Mientras paso por las calles más principales, algunos ciudadanos me saludan, y yo les devuelvo el saludo. Hay bastantes humanos puesto que su ciudad no está muy lejos de aquí, pero también hay algunos duendes y hadas, y demás seres. Dejo atrás las calles principales y me adentro en las callejuelas. A pesar de ser por la tarde, por aquí se está más oscuro, pero no demasiado. Aquí tampoco estoy sola, un perro de dos cabezas cruza la calle a toda prisa y un gato de dos colas sube a un tejado. Nunca había visto animales así, pero no me parecían extraños. Camino por las calles hasta llegar a unas escaleras, en el más remoto callejón. Elegí este lugar para vivir porque no hay ruido, no pasa nadie y se está bien. Subo las gastadas escaleras que ascienden por una pared de ladrillos también dañados por el clima y el paso del tiempo, y entro en mi refugio. Allí, no estoy sola.
–¡Hola! Pensaba que habías muerto en el bosque.
–Más quisieras -suelto la bolsa de cuero en la mesa de la habitación y me tumbo en la cama.
–Mientras matabas animalillos indefensos he estado elaborando un plan.
–¿Un plan para qué?
–Para infiltrarnos en casa de la señorita Marie.
–¿No lo dirás en serio? -pregunto mientras me río con grandes carcajadas-, podría ser divertido.
–Podría no, lo será.
–¿Sabes lo que nos puede pasar si nos pillan, verdad?
–Claro que lo sé, pero... ¿no fuiste tú quién me enseñaste a vivir cada momento como si fuera el último?
–Sí, bueno... Pero supongo que en Aurum es diferente. Estáis como anticuados.
–¡Vete con tu mundo sólo de humanos a otra parte!
–Pues vale, pero entonces no sé quién te dará de comer.
–Me las apañaré, como siempre he hecho.
–Luego me cuentas el plan que tienes, ahora vamos a hacer la carne que tengo hambre.
–¡Yo también! -y de un salto, Emily se levanta de la silla y me sigue hasta la pequeña cocina.
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