jueves, 16 de mayo de 2013

Capítulo 1.

Tarareo una canción mientras camino por el bosque. No hace demasiado frío, pero tampoco demasiado calor. Tampoco hace viento, pero los árboles transportan una brisa que te hace sonreír. Acabo de cazar un par de conejos, que aunque me duele terminar así con sus vidas, yo también necesito comer. En pocos minutos llego a Valor, digamos que es como la capital.
Mientras paso por las calles más principales, algunos ciudadanos me saludan, y yo les devuelvo el saludo. Hay bastantes humanos puesto que su ciudad no está muy lejos de aquí, pero también hay algunos duendes y hadas, y demás seres. Dejo atrás las calles principales y me adentro en las callejuelas. A pesar de ser por la tarde, por aquí se está más oscuro, pero no demasiado. Aquí tampoco estoy sola, un perro de dos cabezas cruza la calle a toda prisa y un gato de dos colas sube a un tejado. Nunca había visto animales así, pero no me parecían extraños. Camino por las calles hasta llegar a unas escaleras, en el más remoto callejón. Elegí este lugar para vivir porque no hay ruido, no pasa nadie y se está bien. Subo las gastadas escaleras que ascienden por una pared de ladrillos también dañados por el clima y el paso del tiempo, y entro en mi refugio. Allí, no estoy sola. 
–¡Hola! Pensaba que habías muerto en el bosque.
–Más quisieras -suelto la bolsa de cuero en la mesa de la habitación y me tumbo en la cama. 
–Mientras matabas animalillos indefensos he estado elaborando un plan.
–¿Un plan para qué?
–Para infiltrarnos en casa de la señorita Marie. 
–¿No lo dirás en serio? -pregunto mientras me río con grandes carcajadas-, podría ser divertido.
–Podría no, lo será.
–¿Sabes lo que nos puede pasar si nos pillan, verdad?
–Claro que lo sé, pero... ¿no fuiste tú quién me enseñaste a vivir cada momento como si fuera el último?
–Sí, bueno... Pero supongo que en Aurum es diferente. Estáis como anticuados.
–¡Vete con tu mundo sólo de humanos a otra parte!
–Pues vale, pero entonces no sé quién te dará de comer.
–Me las apañaré, como siempre he hecho. 
–Luego me cuentas el plan que tienes, ahora vamos a hacer la carne que tengo hambre.
–¡Yo también! -y de un salto, Emily se levanta de la silla y me sigue hasta la pequeña cocina.

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