son más bajos, resbaladizos y nadadores que los humanos. Viven del turismo y de la pesca. Fuera del continente pero dentro de Aurum se encuentra Ignis, la ciudad del fuego. Son unos seres extraordinarios que suelen tener alguna llama de fuego en la cola y los que tienen más suerte, en la cabeza a modo de pelo. Son inmunes a esta materia y si aprenden la habilidad, pueden hacer que su propio fuego no le haga daño a las personas que él desee. Son muy autosuficientes. Entre Azubari y Azelleb hay un prado muy extenso en el que hay algunas casas, pero muy salteadas. Si seguimos avanzando, nos encontramos con Whinder y Torrem. Whinder es la ciudad de hielo, donde viven seres helados muy independientes y Torrem es donde viven los hombres piedra. Aquí viven sobre todo de las grandes cuevas y minas que hay, de donde sacan piedras preciosas o materiales como el carbón.
De repente despierto. Estaba soñando, pero no estaba dormida. Sólo soñaba despierta, es algo que suelo hacer. Me doy cuenta de que los finos rayos de luz ya no se filtran por el tejado de la casita, así que aunque no llevo reloj sé que es tarde, y que a lo mejor no llego a la hora prometida a casa de Emily. Bajo enseguida del lugar, y me prometo a mí misma volver más a menudo. Camino rápido por todo el bosque, porque orientarse por aquí cuando ha oscurecido del todo es muy difícil. Al final consigo salir antes de que anochezca, y si me doy todavía más prisa, a lo mejor consigo llegar al refugio antes de que sea de noche del todo. No hay casi nadie en las calles. Aunque no suele haberla a esta hora, hoy hay menos de lo normal, me parece extraño. Estoy exhausta, pero tengo que seguir hasta mi destino, Emily se pone nerviosa muy pronto, y se cree que la voy a abandonar, aunque hasta ella misma sabe que no sería capaz de algo así. Por fin diviso mi escondite y subo las escaleras a toda prisa, pero cuando llego a la puerta algo me detiene en seco. El corazón se me acelera y por unos instantes se me olvida hasta respirar.
La cerradura está forzada.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y dale a este botón: Twittear
Suscribirse a:
Entradas (Atom)