Me dirijo hacia el camino que un hada me ha señalado hace poco. A parte de hadas, aquí también hay duendes y todo tipo de seres diminutos, pero supongo que las hadas son las que más me han llamado la atención. Son tan frágiles, delicadas y mágicas...
Entro en una especie de pasillo techado. Un arco oxidado cubre todo el sendero y ramas, hojas y flores lo recubren, por lo que se está más oscuro. La poca luz solar que se cuela por las imperfecciones de aquél follaje le da el último toque que hace de aquél lugar, un sitio asombroso y mágico. Todo por aquí es mágico. Mientras camino, las piedras que había incrustadas en el suelo van desapareciendo, y cada vez hay más tierra. No veo ninguna casa al final. Espero que aquél hada no me haya gastado ninguna broma, así que estoy más atenta a todo lo que me rodea, por si al final es todo una trastada. El camino se vuelve tierra, el arco se acaba y estoy al comienzo de un bosque. Pero no es un bosque cualquiera.
No es como los de la Tierra, o como el de Valor. Los árboles parecen hacer más ruido, a parte del de la brisa golpeando sus hojas entre sí. Un río cercano parece tener vida propia. Cada insecto o pequeño bicho que veo parece distinto. Para resumir, para un bosque realmente vivo. Entonces, alguien me tira del pelo:
—¿Quién me está tirando del...? -grito, aunque me interrumpen.
—¡Yo! ¿Tienes algún problema? -quien habla es un hada. Tiene el pelo castaño y no alcanzo a distinguir más que unas botas y una chaqueta marrones y unos pantalones y camisa verdes, con muy mala leche.
—Suponiendo que eres un hada del bosque, deberías tener más hospitalidad con tus visitantes.
—Suponiendo que tienes la cabeza en su sitio, no deberías haber ni siquiera pisado este bosque -me responde. Debo encontrar alguna forma de entrar en su mente y que deje de ser borde conmigo, alguna información que le hada sacar su lado más curioso:
—Vengo en busca de un hada... -mierda, ¿Ed me dijo el nombre? Si me lo dijo, la verdad es que no me acuerdo, y en el momento más oportuno.
—¿Vienes en busca de un hada? Pues mira, ¡aquí tienes una!
Mi irritable nueva "amiga" dijo unas palabras extrañas mientras hacía movimientos con su varita, e hizo de mí un humano del tamaño de un brazo, incluso menos.
Esto ya era pasarse. Yo no le había hecho nada, ¿por qué se comportaba así conmigo? ¿Era así con todo el mundo o yo le he dado mala espina? Debo solucionarlo cuanto antes:
—A ver, no sé como te llamas, pero creo que deberías madurar un poco. Aunque en fin, no conozco de nada a las hadas, así que puede que todas seáis iguales y nunca crezcáis... Yo solo he venido en busca de un hada. Me dijeron que es algo mayor pero muy sabía. Como se llamaba...
—No tengo ni idea de como son las demás hadas, yo solo sé que son todas unas presumidas. Todas preocupándose de su vestido, su maquillaje, sus alas... ¡Pero a mí me da igual! Vivo en el bosque, gastando bromas al todo el que se acerca, y si madurar significa volverse como ellas yo nunca creceré. Creo que sé de quién me hablas, pero te dejaré con las ganas. Además, tengo unos asuntos pendientes. Te dejo, ¡adiós!
El hada se da la vuelta y comienza a volar hacia el bosque. Podría perseguirla en mi tamaño normal, pero así es imposible, la hierba me llega por la cintura:
—¡Espera! Vengo en busca de... ¡Por favor, no te vayas! ¡Dame mi tamaño natural, por lo menos! Era un hada muy sabia... Su nombre empezaba con L... No, por B... Era... ¿Breena?
—¿Quién me llama?
Una voz diferente suena. Si es quién estoy buscando es mi salvación. Supongo que ella tendrá poderes para hacerme volver a mi forma normal, y además podré saber todo sobre las leyendas. En unos pocos segundos aparece a mi lado otra hada. Tiene el cabello blanco recogido en un moño, y aunque su cabeza es muy pequeña se le notan las arrugas causadas por la edad. Lleva un vestido gris y una sonrisa muy contagiosa:
—¿Quién eres tú? ¡Ember! Ya ha vuelto a hacer de las suyas, esta hada es más traviesa... ¡Ven ahora mismo!
Nunca había visto a un hada regañar a otra, pero la verdad es que se parece mucho a como se regañan los humanos entre ellos. Ember aparece, saliendo de su escondite, detrás de un árbol:
—¿Qué pasa, Breena?
—¿Has sido tú quién le ha hecho esto a esta pobre humana?
—¿El qué? ¿Humana? ¿Qué humana? Yo estaba jugando en el río.
—No intentes hacerte la tonta. Dale su tamaño natural ahora mismo.
Ember no pudo resistirse más e hizo otro conjuro. Este me dio mi forma, la que siempre he tenido.
—Muchas gracias, Breena.
—De nada, pero deberías saber que no se puede entrar a este bosque porque sí. Además no sé qué hace un humano aquí, deberías irte a casa.
—La verdad, es que venía en busca de usted -ha llegado el momento. La verdad es que no lo había pensado hasta ahora. ¿Y si no accede a contarme nada? Habré hecho este camino en vano, y a parte no sabré a donde ir, ni de donde sacar información.
—¿A mí, para qué?
—La verdad es que es una historia un tanto larga, y me gustaría contársela en un lugar más apartado, realmente necesito su ayuda.
—Por favor, sé que estoy vieja pero no me trates de usted -Breena ríe, ¿por qué es tan amable esta hada? Ni punto de comparación con las dos que he visto.
—Está bien, ¿podríamos ir a algún lugar más apartado?
—Claro que sí, justamente ahora iba a ir a casa a comer algo, creo que ya es casi la hora. Podrías acompañarme si quieres.
—Breena... ¿Yo qué hago? -pregunta Ember.
—Tú quédate por aquí, y vuelve dentro de unas horas. Si tienes hambre buscas algún fruto, estoy harta de tus payasadas.
Y diciendo esto, caminé al lado de la anciana hasta llegar a un claro en el bosque. Breena conjuró algunas palabras y de repente una casa de hada apareció. Como no era de mi tamaño, me preguntó si quería que me cambiara de tamaño para estar más cómoda, pero después de aquella travesura no tenía ganas de más cambios físicos. Si me agacho un poco, seguro que entro perfectamente.
Después de comer algo totalmente delicioso aunque totalmente desconocido para mí, ya que no sabía qué era y Breena no me quiso decir nada, comencé a hablarle sobre lo que de verdad me había traído hasta aquí. Ella escuchaba sin decir nada, así que después de contarle cuando me quedé atrapada aquí, le hablé sobre la existencia de las leyendas. Entonces el hada empezó a relatar:
—Lo primero que quiero aclararte es que me estoy arriesgando mucho, ya que no sé nada de ti pero bueno, soy un hada. Tengo poderes, y si mi larga experiencia en el mundo no me falla, creo que dices la verdad y que tienes buen corazón. Lo segundo, es que desde el primero momento en el que te he visto he sabido de ante mano que no eras el mismo tipo de humano que los que habitan en Valor. Eres más diferente, como más pura. A continuación pasaré a contarte todo lo que sé sobre las leyendas que me has pedido:
Hace demasiados años como para acordarse, Red Heaven y Aurum estaban en un punto crítico de su constante guerra. Habíamos perdido soldados, magos... Los pueblos no tenían qué comer, los niños no podían educarse como era debido, las enfermedades abundaban... Y esperábamos que en Red Heaven la situación fuera parecida, aunque ellos no pueden enfermarse y para algunas de sus criaturas, comer no es una necesidad. Entonces cuando se iba a realizar la batalla final, los soldados restantes, más algunos voluntarios e incluso los reyes varones, fueron a luchar. Al llegar al campo de batalla se dieron cuenta de que Red Heaven poseía más unidades, y se percataron de que ese sería el fin. Todos comenzaron a correr hacia la mitad del campo y empezaron a luchar. Las muertes por parte de Aurum eran más considerables que las de Red Heaven. Los monstruos que allí habitaban estaban a punto de alcanzar la victoria, hasta que el rey que gobernaba por aquellos tiempos, cuando estaba a punto de ser devorado por un ser del otro lado, sacó de debajo de su armadura un colgante. Llevaba un gran zafiro, y brillaba más que nunca. Entonces el cielo se volvió más azul. El sol comenzó a brillar más y más, por lo que todo el mundo tuvo que parar y cerrar los ojos. Se escuchó un estruendo. Parecía como si alguien hubiera aterrizado, como si hubiera saltado desde el sol y hubiera llegado a hacer que uno de los dos ejércitos ganara, y parece que así fue. Era un apuesto caballero, del cual nunca se supo su rostro, comenzó a tocar a todo ser procedente de Red Heaven con su espada, lo que provocó que cayeran rendidos. Todos, incluso el propio rey quedaron estupefactos ante el gran poder de aquél hombre que les había salvado la vida. Después de terminar con todos, se desvanació dejando sólo la armadura, la espada y dos piedras más: una esmeralda y otra rubí. Además, por dentro de su armadura había tallada una frase: "Como habéis utilizado la piedra para una buena causa, os concedo el poder de dos más. Una os llevará al fin y otra a la prosperidad".
Me quedé sin palabras, pero Breena aún tenía más que contarme:
—Por si no lo has entendido bien, se supone que el rubí "invoca" a otro salvador pero que está de parte de Red Heaven, y la esmeralda otro parecido al zafiro. Si toda la leyenda es verdad, tú eres la esmeralda, o al menos es la única solución que se me ocurre. Además ahora también estamos en problemas con Red Heaven.
—¿Y qué crees que es lo más acertado para hacer ahora mismo?
—Entrégate a las autoridades.
—¿Qué? -Ed me dijo lo mismo, pero es muy peligroso.
—Sí, te presentaremos como una chica huérfana, que posiblemente podría ser la esmeralda. Se supone que ningún salvador se presenta de la misma forma, quizás tú viniste a través de sueños. Además, si consigues trabar amistad o sonsacarle a alguien algo, podrías averiguar dónde está Emily, yo te ayudaré en todo lo que me sea posible.
—Me da miedo, pero debo ser fuerte. Muchas gracias por todo Breena, aunque no creo que yo sea la esmeralda. Intentaré hacerles creer que sí para colarme y saber más sobre Emily.
—Sigue el camino que creas conveniente querida.
Se nos pasó la tarde hablando de leyendas parecidas, rumores, mentiras, dónde podría estar mi amiga... Hasta que el cielo empezó a anochecer:
—Parece que ha llegado la hora de concluir esta visita, me ha encantado tenerte en mi casa. Te invitaría a cenar pero tengo un sitio a donde ir.
—Sí, la verdad es que yo también. Vine acompañada de Aria y me dijo que fuera a una hoguera.
—¿Conoces a Aria?
—Sí, ha sido la que me ha traído, ¿por?
—Y encima ella te ha invitado, se te ha olvidado ese gran detalle. Ella es la humana más bienvenida aquí, entonces ven conmigo, yo también voy a la hoguera.
Entonces las dos salimos de la casa, Breena hizo un conjuro e hizo su casa desaparecer. Ember se nos unió y le dijo que realmente estaba arrepentida, y me preguntó si quería ser su amiga. No la rechacé, así que las tres caminamos hasta el lugar de la fiesta, donde volvería a encontrarme con Aria. Esta aventura no ha hecho más que empezar.
Si quieres ayudarme a seguir adelante, haz click en este botón-->Twittear
martes, 10 de septiembre de 2013
sábado, 7 de septiembre de 2013
Capítulo 12.
—Y... ¿Para qué quieres ir a Azelleb? Lo siento si te molesta la pregunta o algo, pero...
—O eres muy insegura o te doy miedo -dice Aria mientras suelta una carcajada-, la verdad es que voy allí a visitar a unos amigos, ¿y tú?
—Bueno... Es largo de explicar. -Confiaba demasiado en mí, y por alguna extraña razón yo también confiaba más de lo necesario en ella.
—Tenemos tiempo, al menos un cuarto de hora. Parecía insistir, así que no tuve más remedio que contárselo saltándome la parte en la cuál dejo mi mundo y entro en Aurum. Le conté sobre Emily, sobre como nos conocimos. –Sí, la verdad es que escuché algo sobre una pareja imposible y una hija olvidada. Entonces, ¿dices que vas en su busca?
—Exacto.
—¿Y quién te ha mandado a Azelleb?
—Bueno, digamos que todavía me queda una persona de confianza, ahora que Emily ha desaparecido. Él me contó que hay un hada muy sabia allí que podría darme información sobre... Todo.
—Gwen, tengo la sensación de que me ocultas algo, o más que algo son muchas cosas. Pero bueno, todos tenemos nuestros secretos, y veo normal que no quieras confiárselos a alguien que acabas de conocer, aunque me debes una. Me encantaría escuchar tu historia cuando estés preparada para contarla -dijo, acompañada de una sonrisa-. Por cierto, tu gata es muy mona, ¿cómo se llama? Le devuelvo la sonrisa a la vez que le contesto:
–Se llama Diana. Me la encontré merodeando por la calle. Pensé que no tenía dueño y que yo la iba a cuidar mejor que la naturaleza. Por cierto, gracias por respetar mi... intimidad, por así decirlo.
—Qué cruel eso de la naturaleza, ni se te ocurra decirlo una vez lleguemos a Azelleb.
–A sus órdenes -Aria y yo reímos a la vez.
Esta chica me cae realmente bien. Al cabo de unos minutos más llegamos a nuestro destino. Nos adentramos en un pequeño pueblo y pasando por algunas calles, llegamos a una casa un poco más apartada de las demás. Tiene un patio principal, las paredes son todas blancas y tanto puertas como ventanas están hechas de madera. Las ventanas tienen flores colgadas y es notablemente más grande que las casas del alrededor. Aria llama a la puerta, y nos abre un chico de lo más encantador.
–¡Daniel! -exclama Aria, mientras le da un abrazo-. Voy de camino hacia a Azelleb. Pensaba pasarme a saludarte sólo, pero hoy tengo un favor que pedirte.
—Me encargaré de hacer realidad todos sus deseos, majestad -comunica Daniel, haciendo una reverencia, riendo y acto seguido, mirándome-. ¿Quién es tu amiga?
–Soy... -Aria no me deja terminar mi frase, se me adelanta.
–Es Gwen, una amiga mía. Ella va a acompañarme a Azelleb y quería preguntarte si podías quedarte con su caballo hasta que volvamos. Como podrás deducir es imposible colar un caballo, y tú tienes espacio de sobra.
–No tengo ni idea sobre lo que comen los caballos, pero ya me las apañaré. Me debes una. Por cierto, encantado de conocerte, Gwen.
Diciendo esto le doy la cuerda que sujeta a Shadow, le explico lo poco que sé sobre caballos gracias a Ed y nos despedimos. De camino a la estación de tren, mi nueva amiga me habla un poco sobre este chico. Daniel es amigo suyo desde que los dos tienen memoria. Ella no vive muy lejos, en otra aldea cercana, y sus padres siempre fueron íntimos así que supongo que se les pegó. Actualmente se ven menos pero cuando lo hacen es como si siguieran viéndose todos los días. Que Aria me contase todo eso me recuerda a mi mundo, a la Tierra. Me recuerda a Diana, seguro que está muy preocupada por mí, a mis padres y familia en general. Seguramente tienen mi cuerpo en el hospital, con cables enchufados para mantenerme viva, en el real caso de que yo siga durmiendo.
Llegamos a la estación y no hay tanta gente como me esperaba, pero aún así sigo replanteando si colarnos es una buena idea. Sigo a Aria entre la muchedumbre y pasamos los vagones de pasajeros. Al cabo de nada estamos en los vagones donde suelen meter animales o cosas que hace falta transportar. Encontramos un vagón lleno de heno, y consideramos que era el mejor. Cuando estamos seguras de que no hay nadie, entro yo primera, y segundos después, ella.
—¿Por qué hay tan poquísima gente trabajando aquí? Apenas he visto el conductor y un encargado del mantenimiento.
—Últimamente Aurum está en crisis. Están recortando por todos lados, y bueno, el transporte público ha sido uno de ellos. Por eso es tan fácil colarse. Algunas veces no he viajado sola, también había algunas personas haciendo lo mismo que yo. Y ahora calla, cuando falten cinco minutos para que el tren se mueva vendrá el encargado a revisar que no hay nadie. Cuando lo escuchemos, tenemos que meternos rápido en aquél hueco de la esquina, no se nos verá con tanto heno.
Así hicimos, hasta que el tren se puso en marcha. Cuando notamos que había cogido velocidad nos relajamos un poco más y, aunque estaba un poco oscuro, me lo estaba pasando realmente bien. La verdad es que Diana no estaba dando ningún tipo de problemas. Cuando pudimos relajarnos la saqué de la mochila y no la pude ver demasiado bien, pero sabía que estaba jugando con el heno. Mientras tanto, Aria y yo hablábamos sobre cosas variadas. Después de un buen rato y de compartir una de mis manzanas, le hice una pregunta un poco peligrosa, pero sentía que tenía que hacerla:
–¿Crees que es posible... cambiar de mundo?
–¿Qué quieres decir? ¿Si es posible ir desde Aurum hasta Red Heaven. Si tienes un buen barco podrás llegas, aunque hay muros por toda la frontera.
–No me refiero a eso. Me refiero a que si puedes transportarte instantáneamente de un planeta a otro. –¡Eso es una absurdez, Gwen! -Aria ríe de una forma exagerada, la verdad es que yo también lo hubiera hecho si me hubieran preguntado eso hace unos días sólo.
—La verdad es que sí, es bastante absurdo, pero...
—¿Pero, qué? Quizás habérselo preguntado no ha sido la mejor idea. Ahora sabrá que le oculto algo, y bastante gordo.
Los nervios se apoderan de mí, y la confianza que desprende hace que le cuente toda mi historia, del tirón, sin pausas.
–...Y así es como llegué aquí, y por qué Emily es tan importante para mí.
–A ver, todo eso que me has contado es bastante... irreal. Pero de alguna manera o de otra, te creo.
—¿De verdad?
—Sí, porque ya tendrías que tener imaginación para inventarte todo eso de golpe -Aria ríe-, pero no, de verdad. Es más, existía una leyenda sobre algo bastante parecido, pero sería una locura.
—¿Qué leyenda? -Ed también me había comentado algo al respecto, es en parte por lo que me dirigía a Azelleb.
—Se supone que un héroe iba a llegar a Aurum, en un momento de crisis, cuando Red Heaven esté más al acecho para salvarnos a todos. Pero, bueno... A parte de que se trata de un héroe y no una heroína, Red Heaven lleva muchísimo tiempo sin dar noticias. Se supone que hace siglos un antepasado de el "héroe" vino y los derrotó, haciendo que se quedaran en sus tierras para siempre.
—Ojalá hubiera esas leyendas en mi mundo.
—Sí, bueno... ¿Y cómo es tu mundo? Nunca había escuchado sobre la existencia de otros mundos, bueno la verdad es que sí... Pero sólo se estudia en las universidades, y por lo que me han dicho las personas que viven allí son de colores extraños, y son muy malvados.
Aria y yo nos llevamos el resto del viaje hablando sobre la Tierra. Le conté cómo era, y luego le conté sobre mi familia, sobre Diana... Cuando nos quisimos dar cuenta habíamos llegado a Azelleb.
—Creo que nuestros caminos se separan aquí -le digo a Aria.
—Bueno, la verdad es que sí. Pero eso no significa que no nos podamos volver a ver nunca más. —¿Qué quieres decir?
—Si no me equivoco hoy hay una especie de fiesta en el centro del pueblo. Pondrás una gran hoguera y asistirán casi todos los aldeanos. Deberías pasarte, yo también estaré.
Bueno, supongo que hoy no me dará tiempo a más que a informarme sobre las leyendas, sobre las autoridades y sobre el paradero de Emily. Además, le he confiado mi vida a Aria, no debería dejar que se olvide de mí, o podría ser mi final.
—Está bien, allí nos veremos.
—Vale, nos vemos luego.
—Adiós.
Y me doy media vuelta. Este pueblo es totalmente diferente a donde había estado unas tres horas antes. Las casas son más pequeñas aunque agachándome un poco puedo entrar. Todo es muy colorido. Predomina el color verde y las flores coloridas abundan. Entonces, veo un hada. La verdad es que no me había sorprendido cuando Ed me dijo que iba a ver hadas y duendes, pero hacerlo en persona es totalmente diferente. El hada me mira extraño, como si fuera a hacerle algo, pero le sonrío y le pregunto por Breena. Se nota que desconfía de mí, pero me señala un camino bastante largo, donde supongo que habrá una casa al final. Le doy las gracias, y ella simplemente hace un ruido muy singular, como el sonar de unas campanas pero muy leve, mezclando con la magia del polvo de hadas. El ser es precioso, magnífico. Apenas es como mi antebrazo de grande. Lleva ropajes de color blanco y el pelo morado. Sale volando en cuanto le hablo, y deja una fila de destellos tras su paso, que desaparece en segundos. Mientras camino hacia donde me ha señalado pienso en tal momento. Desde pequeña me han encantado las hadas, y nunca pensé que iba a encontrarme con una, y que en tal caso, iba a ser tan sumamente mágico.
Si quieres apoyarme, puedes hacerlo haciendo click aquí-->Twittear
—O eres muy insegura o te doy miedo -dice Aria mientras suelta una carcajada-, la verdad es que voy allí a visitar a unos amigos, ¿y tú?
—Bueno... Es largo de explicar. -Confiaba demasiado en mí, y por alguna extraña razón yo también confiaba más de lo necesario en ella.
—Tenemos tiempo, al menos un cuarto de hora. Parecía insistir, así que no tuve más remedio que contárselo saltándome la parte en la cuál dejo mi mundo y entro en Aurum. Le conté sobre Emily, sobre como nos conocimos. –Sí, la verdad es que escuché algo sobre una pareja imposible y una hija olvidada. Entonces, ¿dices que vas en su busca?
—Exacto.
—¿Y quién te ha mandado a Azelleb?
—Bueno, digamos que todavía me queda una persona de confianza, ahora que Emily ha desaparecido. Él me contó que hay un hada muy sabia allí que podría darme información sobre... Todo.
—Gwen, tengo la sensación de que me ocultas algo, o más que algo son muchas cosas. Pero bueno, todos tenemos nuestros secretos, y veo normal que no quieras confiárselos a alguien que acabas de conocer, aunque me debes una. Me encantaría escuchar tu historia cuando estés preparada para contarla -dijo, acompañada de una sonrisa-. Por cierto, tu gata es muy mona, ¿cómo se llama? Le devuelvo la sonrisa a la vez que le contesto:
–Se llama Diana. Me la encontré merodeando por la calle. Pensé que no tenía dueño y que yo la iba a cuidar mejor que la naturaleza. Por cierto, gracias por respetar mi... intimidad, por así decirlo.
—Qué cruel eso de la naturaleza, ni se te ocurra decirlo una vez lleguemos a Azelleb.
–A sus órdenes -Aria y yo reímos a la vez.
Esta chica me cae realmente bien. Al cabo de unos minutos más llegamos a nuestro destino. Nos adentramos en un pequeño pueblo y pasando por algunas calles, llegamos a una casa un poco más apartada de las demás. Tiene un patio principal, las paredes son todas blancas y tanto puertas como ventanas están hechas de madera. Las ventanas tienen flores colgadas y es notablemente más grande que las casas del alrededor. Aria llama a la puerta, y nos abre un chico de lo más encantador.
–¡Daniel! -exclama Aria, mientras le da un abrazo-. Voy de camino hacia a Azelleb. Pensaba pasarme a saludarte sólo, pero hoy tengo un favor que pedirte.
—Me encargaré de hacer realidad todos sus deseos, majestad -comunica Daniel, haciendo una reverencia, riendo y acto seguido, mirándome-. ¿Quién es tu amiga?
–Soy... -Aria no me deja terminar mi frase, se me adelanta.
–Es Gwen, una amiga mía. Ella va a acompañarme a Azelleb y quería preguntarte si podías quedarte con su caballo hasta que volvamos. Como podrás deducir es imposible colar un caballo, y tú tienes espacio de sobra.
–No tengo ni idea sobre lo que comen los caballos, pero ya me las apañaré. Me debes una. Por cierto, encantado de conocerte, Gwen.
Diciendo esto le doy la cuerda que sujeta a Shadow, le explico lo poco que sé sobre caballos gracias a Ed y nos despedimos. De camino a la estación de tren, mi nueva amiga me habla un poco sobre este chico. Daniel es amigo suyo desde que los dos tienen memoria. Ella no vive muy lejos, en otra aldea cercana, y sus padres siempre fueron íntimos así que supongo que se les pegó. Actualmente se ven menos pero cuando lo hacen es como si siguieran viéndose todos los días. Que Aria me contase todo eso me recuerda a mi mundo, a la Tierra. Me recuerda a Diana, seguro que está muy preocupada por mí, a mis padres y familia en general. Seguramente tienen mi cuerpo en el hospital, con cables enchufados para mantenerme viva, en el real caso de que yo siga durmiendo.
Llegamos a la estación y no hay tanta gente como me esperaba, pero aún así sigo replanteando si colarnos es una buena idea. Sigo a Aria entre la muchedumbre y pasamos los vagones de pasajeros. Al cabo de nada estamos en los vagones donde suelen meter animales o cosas que hace falta transportar. Encontramos un vagón lleno de heno, y consideramos que era el mejor. Cuando estamos seguras de que no hay nadie, entro yo primera, y segundos después, ella.
—¿Por qué hay tan poquísima gente trabajando aquí? Apenas he visto el conductor y un encargado del mantenimiento.
—Últimamente Aurum está en crisis. Están recortando por todos lados, y bueno, el transporte público ha sido uno de ellos. Por eso es tan fácil colarse. Algunas veces no he viajado sola, también había algunas personas haciendo lo mismo que yo. Y ahora calla, cuando falten cinco minutos para que el tren se mueva vendrá el encargado a revisar que no hay nadie. Cuando lo escuchemos, tenemos que meternos rápido en aquél hueco de la esquina, no se nos verá con tanto heno.
Así hicimos, hasta que el tren se puso en marcha. Cuando notamos que había cogido velocidad nos relajamos un poco más y, aunque estaba un poco oscuro, me lo estaba pasando realmente bien. La verdad es que Diana no estaba dando ningún tipo de problemas. Cuando pudimos relajarnos la saqué de la mochila y no la pude ver demasiado bien, pero sabía que estaba jugando con el heno. Mientras tanto, Aria y yo hablábamos sobre cosas variadas. Después de un buen rato y de compartir una de mis manzanas, le hice una pregunta un poco peligrosa, pero sentía que tenía que hacerla:
–¿Crees que es posible... cambiar de mundo?
–¿Qué quieres decir? ¿Si es posible ir desde Aurum hasta Red Heaven. Si tienes un buen barco podrás llegas, aunque hay muros por toda la frontera.
–No me refiero a eso. Me refiero a que si puedes transportarte instantáneamente de un planeta a otro. –¡Eso es una absurdez, Gwen! -Aria ríe de una forma exagerada, la verdad es que yo también lo hubiera hecho si me hubieran preguntado eso hace unos días sólo.
—La verdad es que sí, es bastante absurdo, pero...
—¿Pero, qué? Quizás habérselo preguntado no ha sido la mejor idea. Ahora sabrá que le oculto algo, y bastante gordo.
Los nervios se apoderan de mí, y la confianza que desprende hace que le cuente toda mi historia, del tirón, sin pausas.
–...Y así es como llegué aquí, y por qué Emily es tan importante para mí.
–A ver, todo eso que me has contado es bastante... irreal. Pero de alguna manera o de otra, te creo.
—¿De verdad?
—Sí, porque ya tendrías que tener imaginación para inventarte todo eso de golpe -Aria ríe-, pero no, de verdad. Es más, existía una leyenda sobre algo bastante parecido, pero sería una locura.
—¿Qué leyenda? -Ed también me había comentado algo al respecto, es en parte por lo que me dirigía a Azelleb.
—Se supone que un héroe iba a llegar a Aurum, en un momento de crisis, cuando Red Heaven esté más al acecho para salvarnos a todos. Pero, bueno... A parte de que se trata de un héroe y no una heroína, Red Heaven lleva muchísimo tiempo sin dar noticias. Se supone que hace siglos un antepasado de el "héroe" vino y los derrotó, haciendo que se quedaran en sus tierras para siempre.
—Ojalá hubiera esas leyendas en mi mundo.
—Sí, bueno... ¿Y cómo es tu mundo? Nunca había escuchado sobre la existencia de otros mundos, bueno la verdad es que sí... Pero sólo se estudia en las universidades, y por lo que me han dicho las personas que viven allí son de colores extraños, y son muy malvados.
Aria y yo nos llevamos el resto del viaje hablando sobre la Tierra. Le conté cómo era, y luego le conté sobre mi familia, sobre Diana... Cuando nos quisimos dar cuenta habíamos llegado a Azelleb.
—Creo que nuestros caminos se separan aquí -le digo a Aria.
—Bueno, la verdad es que sí. Pero eso no significa que no nos podamos volver a ver nunca más. —¿Qué quieres decir?
—Si no me equivoco hoy hay una especie de fiesta en el centro del pueblo. Pondrás una gran hoguera y asistirán casi todos los aldeanos. Deberías pasarte, yo también estaré.
Bueno, supongo que hoy no me dará tiempo a más que a informarme sobre las leyendas, sobre las autoridades y sobre el paradero de Emily. Además, le he confiado mi vida a Aria, no debería dejar que se olvide de mí, o podría ser mi final.
—Está bien, allí nos veremos.
—Vale, nos vemos luego.
—Adiós.
Y me doy media vuelta. Este pueblo es totalmente diferente a donde había estado unas tres horas antes. Las casas son más pequeñas aunque agachándome un poco puedo entrar. Todo es muy colorido. Predomina el color verde y las flores coloridas abundan. Entonces, veo un hada. La verdad es que no me había sorprendido cuando Ed me dijo que iba a ver hadas y duendes, pero hacerlo en persona es totalmente diferente. El hada me mira extraño, como si fuera a hacerle algo, pero le sonrío y le pregunto por Breena. Se nota que desconfía de mí, pero me señala un camino bastante largo, donde supongo que habrá una casa al final. Le doy las gracias, y ella simplemente hace un ruido muy singular, como el sonar de unas campanas pero muy leve, mezclando con la magia del polvo de hadas. El ser es precioso, magnífico. Apenas es como mi antebrazo de grande. Lleva ropajes de color blanco y el pelo morado. Sale volando en cuanto le hablo, y deja una fila de destellos tras su paso, que desaparece en segundos. Mientras camino hacia donde me ha señalado pienso en tal momento. Desde pequeña me han encantado las hadas, y nunca pensé que iba a encontrarme con una, y que en tal caso, iba a ser tan sumamente mágico.
Si quieres apoyarme, puedes hacerlo haciendo click aquí-->Twittear
jueves, 11 de julio de 2013
Capítulo 11.
Volví a la casa en el árbol para pasar el día hasta que anocheciera. Tampoco hice mucho. Jugué con Diana, busqué algunos frutos por el bosque, limpié y llené los botes que había por la casita de agua... Me aprovisioné para el viaje. En realidad estaba un poco asustada, porque ¿y si me pillan? No puedo contar nada sobre mí, puesto que no soy de aquí. Me matarían, o incluso algo peor. ¿Hay algo peor que la muerte? La muerte de un ser querido, supongo. Y más si es por tu culpa, si no has hecho nada para detenerlo.
Pasaron las horas y hasta me dio tiempo de dormir un poco la siesta. Pero el sol empezaba a esconderse y yo tenía que ir otra vez a casa de Ed, donde me esperaría con el caballo. Nunca he montado a caballo, espero no ser muy torpe y poder cabalgar bien. Mientras estaba en mi refugio pensé en alguna forma para llevar a Diana durante mi trayecto, pero la única que se me ocurría era meterla en la mochila. La introduje y tampoco se quejó mucho, asomaba felizmente la cabeza y maullaba. Decidí llevarla ahí, aunque la sacaría en los descansos.
Cruzamos todo el bosque, e intenté pasar de incógnito por la ciudad. Al llegar a la carpintería de Ed, él me estaba esperando cortando tablas de madera. Al verme, cerró el negocio de inmediato y me dirigió hasta su establo, donde apenas tenía el caballo y algunas gallinas.
–¿Has cabalgado alguna vez?
–Nunca.
–Entonces lo tendrás un poco difícil, tendrás que aprender rápido -me advirtió Ed.
–Desde que estoy aquí es lo único que he hecho, aprender cosas lo más rápido posible.
–Ojalá tengas mucha suerte en tu viaje. Guíate por los carteles que indican por donde ir a cada lugar. Tienes que llegar hasta Azelled y una vez allí, preguntar por Breena. Es un hada que tiene ya sus años, pero es muy sabia y podrá contarte todo lo que necesites sobre... Todo esto que está ocurriendo.
–Necesito irme ya, cuanto antes llegue, antes podré saber sobre Emily y antes podré volver a mi mundo.
Ed no me contestó pero accedió y me ayudó a subir al caballo. La verdad es que no era muy grande porque es muy joven todavía, así que me resulta más fácil. Estar encima de un caballo es un tanto extraño, pero me gusta a la vez. Ed me da algunos consejos sobre cómo dirigirlo y después de unos minutos practicando puedo salir en busca de Azelled.
–Muchas gracias, de verdad -como mínimo tengo que agradecérselo. Nadie haría cosas así por un desconocido.
–No me las des -dice, mientras sonríe-. Por cierto, se llama Shadow.
Shadow que traducido significa sombra, le pega mucho a este caballo. Es negro, completamente negro menos por una pezuña blanca.
–Volveré lo antes posible, y cuidaré bien de tu caballo.
–Eso espero, buen viaje y que todo salga bien.
Diciendo esto me despido. Diana estaba asomada por la mochila pero instantes después de empezar a cabalgar se agacha. A lo mejor le da miedo. Cuando salga completamente de la ciudad intentaré ir al galope, necesito encontrar algún sitio donde pasar la noche.
Son las diez y media de la noche. Llevo una hora y media a lomos de Shadow, y he de confesar que me duele de cintura para abajo. Diana ha maullado algunas veces. Las dos estamos cansadas, pero no encuentro ningún lugar donde poder descansar. Estoy asustada en gran parte, tengo los ojos abiertos como platos, buscando a ver si hay alguien sospechoso del que huir. También busco refugio, pero no hay ningún sitio discreto y escondido. Después de varios minutos opto por bajarme del caballo y sentarme al pie de un árbol, lejos de los caminos principales. Saco una cuerda que anteriormente me dio Ed, y amarro al caballo al mismo árbol. Llama un poco la atención, pero espero que no se note en la oscuridad.
En cuanto pongo la mochila en el suelo, Diana sale y vuelve a maullar. Acto seguido se hace un nudo en mis piernas y trata de dormir. Yo saco una manzana de la mochila y empiezo a comérmela, dándole pequeños trozos a ella también. ¿Debería volver a subir a Shadow y cabalgar un poco más, o espero al día siguiente? La verdad es que estoy un poco cansada, el caballo parece estar de acuerdo y Diana mucho más, así que lo mejor será descansar. Ojalá todo esto salga bien.
–¡Eh! ¿Quién eres?
Una voz para nada familiar me despierta. Abro los ojos y veo que es una chica. Es pelirroja, bastante baja. con pecas y no para de hacerme preguntas.
–¿Qué haces aquí? Creo que está prohibido dormir fuera, y dejar animales también.
–Hola, no llames a las autoridades ni nada por el estilo, por favor -es lo único que se me ocurre decir. Es lo peor que me podría pasar, necesito que esta chica se gane mi confianza.
–Tranquila, no voy a hacer nada de eso. Pasaba por aquí de camino a Azelled y vi a tu caballo. Deberías irte lo antes posible.
–Espera, ¿vas hacia Azelled?
–Sí, acabo de decírtelo. Por cierto, soy Aria.
–Hola, soy... Gwen -esta chica desprendía demasiada confianza-, y yo también me dirijo hacia Azelled.
–¿Y para qué quieres ir allí? ¿Pensabas ir en caballo? ¡Se tarda mucho! Yo voy en tren. Se tardan un par de horas, la estación está a media hora caminando.
–Necesito hablar con una persona. Qué suerte, yo no tengo dinero para poder ir en tren -¿por qué Ed nunca me habló de un tren? Seguramente pensó que no tendría fondos y ni siquiera me lo comentó.
–Es un poco caro, ¿no tienes nada de dinero?
–Absolutamente nada.
–Bueno, entonces tendrás que colarte, como yo.
En cuanto Aria dijo eso, comencé a reír como una loca. Es una tontería, pero pensar que iba a colarse, que iba caminando tan normal, tan alegre para colarse en un tren... Me hizo mucha gracia en aquél instante, aún estando recién despertada.
–¿Te vienes? Podemos llegar a tiempo para coger el tren de las nueve.
–Me encantaría... ¿Pero qué hago con Shadow?
–¿Quién es Shadow?
–Perdón -dios, ¿cómo puedo ser tan estúpida? Supongo que serán los nervios de estar en un mundo el cual no conozco, de entablar relación con personas que ni siquiera sé si son reales y de vivir esta especie de película-. Es mi caballo, bueno en realidad no es mío. No puedo dejarlo aquí.
–Conozco a alguien que podría guardártelo encantado.
–¿Y a mi gata?
–Puede colarse perfectamente.
–¿Por qué me ayudas tanto si hace menos de cinco minutos que me conoces?
–Porque me has llamado la atención -sonríe mientras me tiende una mano, para levantarme-.
–No suelo llamar la atención de nadie -respondo, mientras tomo mi mochila y tomo su mano.
–Para todo hay una primera vez, incluso para colarte en un tren. Vamos, tenemos que pasarnos por la casa de un amigo para que se quede con tu caballo.
Esta chica es realmente interesante. Es tan alegre, sonriente... Que se ha ganado la mitad de mi confianza en el poco tiempo que la conozco. No tengo ganas de subir a lomos de Shadow porque todavía me duele medio cuerpo por montar, y como ella no sabe, meto a Diana en la mochila y camino con la cuerda que me dio Ed de la mano. Me pone muy nerviosa saber que a la hora de comer sabré todo lo que necesito saber.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante haciendo click aquí --> Twittear
Pasaron las horas y hasta me dio tiempo de dormir un poco la siesta. Pero el sol empezaba a esconderse y yo tenía que ir otra vez a casa de Ed, donde me esperaría con el caballo. Nunca he montado a caballo, espero no ser muy torpe y poder cabalgar bien. Mientras estaba en mi refugio pensé en alguna forma para llevar a Diana durante mi trayecto, pero la única que se me ocurría era meterla en la mochila. La introduje y tampoco se quejó mucho, asomaba felizmente la cabeza y maullaba. Decidí llevarla ahí, aunque la sacaría en los descansos.
Cruzamos todo el bosque, e intenté pasar de incógnito por la ciudad. Al llegar a la carpintería de Ed, él me estaba esperando cortando tablas de madera. Al verme, cerró el negocio de inmediato y me dirigió hasta su establo, donde apenas tenía el caballo y algunas gallinas.
–¿Has cabalgado alguna vez?
–Nunca.
–Entonces lo tendrás un poco difícil, tendrás que aprender rápido -me advirtió Ed.
–Desde que estoy aquí es lo único que he hecho, aprender cosas lo más rápido posible.
–Ojalá tengas mucha suerte en tu viaje. Guíate por los carteles que indican por donde ir a cada lugar. Tienes que llegar hasta Azelled y una vez allí, preguntar por Breena. Es un hada que tiene ya sus años, pero es muy sabia y podrá contarte todo lo que necesites sobre... Todo esto que está ocurriendo.
–Necesito irme ya, cuanto antes llegue, antes podré saber sobre Emily y antes podré volver a mi mundo.
Ed no me contestó pero accedió y me ayudó a subir al caballo. La verdad es que no era muy grande porque es muy joven todavía, así que me resulta más fácil. Estar encima de un caballo es un tanto extraño, pero me gusta a la vez. Ed me da algunos consejos sobre cómo dirigirlo y después de unos minutos practicando puedo salir en busca de Azelled.
–Muchas gracias, de verdad -como mínimo tengo que agradecérselo. Nadie haría cosas así por un desconocido.
–No me las des -dice, mientras sonríe-. Por cierto, se llama Shadow.
Shadow que traducido significa sombra, le pega mucho a este caballo. Es negro, completamente negro menos por una pezuña blanca.
–Volveré lo antes posible, y cuidaré bien de tu caballo.
–Eso espero, buen viaje y que todo salga bien.
Diciendo esto me despido. Diana estaba asomada por la mochila pero instantes después de empezar a cabalgar se agacha. A lo mejor le da miedo. Cuando salga completamente de la ciudad intentaré ir al galope, necesito encontrar algún sitio donde pasar la noche.
Son las diez y media de la noche. Llevo una hora y media a lomos de Shadow, y he de confesar que me duele de cintura para abajo. Diana ha maullado algunas veces. Las dos estamos cansadas, pero no encuentro ningún lugar donde poder descansar. Estoy asustada en gran parte, tengo los ojos abiertos como platos, buscando a ver si hay alguien sospechoso del que huir. También busco refugio, pero no hay ningún sitio discreto y escondido. Después de varios minutos opto por bajarme del caballo y sentarme al pie de un árbol, lejos de los caminos principales. Saco una cuerda que anteriormente me dio Ed, y amarro al caballo al mismo árbol. Llama un poco la atención, pero espero que no se note en la oscuridad.
En cuanto pongo la mochila en el suelo, Diana sale y vuelve a maullar. Acto seguido se hace un nudo en mis piernas y trata de dormir. Yo saco una manzana de la mochila y empiezo a comérmela, dándole pequeños trozos a ella también. ¿Debería volver a subir a Shadow y cabalgar un poco más, o espero al día siguiente? La verdad es que estoy un poco cansada, el caballo parece estar de acuerdo y Diana mucho más, así que lo mejor será descansar. Ojalá todo esto salga bien.
–¡Eh! ¿Quién eres?
Una voz para nada familiar me despierta. Abro los ojos y veo que es una chica. Es pelirroja, bastante baja. con pecas y no para de hacerme preguntas.
–¿Qué haces aquí? Creo que está prohibido dormir fuera, y dejar animales también.
–Hola, no llames a las autoridades ni nada por el estilo, por favor -es lo único que se me ocurre decir. Es lo peor que me podría pasar, necesito que esta chica se gane mi confianza.
–Tranquila, no voy a hacer nada de eso. Pasaba por aquí de camino a Azelled y vi a tu caballo. Deberías irte lo antes posible.
–Espera, ¿vas hacia Azelled?
–Sí, acabo de decírtelo. Por cierto, soy Aria.
–Hola, soy... Gwen -esta chica desprendía demasiada confianza-, y yo también me dirijo hacia Azelled.
–¿Y para qué quieres ir allí? ¿Pensabas ir en caballo? ¡Se tarda mucho! Yo voy en tren. Se tardan un par de horas, la estación está a media hora caminando.
–Necesito hablar con una persona. Qué suerte, yo no tengo dinero para poder ir en tren -¿por qué Ed nunca me habló de un tren? Seguramente pensó que no tendría fondos y ni siquiera me lo comentó.
–Es un poco caro, ¿no tienes nada de dinero?
–Absolutamente nada.
–Bueno, entonces tendrás que colarte, como yo.
En cuanto Aria dijo eso, comencé a reír como una loca. Es una tontería, pero pensar que iba a colarse, que iba caminando tan normal, tan alegre para colarse en un tren... Me hizo mucha gracia en aquél instante, aún estando recién despertada.
–¿Te vienes? Podemos llegar a tiempo para coger el tren de las nueve.
–Me encantaría... ¿Pero qué hago con Shadow?
–¿Quién es Shadow?
–Perdón -dios, ¿cómo puedo ser tan estúpida? Supongo que serán los nervios de estar en un mundo el cual no conozco, de entablar relación con personas que ni siquiera sé si son reales y de vivir esta especie de película-. Es mi caballo, bueno en realidad no es mío. No puedo dejarlo aquí.
–Conozco a alguien que podría guardártelo encantado.
–¿Y a mi gata?
–Puede colarse perfectamente.
–¿Por qué me ayudas tanto si hace menos de cinco minutos que me conoces?
–Porque me has llamado la atención -sonríe mientras me tiende una mano, para levantarme-.
–No suelo llamar la atención de nadie -respondo, mientras tomo mi mochila y tomo su mano.
–Para todo hay una primera vez, incluso para colarte en un tren. Vamos, tenemos que pasarnos por la casa de un amigo para que se quede con tu caballo.
Esta chica es realmente interesante. Es tan alegre, sonriente... Que se ha ganado la mitad de mi confianza en el poco tiempo que la conozco. No tengo ganas de subir a lomos de Shadow porque todavía me duele medio cuerpo por montar, y como ella no sabe, meto a Diana en la mochila y camino con la cuerda que me dio Ed de la mano. Me pone muy nerviosa saber que a la hora de comer sabré todo lo que necesito saber.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante haciendo click aquí --> Twittear
jueves, 4 de julio de 2013
El tiempo (qué título tan original).
El tiempo en realidad es muy egoísta. Pasa ante cualquier circunstancia. Ya estés feliz, o estés destrozado. El tiempo no se para a abrazarte si estás llorando en tu habitación. Es silencioso y cruel. Pasa rápido en los mejores momentos de tu vida y lento cuando menos lo necesitas. Aunque por otra parte... Debería estar enfadado. Todo el mundo gasta tiempo. Cada segundo, todas las personas lo vivimos. Pero, ¿acaso todo el mundo lo aprovecha? Hay días en los que te vas a dormir sin haber cumplido ninguno de tus propósitos, malgastando veinticuatro horas para nada.
El tiempo pasa, nos observa a todos, pero no tiene sentimientos. Vive en tercera persona viendo como crecemos, aprendemos y luchamos. Pero al final... ¿Qué mas da todo eso? Si cuando llegue el momento de tu muerte el tiempo, tu tiempo se acabará. Es entonces cuando tienes que plantearlo. ¿Has aprovechado el tiempo que se te ha dado?
Porque si no lo aprovechas, si te quedas sentado viendo como la vida pasa delante de tus ojos, como los demás aprovechan su tiempo y tú no, no lo has logrado.
Disfruta y exprime al máximo tu tiempo, si no quieres que este te pase factura.
Es un consejo de la mente de Mónica que últimamente está muy desorientada. Tampoco es mucho de fiar.
El tiempo pasa, nos observa a todos, pero no tiene sentimientos. Vive en tercera persona viendo como crecemos, aprendemos y luchamos. Pero al final... ¿Qué mas da todo eso? Si cuando llegue el momento de tu muerte el tiempo, tu tiempo se acabará. Es entonces cuando tienes que plantearlo. ¿Has aprovechado el tiempo que se te ha dado?
Porque si no lo aprovechas, si te quedas sentado viendo como la vida pasa delante de tus ojos, como los demás aprovechan su tiempo y tú no, no lo has logrado.
Disfruta y exprime al máximo tu tiempo, si no quieres que este te pase factura.
Es un consejo de la mente de Mónica que últimamente está muy desorientada. Tampoco es mucho de fiar.
martes, 18 de junio de 2013
¿Esta soy yo?
¿Cómo he llegado a esto? Sinceramente, me lo pregunto a mí misma. ¿Cómo he llegado hasta aquí? A este nivel de "depresión", confusión y frustración. Ya no soy quien era, eso está más que claro. Ya no soy aquella niña-adolescente loca por vivir la vida. Esperando con ansia el verano y las navidades. Aquella chica la cual se podía llevar horas y horas siendo feliz. Escuchando y haciendo música, soñando con mis propios sueños hechos realidad. Diría que necesito volver a ser la de antes, pero aquella chica está perdida.
En una de nuestras múltiples discusiones acerca de mi estado, mi padre me preguntó qué me ha hecho cambiar. ¿La adolescencia? ¿Los pensamientos? ¿El amor? ¿Las amistades? ¿Los videojuegos? (Sí, esto último es gracioso. Se cree que soy adicta). Mi vitalidad se ha esfumado por completo pero es que ni yo misma sé por qué. Mi última opción ha sido consultar a un especialista, del cual estoy esperando cita. Tengo miedo. Miedo de que me diagnostiquen alguna enfermedad, como trastornos de personalidad. ¿De verdad esta soy yo? No me reconozco, joder. He ido cambiando poco a poco hasta convertirme en algo totalmente diferente. Mis aspiraciones siguen ahí, pero cada vez más difuminadas y difíciles de alcanzar. Mis ganas de la vida se han marchado, y no las puedo alcanzar.
Me paro a pensar y todo está confuso. ¿Sigo siendo yo? ¿Yo me comporto así o soy una persona totalmente diferente? Quizás esté en un período de transición. Pero, ¿transición a qué? ¿A la madurez? Vuelvo a repetir que todo está excesivamente confuso y oscuro.
Mi mente es un caos.
Mi vida se desmorona.
Mis sueños se esfuman.
Mis aspiraciones se desvanecen.
Mi cuerpo se estropea.
Y mientras tanto lo que queda de mí aquí sigue, esperando una jodida solución.
En una de nuestras múltiples discusiones acerca de mi estado, mi padre me preguntó qué me ha hecho cambiar. ¿La adolescencia? ¿Los pensamientos? ¿El amor? ¿Las amistades? ¿Los videojuegos? (Sí, esto último es gracioso. Se cree que soy adicta). Mi vitalidad se ha esfumado por completo pero es que ni yo misma sé por qué. Mi última opción ha sido consultar a un especialista, del cual estoy esperando cita. Tengo miedo. Miedo de que me diagnostiquen alguna enfermedad, como trastornos de personalidad. ¿De verdad esta soy yo? No me reconozco, joder. He ido cambiando poco a poco hasta convertirme en algo totalmente diferente. Mis aspiraciones siguen ahí, pero cada vez más difuminadas y difíciles de alcanzar. Mis ganas de la vida se han marchado, y no las puedo alcanzar.
Me paro a pensar y todo está confuso. ¿Sigo siendo yo? ¿Yo me comporto así o soy una persona totalmente diferente? Quizás esté en un período de transición. Pero, ¿transición a qué? ¿A la madurez? Vuelvo a repetir que todo está excesivamente confuso y oscuro.
Mi mente es un caos.
Mi vida se desmorona.
Mis sueños se esfuman.
Mis aspiraciones se desvanecen.
Mi cuerpo se estropea.
Y mientras tanto lo que queda de mí aquí sigue, esperando una jodida solución.
viernes, 7 de junio de 2013
Querida yo dentro de diez años:
Sé que esto es muy típico y mucha gente lo suele hacer, pero quiero probarme a mí misma. Quiero probar a ver si soy capaz de cumplir con mis objetivos, sueños y esperanzas. Si soy capaz de luchar por lo que me gusta, de mejorar mi situación y conseguir lo que de verdad quiero. Por eso estoy haciendo esta entrada, hablándole a mi yo dentro de diez años, osea con 25 años. Allá voy.
Supongo que si no ha habido ninguna catástrofe y no ha habido ninguna rabieta que me haya hecho borrar este blog, dentro de diez años si me acuerdo, estaré leyendo esta entrada. Bien. Quiero que te pares a pensar un momento en si las logrado lo que en realidad, siempre quise: escribir y hacer música. Me da igual que no esté conseguido del todo, pero ¿está en camino? ¿Sigues escribiendo, cantando y tocando el piano? ¿Sigues publicándolo en las redes sociales?¿O lo has conseguido ya?
La verdad es que ahora, con escasos quince años me parece una locura que mi yo de veinticinco viva de la música y/o la escritura. Me gustaría que tú, Mónica del futuro, estés sonriendo ahora mismo. Estés feliz al saber que has cumplido con las expectativas que teníamos. Que hayas madurado y que tengas los pies bien puestos sobre la tierra, hayas llegado muy lejos o no. También me gustaría que siguieras adelante con todos los sueños que tienes, y si ya los has alcanzado, que trabajes duro para que no se te escapen de la mano.
Me parece una completa locura estar escribiendo esto, es como... ¿de verdad me voy a acordar dentro de diez años? ¿De verdad nunca me rendiré? Supongo que si dentro de esos años no he conseguido mis sueños sería muy difícil remontarlos, pero aún así quiero que lo sigas intentando. Mónica del futuro, aunque te esté hablando como a otra persona en realidad somos la misma, y quiero decirte que siempre fuiste una persona fuerte, entusiasta y un poco loca aunque en realidad tengas una mente oscura. Pero eso es lo que te hace especial. Y también todas tus ideas. Todos los proyectos e ideas que tienes rondando por tu cabeza. Todo eso... quiero que lo exprimas como a una naranja y le saques el máximo partido, y como ya he dicho tropecientas veces que cumplas nuestros sueños. Porque es lo único que mantiene en pie a las personas, los sueños y aspiraciones.
Supongo que si no ha habido ninguna catástrofe y no ha habido ninguna rabieta que me haya hecho borrar este blog, dentro de diez años si me acuerdo, estaré leyendo esta entrada. Bien. Quiero que te pares a pensar un momento en si las logrado lo que en realidad, siempre quise: escribir y hacer música. Me da igual que no esté conseguido del todo, pero ¿está en camino? ¿Sigues escribiendo, cantando y tocando el piano? ¿Sigues publicándolo en las redes sociales?¿O lo has conseguido ya?
La verdad es que ahora, con escasos quince años me parece una locura que mi yo de veinticinco viva de la música y/o la escritura. Me gustaría que tú, Mónica del futuro, estés sonriendo ahora mismo. Estés feliz al saber que has cumplido con las expectativas que teníamos. Que hayas madurado y que tengas los pies bien puestos sobre la tierra, hayas llegado muy lejos o no. También me gustaría que siguieras adelante con todos los sueños que tienes, y si ya los has alcanzado, que trabajes duro para que no se te escapen de la mano.
Me parece una completa locura estar escribiendo esto, es como... ¿de verdad me voy a acordar dentro de diez años? ¿De verdad nunca me rendiré? Supongo que si dentro de esos años no he conseguido mis sueños sería muy difícil remontarlos, pero aún así quiero que lo sigas intentando. Mónica del futuro, aunque te esté hablando como a otra persona en realidad somos la misma, y quiero decirte que siempre fuiste una persona fuerte, entusiasta y un poco loca aunque en realidad tengas una mente oscura. Pero eso es lo que te hace especial. Y también todas tus ideas. Todos los proyectos e ideas que tienes rondando por tu cabeza. Todo eso... quiero que lo exprimas como a una naranja y le saques el máximo partido, y como ya he dicho tropecientas veces que cumplas nuestros sueños. Porque es lo único que mantiene en pie a las personas, los sueños y aspiraciones.
miércoles, 5 de junio de 2013
Capítulo 10.
Creo que me estoy despertando. Sí, lo confirmo porque veo algo más que negro, veo una luz filtrarse por mis ojos. Hoy es sábado, y aunque no haya instituto tendré que estudiar para algunos exámenes finales que tengo. Debería levantarme ya, así que abro los ojos y me quedo a cuadros. Estupefacta. Sin respiración. Bloqueada.
¿DÓNDE ESTOY?
Miro a mi alrededor. Es una casita, y pocos segundos después me doy cuenta de que estoy encima de un árbol. Inmediatamente recuerdo. Mis sueños.
¿Sigo soñando o es que he venido aquí realmente? Lo más normal y lógico, es pensar que sigo soñando. Pero sé diferenciar muy bien entre un sueño y la vida real. Hago lo típico, lo que todo el mundo ha visto en las series y películas, y me pellizco el brazo. Duele. Eso parece una mala señal, porque se supone que es real. Me examino los bolsillos y no tengo nada. Ni móvil, ni llaves, nada. No llevo el pijama con el que me acosté. Esto es realmente extraño, en mayúsculas y subrayado. Me paro un momento a recapacitar, aunque parece que el corazón se me va a salir del pecho.
Llevo un tiempo soñando cosas extrañas, pero sólo eran sueños. Ahora estoy... ¿dentro? Según todo lo que había soñado anteriormente, yo estaba "atrapada" en este mundo, pero no sabía ni por qué ni para qué. ¿Estaré atrapada de verdad?
Mi mente es un caos. No consigo tener las ideas claras. De repente, Diana, mi nueva gata, se acerca y me acaricia con el hocico. Lo siento. Lo siento de verdad, siento como la gata me acaricia, siento el olor a bosque, y cuando bajo las escaleras siento la brisa. El sentimiento es la señal de que estamos vivos, y eso no puede significar otra cosa. Estoy viva, sí. Pero no en mi mundo.
Por extraño que parezca no me entran ganas de llorar, aunque estoy muy asustada. No sé que me deparará, pero he decido tomarme esto como una historia, un cuento. Conforme a los anteriores sueños, voy a seguir. ¿Algún día tendrá que terminar, no? Y cuando termine, supongo que volveré a mi hogar. Es el esquema que me he planteado en los minutos que me he tomado para reflexionar.
Lo primero es que Emily había desaparecido. Lo más seguro es que se la hayan llevado, porque no creo que haya conseguido escapar. Iré a consultar a Ed, ya que por lo que sé, es un buen amigo. Es una sensación extraña. Soy Gwendolyd, la chica de ciudad. Pero a la misma vez soy la de aquí, la de Aurum. La que se había acostumbrado a cazar animales e incluso creó su propia guarida. Siento como dos personalidades dentro de mí, y no consigo acostumbrarme.
Me da miedo que Diana se escape, así que no la saco de la casa. Si camino un par de minutos llegaré a un pequeño río que pasa, así que ahí podré lavarme la cara, manos y pies por lo menos. Llego y me aseo, a la vez que me quejo de lo fría que está el agua, aunque no estoy para quejarme en estos momentos. También tengo hambre, así que cuando llegue a la casa, me comeré la manzana que tenía guardada, antes de que se estropee.
Termino mi estancia en el río, y vuelvo junto a mi nueva gata antes de que intente escaparse. Una vez en la casita, busco la manzana en la mochila, y mientras le doy un mordisco bebo un poco de agua. Pienso también en lo sedienta y hambrienta que estará Diana, así que le doy agua en la tapa de un bote y cuando me termino la manzana, salgo a recolectar algunas frutas.
Lo mejor de esto, es que aunque nunca he cogido frutas de un bosque, mi yo de aquí sabe dónde encontrarlas. Si ando un poco me toparé con un campo en el que hay manzanos, naranjos y demás árboles. Como no puedo pelar las naranjas, supongo que cogeré manzanas. La tarea más complicada es conseguir que no me pillen. Si me ven robando comida, seguramente me matarán, o eso supongo. Así que me ando con mucha cautileza y me adentro en el pequeño campo. No hay nadie a la vista, aunque será mejor que me de prisa. Traigo la mochila preparada, abierta. Cogeré unas cinco manzanas y me largaré, no quiero más problemas.
El plan sale tal cual lo planeado, así que me marcho contenta pensando en lo contenta que se pondrá mi gata cuando le de algo de comer. Mientras tanto canto una canción, que no viene a cuento, pero se me ha venido a la cabeza y me entran ganas de cantarla.
You and I walk a fragile line,
I have know it all this time
but I never thought I'd live to see it break...
Haunted de Taylor Swift me gusta, y sobretodo en esta situación. Paseando por el bosque, donde no hace ni frío ni calor. Donde nadie te molesta con sus quejas o reclamaciones y donde sólo tienen la palabra los pajarillos y las hojas. Donde el ulular de los búhos te atrapa por la noche y la ausencia total de presencia humana se desvanece por completo. Se siente bien.
Mientras ando sigo pensando en todo esto. Es que sólo llevo una media hora "encerrada" de verdad aquí y me estoy acostumbrando. Como si la de los sueños fuera yo intercambiando los mundos. Sigo teniendo hambre así que cojo una de las manzanas y también me la como. Tendré que volver más por allí porque tienen unas frutas muy buenas, aunque siempre se corre un gran riesgo. Tengo que darme prisa, darle de comer a Diana e ir a ver a Ed. Necesito centrarme más y saber por qué y para qué estoy aquí. Para ello aligero el paso y llego a mi destino.
Otra vez me sorprendo. La gata no se ha movido, sólo que en vez de estar en la pequeña cama, está en la mesa. Es realmente buena y obediente para haberla sacado de la calle. Cojo una de las manzanas y la parto lo mejor que puedo con las manos, ya que no tengo ni cuchillo ni objetos punzantes. Aunque me lleno todas las manos, Diana se acerca enseguida y comienza a devorar el sabroso bocado. Está muy delgada, ojalá consiga recuperar su cuerpo original. Al terminar no se vuelve a tumbar y explora la pequeña casita, pero no tenemos tiempo. Me cuelgo la mochila y dejo la manta ahí, espero volver y pasar aquí más tiempo hasta solucionarlo todo, aunque si me ocurre algo por el camino me despido del lugar y con Diana a cuestas bajo las escaleras y me dirijo a casa de Ed. Es casi la hora de comer, espero encontrármelo en la carpintería y poder hablar con él. Recuerdo que tenía que pasar desapercibida así que me pongo el gorro y escondo a mi gata dentro de la chaqueta cuando llego a la ciudad. Todo el mundo sigue igual de raro que en el último sueño. ¿Pero qué habrá ocurrido? ¿Tendrá algo que ver conmigo? Sigo mi camino y por fin llego a la carpintería de Ed, donde está a punto de cerrar. El hombre no me saluda, simplemente deja su trabajo cuando me ve y me hace un gesto con el cual lo sigo hasta un pequeño almacén que tiene con madera, allí podremos hablar mejor y en privado. Suelto a Diana. Entonces, él empieza a hablar:
–¿Qué haces aquí, Gwen?
–Necesito que me ayudes, aunque tú creas que soy huérfana no lo soy. Vine a este mundo, sí, pero ahora creo que todo ha cambiado. La de antes no era yo, ¿sabes? Era mi yo en mis sueños. Ahora... Soy Gwendolyd de verdad, y me estoy asustando.
Él se queda sin palabras. Me mira con expresión de preocupación y sentimiento de culpa. ¿Sabría él algo? Enseguida, me lo confirma:
–Ya, ya lo sé -está muy frío, como si no le gustara hablar de este tema.
–Y... ¿Por qué? Estoy muy confusa y preocupada. ¿Podré volver a mi mundo real? Me gustaba este lugar, pero sólo en sueños.
–A ver. Yo no sé más que leyendas. Para responder a todas tus preguntas lo mejor es entregarte a las autoridades o...
–¿Entregarme? ¿No dijiste que me podrían matar?
–Más o menos. ¡Quieres escucharme! -De repente se da cuenta de que ha sonado demasiado borde, así que para compensarlo me da una palmada en el hombro y una sonrisa-. Conozco a alguien que podría ayudarte. Pero tendrás que viajar bastante.
–Me da igual lo que tenga que hacer, mientras pueda conseguir todas las respuestas. Además, Emily ha desaparecido.
–Tendrás que ir hasta Azelled, ¿recuerdas dónde es?
–Donde viven los duendes, hadas y elfos. Lo recuerdo.
–Bien. No es la ciudad que te pilla más lejos, pero a pie tardarás una semana, más o menos. No creo que puedas conseguirlo a pie.
Cuando Ed dijo que iba a tardar una semana en llegar a mi destino se me rompieron los esquemas. ¿De verdad iba a tardar tanto? ¿Qué iba a pasar con Emily mientras tanto? Además, no puedo almacenar comida para una semana y después volver. Es imposible.
–¿No hay alternativas? -pregunto, desesperada.
–Allí vive un hada que puede contarte todo lo que necesites saber sobre la leyenda. No, es la única persona que la conoce a la perfección aparte de las autoridades. La gente como yo sólo ha escuchado rumores que cambian constantemente, así que prefiero no contar nada y que te lo expliquen bien. -A continuación, Ed respira hondo y vuelva a hablar-. Voy a hacer un favor muy extra contigo, pero porque creo en ti de verdad y sé que lo necesitas, ¿de acuerdo?
–De acuerdo -no tengo ni idea sobre lo que va a hacer Ed, pero tengo buenos presentimientos.
–Voy a dejarte prestado mi caballo. Tampoco es el mejor del mundo. Está un poco sucio y es muy joven todavía, pero es lo suficiente como para que puedas llegar allí en unos tres días.
–Me sigue pareciendo mucho tiempo, pero me parece estupendo. Muchísimas gracias, Ed. Gracias por ayudarme, eres la única persona en la que puedo confiar, ahora que Emily no está. Volveré lo antes posible y te daré noticias de lo ocurrido.
–Eso espero. Y recuerda, intenta evitar los caminos principales. Si puedes, ataja todo lo que puedas. Vente al anochecer y parte hacia tu destino, te será más fácil salir de aquí de noche. Suerte.
Y con esas palabras se despide, mientras lo acompañamos de gestos con las manos, a modo de despedida. Me vuelvo a poner la capucha, cojo a Diana y la meto dentro de mí. En realidad no me lo creo, he pasado de hacer deberes y exámenes a estar viviendo una aventura completamente. Es mágico, pero a la vez intrépido.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y pulsa este botón: Twittear
¿DÓNDE ESTOY?
Miro a mi alrededor. Es una casita, y pocos segundos después me doy cuenta de que estoy encima de un árbol. Inmediatamente recuerdo. Mis sueños.
¿Sigo soñando o es que he venido aquí realmente? Lo más normal y lógico, es pensar que sigo soñando. Pero sé diferenciar muy bien entre un sueño y la vida real. Hago lo típico, lo que todo el mundo ha visto en las series y películas, y me pellizco el brazo. Duele. Eso parece una mala señal, porque se supone que es real. Me examino los bolsillos y no tengo nada. Ni móvil, ni llaves, nada. No llevo el pijama con el que me acosté. Esto es realmente extraño, en mayúsculas y subrayado. Me paro un momento a recapacitar, aunque parece que el corazón se me va a salir del pecho.
Llevo un tiempo soñando cosas extrañas, pero sólo eran sueños. Ahora estoy... ¿dentro? Según todo lo que había soñado anteriormente, yo estaba "atrapada" en este mundo, pero no sabía ni por qué ni para qué. ¿Estaré atrapada de verdad?
Mi mente es un caos. No consigo tener las ideas claras. De repente, Diana, mi nueva gata, se acerca y me acaricia con el hocico. Lo siento. Lo siento de verdad, siento como la gata me acaricia, siento el olor a bosque, y cuando bajo las escaleras siento la brisa. El sentimiento es la señal de que estamos vivos, y eso no puede significar otra cosa. Estoy viva, sí. Pero no en mi mundo.
Por extraño que parezca no me entran ganas de llorar, aunque estoy muy asustada. No sé que me deparará, pero he decido tomarme esto como una historia, un cuento. Conforme a los anteriores sueños, voy a seguir. ¿Algún día tendrá que terminar, no? Y cuando termine, supongo que volveré a mi hogar. Es el esquema que me he planteado en los minutos que me he tomado para reflexionar.
Lo primero es que Emily había desaparecido. Lo más seguro es que se la hayan llevado, porque no creo que haya conseguido escapar. Iré a consultar a Ed, ya que por lo que sé, es un buen amigo. Es una sensación extraña. Soy Gwendolyd, la chica de ciudad. Pero a la misma vez soy la de aquí, la de Aurum. La que se había acostumbrado a cazar animales e incluso creó su propia guarida. Siento como dos personalidades dentro de mí, y no consigo acostumbrarme.
Me da miedo que Diana se escape, así que no la saco de la casa. Si camino un par de minutos llegaré a un pequeño río que pasa, así que ahí podré lavarme la cara, manos y pies por lo menos. Llego y me aseo, a la vez que me quejo de lo fría que está el agua, aunque no estoy para quejarme en estos momentos. También tengo hambre, así que cuando llegue a la casa, me comeré la manzana que tenía guardada, antes de que se estropee.
Termino mi estancia en el río, y vuelvo junto a mi nueva gata antes de que intente escaparse. Una vez en la casita, busco la manzana en la mochila, y mientras le doy un mordisco bebo un poco de agua. Pienso también en lo sedienta y hambrienta que estará Diana, así que le doy agua en la tapa de un bote y cuando me termino la manzana, salgo a recolectar algunas frutas.
Lo mejor de esto, es que aunque nunca he cogido frutas de un bosque, mi yo de aquí sabe dónde encontrarlas. Si ando un poco me toparé con un campo en el que hay manzanos, naranjos y demás árboles. Como no puedo pelar las naranjas, supongo que cogeré manzanas. La tarea más complicada es conseguir que no me pillen. Si me ven robando comida, seguramente me matarán, o eso supongo. Así que me ando con mucha cautileza y me adentro en el pequeño campo. No hay nadie a la vista, aunque será mejor que me de prisa. Traigo la mochila preparada, abierta. Cogeré unas cinco manzanas y me largaré, no quiero más problemas.
El plan sale tal cual lo planeado, así que me marcho contenta pensando en lo contenta que se pondrá mi gata cuando le de algo de comer. Mientras tanto canto una canción, que no viene a cuento, pero se me ha venido a la cabeza y me entran ganas de cantarla.
You and I walk a fragile line,
I have know it all this time
but I never thought I'd live to see it break...
Haunted de Taylor Swift me gusta, y sobretodo en esta situación. Paseando por el bosque, donde no hace ni frío ni calor. Donde nadie te molesta con sus quejas o reclamaciones y donde sólo tienen la palabra los pajarillos y las hojas. Donde el ulular de los búhos te atrapa por la noche y la ausencia total de presencia humana se desvanece por completo. Se siente bien.
Mientras ando sigo pensando en todo esto. Es que sólo llevo una media hora "encerrada" de verdad aquí y me estoy acostumbrando. Como si la de los sueños fuera yo intercambiando los mundos. Sigo teniendo hambre así que cojo una de las manzanas y también me la como. Tendré que volver más por allí porque tienen unas frutas muy buenas, aunque siempre se corre un gran riesgo. Tengo que darme prisa, darle de comer a Diana e ir a ver a Ed. Necesito centrarme más y saber por qué y para qué estoy aquí. Para ello aligero el paso y llego a mi destino.
Otra vez me sorprendo. La gata no se ha movido, sólo que en vez de estar en la pequeña cama, está en la mesa. Es realmente buena y obediente para haberla sacado de la calle. Cojo una de las manzanas y la parto lo mejor que puedo con las manos, ya que no tengo ni cuchillo ni objetos punzantes. Aunque me lleno todas las manos, Diana se acerca enseguida y comienza a devorar el sabroso bocado. Está muy delgada, ojalá consiga recuperar su cuerpo original. Al terminar no se vuelve a tumbar y explora la pequeña casita, pero no tenemos tiempo. Me cuelgo la mochila y dejo la manta ahí, espero volver y pasar aquí más tiempo hasta solucionarlo todo, aunque si me ocurre algo por el camino me despido del lugar y con Diana a cuestas bajo las escaleras y me dirijo a casa de Ed. Es casi la hora de comer, espero encontrármelo en la carpintería y poder hablar con él. Recuerdo que tenía que pasar desapercibida así que me pongo el gorro y escondo a mi gata dentro de la chaqueta cuando llego a la ciudad. Todo el mundo sigue igual de raro que en el último sueño. ¿Pero qué habrá ocurrido? ¿Tendrá algo que ver conmigo? Sigo mi camino y por fin llego a la carpintería de Ed, donde está a punto de cerrar. El hombre no me saluda, simplemente deja su trabajo cuando me ve y me hace un gesto con el cual lo sigo hasta un pequeño almacén que tiene con madera, allí podremos hablar mejor y en privado. Suelto a Diana. Entonces, él empieza a hablar:
–¿Qué haces aquí, Gwen?
–Necesito que me ayudes, aunque tú creas que soy huérfana no lo soy. Vine a este mundo, sí, pero ahora creo que todo ha cambiado. La de antes no era yo, ¿sabes? Era mi yo en mis sueños. Ahora... Soy Gwendolyd de verdad, y me estoy asustando.
Él se queda sin palabras. Me mira con expresión de preocupación y sentimiento de culpa. ¿Sabría él algo? Enseguida, me lo confirma:
–Ya, ya lo sé -está muy frío, como si no le gustara hablar de este tema.
–Y... ¿Por qué? Estoy muy confusa y preocupada. ¿Podré volver a mi mundo real? Me gustaba este lugar, pero sólo en sueños.
–A ver. Yo no sé más que leyendas. Para responder a todas tus preguntas lo mejor es entregarte a las autoridades o...
–¿Entregarme? ¿No dijiste que me podrían matar?
–Más o menos. ¡Quieres escucharme! -De repente se da cuenta de que ha sonado demasiado borde, así que para compensarlo me da una palmada en el hombro y una sonrisa-. Conozco a alguien que podría ayudarte. Pero tendrás que viajar bastante.
–Me da igual lo que tenga que hacer, mientras pueda conseguir todas las respuestas. Además, Emily ha desaparecido.
–Tendrás que ir hasta Azelled, ¿recuerdas dónde es?
–Donde viven los duendes, hadas y elfos. Lo recuerdo.
–Bien. No es la ciudad que te pilla más lejos, pero a pie tardarás una semana, más o menos. No creo que puedas conseguirlo a pie.
Cuando Ed dijo que iba a tardar una semana en llegar a mi destino se me rompieron los esquemas. ¿De verdad iba a tardar tanto? ¿Qué iba a pasar con Emily mientras tanto? Además, no puedo almacenar comida para una semana y después volver. Es imposible.
–¿No hay alternativas? -pregunto, desesperada.
–Allí vive un hada que puede contarte todo lo que necesites saber sobre la leyenda. No, es la única persona que la conoce a la perfección aparte de las autoridades. La gente como yo sólo ha escuchado rumores que cambian constantemente, así que prefiero no contar nada y que te lo expliquen bien. -A continuación, Ed respira hondo y vuelva a hablar-. Voy a hacer un favor muy extra contigo, pero porque creo en ti de verdad y sé que lo necesitas, ¿de acuerdo?
–De acuerdo -no tengo ni idea sobre lo que va a hacer Ed, pero tengo buenos presentimientos.
–Voy a dejarte prestado mi caballo. Tampoco es el mejor del mundo. Está un poco sucio y es muy joven todavía, pero es lo suficiente como para que puedas llegar allí en unos tres días.
–Me sigue pareciendo mucho tiempo, pero me parece estupendo. Muchísimas gracias, Ed. Gracias por ayudarme, eres la única persona en la que puedo confiar, ahora que Emily no está. Volveré lo antes posible y te daré noticias de lo ocurrido.
–Eso espero. Y recuerda, intenta evitar los caminos principales. Si puedes, ataja todo lo que puedas. Vente al anochecer y parte hacia tu destino, te será más fácil salir de aquí de noche. Suerte.
Y con esas palabras se despide, mientras lo acompañamos de gestos con las manos, a modo de despedida. Me vuelvo a poner la capucha, cojo a Diana y la meto dentro de mí. En realidad no me lo creo, he pasado de hacer deberes y exámenes a estar viviendo una aventura completamente. Es mágico, pero a la vez intrépido.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y pulsa este botón: Twittear
martes, 4 de junio de 2013
Bad Day.
Esta entrada se la dedico a una canción. No sé si es sólo mi situación o a alguno de vosotros os ha pasado también, pero os cuento un poco.
Estas en tu casa, en el coche, o en alguna fiesta, donde sea. De repente suena una canción. Te gusta. Pero no haces más que escucharla y apenarte cuando se termina. Dentro de x tiempo, la vuelves a escuchar. Entonces la recuerdas, e intentas retener el nombre, el artista o las dos cosas en tu mente, para buscarla más adelante. El caso, es que se te olvida, y así te pasas otra vez x tiempo.
Pero ahora viene el cambio. Un día cualquiera estás en tu casa, aburrido, o estudiando, o trabajando, o haciendo cualquier tarea, y de repente la recuerdas. Es ésa canción. La cual te encantan tanto.
No sé si estoy un poco loca, o es que la canción me ha enamorado. Porque el ser humano es así de sensible. Pero me gustaría dejaros la canción, y explicaros un poco de qué va, y por qué me gusta tanto.
Se llama Bad Day, la verdad es que nunca he escuchado hablar sobre este artista. La escuché una vez en MTV y ahora se ha convertido en una de mis canciones favoritas. Según sé, Daniel escribió esta canción que traducida significa "mal día", porque estaba en un período de desintoxicación del alcohol, ya que era alcohólico. Cuenta como se pasa cuando estás mal, y por lo menos ahora me siento algo identificada, aunque yo no esté metida en drogas (aquí vendría un equisdé pero quedaría mal así que no lo pongo).
You're faking a smile with the coffe you go (Finges una sonrisa mientras llevas el café)
You tell me your life's been way off line (Dices que tu vida se ha salido de la línea)
You're falling to pieces every time. (Te rompes en pedazos todo el tiempo)
Creo que todo el mundo se ha sentido así alguna vez. Fingiendo para que no sospechen, sintiéndose perdido y roto todo el rato. Por eso me encanta esta canción, habla de la realidad. De como son las cosas cuando lo pasas mal.
Pero sobre todo la canción tiene la magia, de que aunque sea una canción triste, animarte si tienes un mal día.
Así que bueno, dejo ya de escribir esto, escuchad la canción y juzgar vosotros mismos, si me dejarais algún comentario con vuestra opinión me encantaría.
Estas en tu casa, en el coche, o en alguna fiesta, donde sea. De repente suena una canción. Te gusta. Pero no haces más que escucharla y apenarte cuando se termina. Dentro de x tiempo, la vuelves a escuchar. Entonces la recuerdas, e intentas retener el nombre, el artista o las dos cosas en tu mente, para buscarla más adelante. El caso, es que se te olvida, y así te pasas otra vez x tiempo.
Pero ahora viene el cambio. Un día cualquiera estás en tu casa, aburrido, o estudiando, o trabajando, o haciendo cualquier tarea, y de repente la recuerdas. Es ésa canción. La cual te encantan tanto.
No sé si estoy un poco loca, o es que la canción me ha enamorado. Porque el ser humano es así de sensible. Pero me gustaría dejaros la canción, y explicaros un poco de qué va, y por qué me gusta tanto.
Se llama Bad Day, la verdad es que nunca he escuchado hablar sobre este artista. La escuché una vez en MTV y ahora se ha convertido en una de mis canciones favoritas. Según sé, Daniel escribió esta canción que traducida significa "mal día", porque estaba en un período de desintoxicación del alcohol, ya que era alcohólico. Cuenta como se pasa cuando estás mal, y por lo menos ahora me siento algo identificada, aunque yo no esté metida en drogas (aquí vendría un equisdé pero quedaría mal así que no lo pongo).
You're faking a smile with the coffe you go (Finges una sonrisa mientras llevas el café)
You tell me your life's been way off line (Dices que tu vida se ha salido de la línea)
You're falling to pieces every time. (Te rompes en pedazos todo el tiempo)
Creo que todo el mundo se ha sentido así alguna vez. Fingiendo para que no sospechen, sintiéndose perdido y roto todo el rato. Por eso me encanta esta canción, habla de la realidad. De como son las cosas cuando lo pasas mal.
Pero sobre todo la canción tiene la magia, de que aunque sea una canción triste, animarte si tienes un mal día.
Así que bueno, dejo ya de escribir esto, escuchad la canción y juzgar vosotros mismos, si me dejarais algún comentario con vuestra opinión me encantaría.
sábado, 1 de junio de 2013
Capítulo 9.
Abro la puerta fuerte, y grito el nombre de Emily. Nadie contesta. La vuelvo a llamar, pero no hay respuesta. Está todo revuelto, nos han quitado nuestras reservas de comida y mi arco. Todo lo que necesitábamos para vivir. Sólo me quedan los cuchillos, que los llevo en la mochila. Sigo gritando, desesperada, a mi amiga. Pero he de aceptar que no está aquí. ¿Quién ha podido venir y llevársela? ¿Para qué? ¿Por qué?
Me siento en la cama, frustrada. De repente se me saltan un poco las lágrimas, pero enseguida me las seco y respiro con tranquilidad. No puedo rendirme ahora, quedarme aquí llorando no serviría para nada. Es más, sea quién sea quién ha venido, ya sabe donde venir. Vendrán a por mí, quizás vinieron a por mí y yo no estaba, aunque Emily también tiene razones para ser buscada.
Debo salir de aquí. Ya es de noche, así que no puedo hablar con nadie. Hace tiempo que no veo a Ed, porque hace poco tuvo a su cuarto hijo, y casi no da abasto. Al final decido irme otra vez a la casa en el árbol, aunque llegaré bastante tarde, es más seguro que quedarme aquí, pasaré la noche y mañana pensaré en algún plan para saber lo ocurrido y recuperar a Emily. Así que rápidamente, rebusco entre las pocas cosas que han dejado, cojo una manta y un arco que tenía guardado bajo unas tablas. No han dejado nada más, ni siquiera una bombona enana que teníamos para cocinar fuera de casa, lo han saqueado todo.
Salgo del refugio, no sin antes echarle una última mirada, porque sabía que tenía muchas probabilidades de que esta fuera la última vez que salgo por esa puerta. Camino por las calles, es de noche y hace frío, aunque es soportable. Entonces, algo me llama la atención. En una esquina, hay un gato maullando. No tiene ni dos cabezas o colas, ni es fluorescente o tiene un tacto raro. Es un gato simple, gris con rayas medio negras, como los que hay en mi mundo. Tiene unos ojazos verdes, y al acercarme a él no se espanta. Parece que lleva días sin comer, y que ha sido maltratado. Decido llevármelo, y que me haga compañía. Tampoco es muy grande, y por sorprendente que parezca no se queja nada al cogerlo en brazos. Es más, cierra los ojos poco a poco y se va quedando dormido. Me parece increíble. Llego al bosque, y entonces es cuando llega el verdadero reto. Si andando rápido entre los árboles, llego en media hora a la casita, teniendo cuidado y más con el gato en brazos, tardaré una hora como mínimo.
Con paciencia y prestando mucha atención, en una hora y pocos minutos consigo llegar a mi antiguo escondite, el cual habrá que reformar un poco porque parece que pasaré aquí algo más que una noche. Una vez llego a la casita, busco por los alrededores y lo encuentro: Velas. Me acuerdo que le pregunté a Ed si aquí había electricidad, y me dijo que sí. Por lo que era obvio que existían mecheros, así que compré uno que tampoco usé en abundancia después de abandonar este lugar. Pero aquí, por las noches, me servía de mucho, porque no hay corriente eléctrica.
Enciendo un par de velas y miro con más atención al gato que he recogido. Corrijo, gata. En algunas partes le falta pelo, a causa de quemaduras o dios sabe el qué. Está muy sucia, pero a pesar de todo no cojea, tiene los dos ojos y no parece tener nada grave, simplemente una vida desafortunada, como Emily y yo. Le limpio lo que puedo con las manos, y como no puedo lavarlo con agua, espero que al estar en un entorno más cuidado deje de acumular suciedad y en unos días parezca una gata normal. Supongo que tendrá hambre así que rebusco un poco en mi mochila, y saco una botella de agua, una manzana, algunas almendras y, como si el destino hubiera querido ser bueno conmigo después de lo de Emily, encuentro un bote con un poco de leche. A lo mejor Emily la consiguió en algún sitio y la metió en mi mochila para darme una sorpresa, aunque es verdad que no he abierto la mochila en toda la tarde, por lo que yo también tengo hambre. Decido comerme las almendras y darle a mi gata el poco de leche que tenía, poniéndolo en la tapa del bote, la cual es bastante grande.
Tengo que ponerle un nombre. La verdad es que no sé muy bien cual escoger porque ahora mismo mi cuerpo no da abasto para más, entre lo de Emily y la pérdida de mi casa... Esta pobre gata es lo único bueno que me ha pasado. Sin pensarlo mucho la empezaré a llamar por el nombre de Diana, en honor a mi mejor amiga, a la cual hecho tantísimo de menos.
Lo terminamos todo y decido dormir, a lo mejor mañana tengo las ideas más claras, aunque no puedo dormirme en los laureles. Haré todo lo que esté en mi mano para proteger a Emily, sólo tiene catorce años. Aunque ya es bastante mayor y yo ni siquiera alcanzo la mayoría de edad, yo he tenido siempre más mano dura que ella, y por lo tanto sobrevivo mucho mejor que ella. Qué le abran hecho... A lo mejor la han abandonado en el bosque, porque aquellos eran unos simples ladrones que querían robarnos y pasaban de ella. En el mejor de los casos, ella escuchó algún ruido extraño en la puerta, y escapó por la ventana, porque estaba rota, y saltando entre los tejados logró huir, aunque ahora estará sola y desamparada por alguna calle mugrienta. Ojalá me la hubiera traído hoy al bosque, ojalá se hubiera venido, o yo me hubiera quedado allí. No salimos apenas de allí, sólo yo para cazar, llevaba la semana entera sin venir al bosque más que para cazar, y justo el día que salgo... Me siento demasiado culpable por lo ocurrido, aunque no es del todo culpa mía, los remordimientos me comen por dentro. En un ataque de rabia, apago las velas de un soplido, y de repente todo se vuelve oscuro. Busco a tientas la mochila, y de ella saco la manta que me he traído. Me acurruco como puedo en el colchón de hojas y en menos de cinco segundos, Diana me sigue. Se hace una bola, y esconde su cabeza en mi cuello. Ronronea, y eso me hace sentir bien. Sentir que todavía queda esperanza, y que no tiene un mal final. Que si lucho por lo que quiero, al final recibiré una recompensa. Y que aunque se me oponga todo el mundo, y me propongan las pruebas más difíciles del universo, volveré a estar con Emily. Ahora mismo, salir de aquí ha dejado de ser mi mayor preocupación y la he sustituido por otra: Encontrar a mi amiga.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y pulsa este botón: Twittear
Me siento en la cama, frustrada. De repente se me saltan un poco las lágrimas, pero enseguida me las seco y respiro con tranquilidad. No puedo rendirme ahora, quedarme aquí llorando no serviría para nada. Es más, sea quién sea quién ha venido, ya sabe donde venir. Vendrán a por mí, quizás vinieron a por mí y yo no estaba, aunque Emily también tiene razones para ser buscada.
Debo salir de aquí. Ya es de noche, así que no puedo hablar con nadie. Hace tiempo que no veo a Ed, porque hace poco tuvo a su cuarto hijo, y casi no da abasto. Al final decido irme otra vez a la casa en el árbol, aunque llegaré bastante tarde, es más seguro que quedarme aquí, pasaré la noche y mañana pensaré en algún plan para saber lo ocurrido y recuperar a Emily. Así que rápidamente, rebusco entre las pocas cosas que han dejado, cojo una manta y un arco que tenía guardado bajo unas tablas. No han dejado nada más, ni siquiera una bombona enana que teníamos para cocinar fuera de casa, lo han saqueado todo.
Salgo del refugio, no sin antes echarle una última mirada, porque sabía que tenía muchas probabilidades de que esta fuera la última vez que salgo por esa puerta. Camino por las calles, es de noche y hace frío, aunque es soportable. Entonces, algo me llama la atención. En una esquina, hay un gato maullando. No tiene ni dos cabezas o colas, ni es fluorescente o tiene un tacto raro. Es un gato simple, gris con rayas medio negras, como los que hay en mi mundo. Tiene unos ojazos verdes, y al acercarme a él no se espanta. Parece que lleva días sin comer, y que ha sido maltratado. Decido llevármelo, y que me haga compañía. Tampoco es muy grande, y por sorprendente que parezca no se queja nada al cogerlo en brazos. Es más, cierra los ojos poco a poco y se va quedando dormido. Me parece increíble. Llego al bosque, y entonces es cuando llega el verdadero reto. Si andando rápido entre los árboles, llego en media hora a la casita, teniendo cuidado y más con el gato en brazos, tardaré una hora como mínimo.
Con paciencia y prestando mucha atención, en una hora y pocos minutos consigo llegar a mi antiguo escondite, el cual habrá que reformar un poco porque parece que pasaré aquí algo más que una noche. Una vez llego a la casita, busco por los alrededores y lo encuentro: Velas. Me acuerdo que le pregunté a Ed si aquí había electricidad, y me dijo que sí. Por lo que era obvio que existían mecheros, así que compré uno que tampoco usé en abundancia después de abandonar este lugar. Pero aquí, por las noches, me servía de mucho, porque no hay corriente eléctrica.
Enciendo un par de velas y miro con más atención al gato que he recogido. Corrijo, gata. En algunas partes le falta pelo, a causa de quemaduras o dios sabe el qué. Está muy sucia, pero a pesar de todo no cojea, tiene los dos ojos y no parece tener nada grave, simplemente una vida desafortunada, como Emily y yo. Le limpio lo que puedo con las manos, y como no puedo lavarlo con agua, espero que al estar en un entorno más cuidado deje de acumular suciedad y en unos días parezca una gata normal. Supongo que tendrá hambre así que rebusco un poco en mi mochila, y saco una botella de agua, una manzana, algunas almendras y, como si el destino hubiera querido ser bueno conmigo después de lo de Emily, encuentro un bote con un poco de leche. A lo mejor Emily la consiguió en algún sitio y la metió en mi mochila para darme una sorpresa, aunque es verdad que no he abierto la mochila en toda la tarde, por lo que yo también tengo hambre. Decido comerme las almendras y darle a mi gata el poco de leche que tenía, poniéndolo en la tapa del bote, la cual es bastante grande.
Tengo que ponerle un nombre. La verdad es que no sé muy bien cual escoger porque ahora mismo mi cuerpo no da abasto para más, entre lo de Emily y la pérdida de mi casa... Esta pobre gata es lo único bueno que me ha pasado. Sin pensarlo mucho la empezaré a llamar por el nombre de Diana, en honor a mi mejor amiga, a la cual hecho tantísimo de menos.
Lo terminamos todo y decido dormir, a lo mejor mañana tengo las ideas más claras, aunque no puedo dormirme en los laureles. Haré todo lo que esté en mi mano para proteger a Emily, sólo tiene catorce años. Aunque ya es bastante mayor y yo ni siquiera alcanzo la mayoría de edad, yo he tenido siempre más mano dura que ella, y por lo tanto sobrevivo mucho mejor que ella. Qué le abran hecho... A lo mejor la han abandonado en el bosque, porque aquellos eran unos simples ladrones que querían robarnos y pasaban de ella. En el mejor de los casos, ella escuchó algún ruido extraño en la puerta, y escapó por la ventana, porque estaba rota, y saltando entre los tejados logró huir, aunque ahora estará sola y desamparada por alguna calle mugrienta. Ojalá me la hubiera traído hoy al bosque, ojalá se hubiera venido, o yo me hubiera quedado allí. No salimos apenas de allí, sólo yo para cazar, llevaba la semana entera sin venir al bosque más que para cazar, y justo el día que salgo... Me siento demasiado culpable por lo ocurrido, aunque no es del todo culpa mía, los remordimientos me comen por dentro. En un ataque de rabia, apago las velas de un soplido, y de repente todo se vuelve oscuro. Busco a tientas la mochila, y de ella saco la manta que me he traído. Me acurruco como puedo en el colchón de hojas y en menos de cinco segundos, Diana me sigue. Se hace una bola, y esconde su cabeza en mi cuello. Ronronea, y eso me hace sentir bien. Sentir que todavía queda esperanza, y que no tiene un mal final. Que si lucho por lo que quiero, al final recibiré una recompensa. Y que aunque se me oponga todo el mundo, y me propongan las pruebas más difíciles del universo, volveré a estar con Emily. Ahora mismo, salir de aquí ha dejado de ser mi mayor preocupación y la he sustituido por otra: Encontrar a mi amiga.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y pulsa este botón: Twittear
Capítulo 8.
Intento pasar lo más desapercibida posible mientras voy de camino al bosque. Tal vez taparme con capucha y andar cabizbaja no sea la mejor manera de hacerlo, pero así por lo menos no me reconocen, aunque se me lancen muchas miradas. Ando lo más rápido que puedo, y cuando por fin salgo de la ciudad y el camino se hace más arenoso, me quito la capucha y ando más relajada.
Hoy hace un poco de sol, pero lo más seguro es que luego haga un poco de más frío, he incluso que llueva. Aquí la primavera es más que lluviosa, pero todo lo recompensará con un verano fresco y con toda la fauna vegetal más que viva. Prosigo mi camino durante bastantes minutos, observando cada flor, árbol y pequeño animal que se me aproxime, pero sin dejar de andar. Necesito llegar cuanto antes a mi destino porque le prometí a Emily que llegaría pronto.
En una media hora, he llegado a donde quería. Es una pequeña pero acogedora casa en el árbol, que construí cuando me vine aquí y no tenía hogar. Luego descubrí aquél refugio abandonado, que estaba mucho mejor puesto que aquí había muchas goteras y aparte podía ser descubierta antes, aunque estuviera en la parte más remota del bosque, donde creo que nadie ha venido mas que yo en bastante tiempo. Subo unas escaleras que construí aunque ya están siendo devoradas por la verdina y llego a la casa.
Vaya, cuánto tiempo hace que no vengo por aquí. La verdad es que está todo muy descuidado, aunque nunca lo tuve todo especialmente ordenado. Hay algunas bichos y bastantes hojas y florecillas. Aunque todo lo compensa los finos rayos de luz que entran por el tejado, iluminan el lugar de una forma tan mágica que parece irreal. Como sacado de un cuento, de una historia de fantasía. En realidad, estar aquí tiene sus ventajas, aunque dejo de pensar en eso y decido simplemente tumbarme en una especie de cama que hice, con algunas tablas de madera, una sábana y hojas secas.
Ahí tumbada, empiezo a recordar. Recuerdo cuando me sentía perdida y sin saber qué hacer, aunque rápidamente me puse manos a la obra, porque sabía que tenía que sobrevivir. Sabía que tenía que tener algún techo sobre el que protegerme, así que decidí hacerme una casa en un árbol, como había leído y escuchado tantas veces. No pensé que me fuera a salir, pero no tenía otra alternativa, crearía aquella casita y luego buscaría otro refugio más eficaz. Recuerdo que descubrí Valor y robé mucha madera del carpintero local, el cual se enfadó bastante, aunque un día me descubrió y, al contarle mi historia, accedió a mantenerlo todo en secreto a cambio de que le llevara algo de carne todas las semanas, y eso hago todos los domingos. También robé una gran sábana blanca de casa de la señorita Marie, a la cual le he asaltado varias veces, y dentro de nada lo volveré a hacer, esta vez acompañada de Emily. Por último, Ed, el carpintero me dejó los clavos suficientes para terminar mi trabajo, y con algunas cuerdas y troncos abandonados que encontré, reforcé la casa, hice la escalera y le puse unos pilares. Quedó un poco chapuza, pero al menos tenía donde pasar la noche. Los primeros días, Ed me enseñó cómo utilizar el arco y los puñales contra los animales, al principio no fue fácil porque nunca había matado a nadie más que a las moscas y mosquitos, pero cuando el hambre empezó a apretarme y me di cuenta de que robar a la panadera era demasiado arriesgado, y que además tenía que cazarle semanalmente a Ed, me di por vencida y decidí ver la realidad de una vez.
He de decir que desde que llegué a Aurum me he vuelto una persona muchísimo menos sedentaria. Antes me llevaba todo el día sentada frente al ordenador y sólo andaba para ir al instituto y el club de lectura. Ahora las cosas han cambiado muy drásticamente. Mi manera de vivir y actuar me recuerda un poco a una trilogía que leí hace tiempo, Los Juegos Del Hambre. Katniss tenía que cazar para sobrevivir y no tenía muchos lujos, que digamos. Aunque bueno, ella era así desde pequeña, se crió ahí, yo no. Yo vengo de un mundo automatizado en el que hay una política y un "chiringuito" montado, aquí no. Prácticamente no he salido de Valor y sus alrededores, pero Ed me ha contado un poco la historia de este lugar.
Me explicó por encima cómo se formó este sitio, y luego me explicó un poco sobre sus regiones. Me contó que en este pequeño planeta había dos tierras separadas. Me dijo que, para que nos entendiéramos, estaban los buenos y los malos, aunque nosotros estábamos dentro de los buenos y a veces nos trataban como a ratas. El territorio que ocupan los "malos" se llama Red Heaven, y no se sabe mucho de él. Sólo que allí habitan los vampiros, criaturas muy sobrenaturales, monstruos espeluznantes y humanos con un diferente "cableado" en el cerebro. Me los describió como personas que piensan que sólo piensan en la destrucción, como si fueran robots sin sentimientos. Estas dos tierras, Red Heaven y Aurum están desde tiempos inmemoriables en guerra por distintas razones, aunque ya es algo tradicional. Red Heaven posee menos terreno, bastante menos, aunque está formado simplemente por la gran ciudad y lo demás, es un desierto donde nunca sale el sol. Más bien, en todo Red Heaven, como su propio nombre indica, el cielo está casi siempre en rojo, o en alguno de esos tonos. Aurum sin embargo es diferente. A primera vista, se parece a mi planeta, la Tierra. (Por cierto, Ed no se creía mucho lo de que yo venía de otro planeta, pero cuenta con que soy una niña huérfana y, como si me atrapan me explotarán, por eso guarda mi secreto). Pero Aurum es mucho más que tierra con un clima. Viven criaturas fantásticas. En Valor viven los llamados humanos, como él y como yo. Pero también hay muchos estados diferentes, donde reinan otro tipo de seres mágicos. Para empezar está la ciudad principal, Allerim. Allí no viven muchas personas, solo los que controlan la política y demás quehaceres que tiene el gobernar. A parte también viven algunas familias con dinero, pero muy pocas. Es más un lugar para comerciar o ir a celebrar algo. Donde viven los humanos, Valor. Se ganan la vida con tareas como la carpintería, el suministro de comida... etc. Si cruzamos hacia la derecha todo el bosque (aunque hay caminos principales, pero hay que pagar un importe por pasar por ellos) llegamos a Azelleb. Allí viven seres tan diminutos como los duendes y las hadas, y en otra parte del lugar viven también los elfos. Ellos hacen perfumes, cremas... También tienen una repostería especial, aunque de todo esto más bien se encargan los duendes. Las hadas suelen vivir por su cuenta, aunque a veces, ayudan un poco con su magia, que tampoco es mucha. Los elfos son famosos por su agilidad, así que algunos se dedicaban al espectáculo, otros cazaban para los que no podían o también ganaban dinero a cambio de sus poderes mágicos. Un poco más al norte, nos encontramos con Azubari, la ciudad del agua. Allí vivían algunas sirenas y los demás son seres más extraños, que Ed no me supo definir. Suelen tener una cara corriente, aunque toda su piel es azul, y son más bajos, resbaladizos y nadadores que los humanos. Viven del turismo y de la pesca. Fuera del continente pero dentro de Aurum se encuentra Ignis, la ciudad del fuego. Son unos seres extraordinarios que suelen tener alguna llama de fuego en la cola y los que tienen más suerte, en la cabeza a modo de pelo. Son inmunes a esta materia y si aprenden la habilidad, pueden hacer que su propio fuego no le haga daño a las personas que él desee. Son muy autosuficientes. Entre Azubari y Azelleb hay un prado muy extenso en el que hay algunas casas, pero muy salteadas. Si seguimos avanzando, nos encontramos con Whinder y Torrem. Whinder es la ciudad de hielo, donde viven seres helados muy independientes y Torrem es donde viven los hombres piedra. Aquí viven sobre todo de las grandes cuevas y minas que hay, de donde sacan piedras preciosas o materiales como el carbón.
De repente despierto. Estaba soñando, pero no estaba dormida. Sólo soñaba despierta, es algo que suelo hacer. Me doy cuenta de que los finos rayos de luz ya no se filtran por el tejado de la casita, así que aunque no llevo reloj sé que es tarde, y que a lo mejor no llego a la hora prometida a casa de Emily. Bajo enseguida del lugar, y me prometo a mí misma volver más a menudo. Camino rápido por todo el bosque, porque orientarse por aquí cuando ha oscurecido del todo es muy difícil. Al final consigo salir antes de que anochezca, y si me doy todavía más prisa, a lo mejor consigo llegar al refugio antes de que sea de noche del todo. No hay casi nadie en las calles. Aunque no suele haberla a esta hora, hoy hay menos de lo normal, me parece extraño. Estoy exhausta, pero tengo que seguir hasta mi destino, Emily se pone nerviosa muy pronto, y se cree que la voy a abandonar, aunque hasta ella misma sabe que no sería capaz de algo así. Por fin diviso mi escondite y subo las escaleras a toda prisa, pero cuando llego a la puerta algo me detiene en seco. El corazón se me acelera y por unos instantes se me olvida hasta respirar.
La cerradura está forzada.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y dale a este botón: Twittear
Hoy hace un poco de sol, pero lo más seguro es que luego haga un poco de más frío, he incluso que llueva. Aquí la primavera es más que lluviosa, pero todo lo recompensará con un verano fresco y con toda la fauna vegetal más que viva. Prosigo mi camino durante bastantes minutos, observando cada flor, árbol y pequeño animal que se me aproxime, pero sin dejar de andar. Necesito llegar cuanto antes a mi destino porque le prometí a Emily que llegaría pronto.
En una media hora, he llegado a donde quería. Es una pequeña pero acogedora casa en el árbol, que construí cuando me vine aquí y no tenía hogar. Luego descubrí aquél refugio abandonado, que estaba mucho mejor puesto que aquí había muchas goteras y aparte podía ser descubierta antes, aunque estuviera en la parte más remota del bosque, donde creo que nadie ha venido mas que yo en bastante tiempo. Subo unas escaleras que construí aunque ya están siendo devoradas por la verdina y llego a la casa.
Vaya, cuánto tiempo hace que no vengo por aquí. La verdad es que está todo muy descuidado, aunque nunca lo tuve todo especialmente ordenado. Hay algunas bichos y bastantes hojas y florecillas. Aunque todo lo compensa los finos rayos de luz que entran por el tejado, iluminan el lugar de una forma tan mágica que parece irreal. Como sacado de un cuento, de una historia de fantasía. En realidad, estar aquí tiene sus ventajas, aunque dejo de pensar en eso y decido simplemente tumbarme en una especie de cama que hice, con algunas tablas de madera, una sábana y hojas secas.
Ahí tumbada, empiezo a recordar. Recuerdo cuando me sentía perdida y sin saber qué hacer, aunque rápidamente me puse manos a la obra, porque sabía que tenía que sobrevivir. Sabía que tenía que tener algún techo sobre el que protegerme, así que decidí hacerme una casa en un árbol, como había leído y escuchado tantas veces. No pensé que me fuera a salir, pero no tenía otra alternativa, crearía aquella casita y luego buscaría otro refugio más eficaz. Recuerdo que descubrí Valor y robé mucha madera del carpintero local, el cual se enfadó bastante, aunque un día me descubrió y, al contarle mi historia, accedió a mantenerlo todo en secreto a cambio de que le llevara algo de carne todas las semanas, y eso hago todos los domingos. También robé una gran sábana blanca de casa de la señorita Marie, a la cual le he asaltado varias veces, y dentro de nada lo volveré a hacer, esta vez acompañada de Emily. Por último, Ed, el carpintero me dejó los clavos suficientes para terminar mi trabajo, y con algunas cuerdas y troncos abandonados que encontré, reforcé la casa, hice la escalera y le puse unos pilares. Quedó un poco chapuza, pero al menos tenía donde pasar la noche. Los primeros días, Ed me enseñó cómo utilizar el arco y los puñales contra los animales, al principio no fue fácil porque nunca había matado a nadie más que a las moscas y mosquitos, pero cuando el hambre empezó a apretarme y me di cuenta de que robar a la panadera era demasiado arriesgado, y que además tenía que cazarle semanalmente a Ed, me di por vencida y decidí ver la realidad de una vez.
He de decir que desde que llegué a Aurum me he vuelto una persona muchísimo menos sedentaria. Antes me llevaba todo el día sentada frente al ordenador y sólo andaba para ir al instituto y el club de lectura. Ahora las cosas han cambiado muy drásticamente. Mi manera de vivir y actuar me recuerda un poco a una trilogía que leí hace tiempo, Los Juegos Del Hambre. Katniss tenía que cazar para sobrevivir y no tenía muchos lujos, que digamos. Aunque bueno, ella era así desde pequeña, se crió ahí, yo no. Yo vengo de un mundo automatizado en el que hay una política y un "chiringuito" montado, aquí no. Prácticamente no he salido de Valor y sus alrededores, pero Ed me ha contado un poco la historia de este lugar.
Me explicó por encima cómo se formó este sitio, y luego me explicó un poco sobre sus regiones. Me contó que en este pequeño planeta había dos tierras separadas. Me dijo que, para que nos entendiéramos, estaban los buenos y los malos, aunque nosotros estábamos dentro de los buenos y a veces nos trataban como a ratas. El territorio que ocupan los "malos" se llama Red Heaven, y no se sabe mucho de él. Sólo que allí habitan los vampiros, criaturas muy sobrenaturales, monstruos espeluznantes y humanos con un diferente "cableado" en el cerebro. Me los describió como personas que piensan que sólo piensan en la destrucción, como si fueran robots sin sentimientos. Estas dos tierras, Red Heaven y Aurum están desde tiempos inmemoriables en guerra por distintas razones, aunque ya es algo tradicional. Red Heaven posee menos terreno, bastante menos, aunque está formado simplemente por la gran ciudad y lo demás, es un desierto donde nunca sale el sol. Más bien, en todo Red Heaven, como su propio nombre indica, el cielo está casi siempre en rojo, o en alguno de esos tonos. Aurum sin embargo es diferente. A primera vista, se parece a mi planeta, la Tierra. (Por cierto, Ed no se creía mucho lo de que yo venía de otro planeta, pero cuenta con que soy una niña huérfana y, como si me atrapan me explotarán, por eso guarda mi secreto). Pero Aurum es mucho más que tierra con un clima. Viven criaturas fantásticas. En Valor viven los llamados humanos, como él y como yo. Pero también hay muchos estados diferentes, donde reinan otro tipo de seres mágicos. Para empezar está la ciudad principal, Allerim. Allí no viven muchas personas, solo los que controlan la política y demás quehaceres que tiene el gobernar. A parte también viven algunas familias con dinero, pero muy pocas. Es más un lugar para comerciar o ir a celebrar algo. Donde viven los humanos, Valor. Se ganan la vida con tareas como la carpintería, el suministro de comida... etc. Si cruzamos hacia la derecha todo el bosque (aunque hay caminos principales, pero hay que pagar un importe por pasar por ellos) llegamos a Azelleb. Allí viven seres tan diminutos como los duendes y las hadas, y en otra parte del lugar viven también los elfos. Ellos hacen perfumes, cremas... También tienen una repostería especial, aunque de todo esto más bien se encargan los duendes. Las hadas suelen vivir por su cuenta, aunque a veces, ayudan un poco con su magia, que tampoco es mucha. Los elfos son famosos por su agilidad, así que algunos se dedicaban al espectáculo, otros cazaban para los que no podían o también ganaban dinero a cambio de sus poderes mágicos. Un poco más al norte, nos encontramos con Azubari, la ciudad del agua. Allí vivían algunas sirenas y los demás son seres más extraños, que Ed no me supo definir. Suelen tener una cara corriente, aunque toda su piel es azul, y son más bajos, resbaladizos y nadadores que los humanos. Viven del turismo y de la pesca. Fuera del continente pero dentro de Aurum se encuentra Ignis, la ciudad del fuego. Son unos seres extraordinarios que suelen tener alguna llama de fuego en la cola y los que tienen más suerte, en la cabeza a modo de pelo. Son inmunes a esta materia y si aprenden la habilidad, pueden hacer que su propio fuego no le haga daño a las personas que él desee. Son muy autosuficientes. Entre Azubari y Azelleb hay un prado muy extenso en el que hay algunas casas, pero muy salteadas. Si seguimos avanzando, nos encontramos con Whinder y Torrem. Whinder es la ciudad de hielo, donde viven seres helados muy independientes y Torrem es donde viven los hombres piedra. Aquí viven sobre todo de las grandes cuevas y minas que hay, de donde sacan piedras preciosas o materiales como el carbón.
De repente despierto. Estaba soñando, pero no estaba dormida. Sólo soñaba despierta, es algo que suelo hacer. Me doy cuenta de que los finos rayos de luz ya no se filtran por el tejado de la casita, así que aunque no llevo reloj sé que es tarde, y que a lo mejor no llego a la hora prometida a casa de Emily. Bajo enseguida del lugar, y me prometo a mí misma volver más a menudo. Camino rápido por todo el bosque, porque orientarse por aquí cuando ha oscurecido del todo es muy difícil. Al final consigo salir antes de que anochezca, y si me doy todavía más prisa, a lo mejor consigo llegar al refugio antes de que sea de noche del todo. No hay casi nadie en las calles. Aunque no suele haberla a esta hora, hoy hay menos de lo normal, me parece extraño. Estoy exhausta, pero tengo que seguir hasta mi destino, Emily se pone nerviosa muy pronto, y se cree que la voy a abandonar, aunque hasta ella misma sabe que no sería capaz de algo así. Por fin diviso mi escondite y subo las escaleras a toda prisa, pero cuando llego a la puerta algo me detiene en seco. El corazón se me acelera y por unos instantes se me olvida hasta respirar.
La cerradura está forzada.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y dale a este botón: Twittear
jueves, 30 de mayo de 2013
Capítulo 7.
Todavía son las once, así que podemos quedarnos más tiempo en el local antes de ir a nuestras casas. Mientras damos algunas vueltas por el lugar, muchas chicas se les acercan a Marcos, algunas más tímidas que otras. A mí también se me acerca algún chico, pero Diana atrae todas las miradas a pesar de no haber subido al escenario. ¿Es raro que con dieciséis años todavía no haya dado mi primer beso? ¿Es también extraño que nunca me haya sentido atraída por nadie? Nunca me gustó nadie de mi clase, puesto que repetí curso al empezar el instituto, a causa de la muerte de mis dos abuelos. Ellos dos vivían muy lejos de nosotros. Venían en avión a pasar mi cumpleaños y unos días también en mi casa, aunque la cosa se torció y bueno, el avión se estrelló. Sin ningún superviviente.
Cada vez que mi madre me pregunta sobre los chicos le digo que no hay nadie, y aunque ella no se lo cree, es una de las pocas cosas en las que le soy sincera.
–Gwen, ¿sales a la puerta? -me pregunta Diana.
–Vale, ¿para qué?
–Quiero fumar.
Así que salimos del local y nos quedamos en la puerta.
–¿Tú quieres?
–Sabes que no fumo regularmente -le advierto.
–Ya, pero hoy es un día especial, ¡has cantado delante de mucha gente desconocida! Eso tiene su mérito, y su cigarrillo de celebración.
–Bueno, vale.
Nunca he estado a favor de los fumadores, pero sí que es verdad que Diana y yo tuvimos una época "rebelde". Las dos probamos el tabaco a la vez, pero se supone que a ella le gustó más que a mí, y por eso ella lo sigue haciendo diariamente, aunque yo sólo lo hago de muy vez en cuando.
Terminamos y entramos a por Marcos, por lo menos yo quiero irme ya a casa. Diana también está un poco cansada, y para no quedarse sólo, nos vamos los tres. Primero acompañamos a mi amiga y luego Marcos me lleva a casa.
–Vas a tener que andar un buen trecho tú solo, podrías haberme dejado unas calles más atrás.
–No pasa nada, me gusta andar por la calle de noche, me da qué pensar.
Proseguimos nuestro camino, hasta que llegamos a mi casa, donde sólo está encendida la luz del dormitorio de mis padres.
–Creo que deberías irte ya, a ver si te va a pasar algo -le aconsejo, mientras busco las llaves en mis pantalones.
–Sí, debería irme. Muchas gracias por cantar conmigo.
–Ya, ya, pero no me lo vuelvas a hacer otra vez, eh...
Marcos me da un abrazo de despedida y se marcha, a la misma vez que abro la puerta de casa y entro. Están todas las luces apagadas, pero tanteando un poco llego a las escaleras y subo hasta mi habitación. Allí enciendo la luz y me desvisto, me pongo el pijama y enciendo el portátil. Son casi las doce.
Me siento en la cama y apago la luz grande, encendiendo la de la mesita de noche. Al poco rato, mamá aparece tras la puerta del cuarto:
–Has llegado muy pronto.
–Sí, es que no teníamos ganas de estar más tiempo allí.
–¿Me has grabado algo? Si no, te rajo -dice a la vez que sonríe un poco.
–He grabado un par de canciones y después Diana me ha pasado otro vídeo.
–¿Y por qué el que te ha pasado no lo grabaste tú?
–Porque... -la verdad es que no quiero decírselo, mi madre nunca ha sabido que me gusta cantar-. Porque mi móvil no tenía batería.
–¿Y ahora por arte de magia la tiene casi entera? -dice, a la vez que lo coge de la mesita.
–Bueno, vale. Marcos me subió al escenario con él y cantamos juntos una canción -en cuanto lo dije, agaché la cabeza y me puse a teclear a lo loco en el portátil.
–¿Qué? -mamá viene, se sienta al pie de la cama y me abraza-, ¡eso es fantástico! ¿Desde cuando te gusta cantar?
–Desde siempre.
–Pues me parece muy bien que tengas esa afición, y no la que tengo yo, que me paso todo el día echando humo por la boca. Creo que voy a consultar al médico para que me ayude a dejarlo.
En ese momento me siento culpable. Justo esta noche, he fumado y ella no lo sabe. Rápidamente respiro hondo e intento olerme para saber si huelo a tabaco.
–Sí, creo que deberías dejarlo.
–No puedo dormir -dice mi hermana pequeña Ana, a la vez que se rasca los ojos y levanta su osito de peluche del suelo, al darse cuenta de que lo estaba arrastrando.
–Tranquila, cariño, ven -le dice mamá abriéndole los brazos.
Cuando la tiene sentada en sus piernas pregunta:
–¿Sabéis por qué tú te llamas Gwen, un nombre inglés, y tú Ana, un nombre español?
–Sí -decimos las dos a la vez, en realidad estamos hartas de que nos lo explique, pero nos reímos igualmente.
–Como ya sabéis vuestro padre nació en Londres, y nos conocimos allí en un viaje que yo hice. Entonces él quería ponerte a ti, Gwen, un nombre inglés, así que yo lo dejé. Cuando nos enteramos de que Ana venía en camino, le dije que a mí me gustaría que tuviera un nombre de aquí, así que por eso.
–Ya van cuatrocientas las veces que nos lo has contado -le digo, graciosa.
–Bueno bueno, a dormir que ya es muy tarde. Ana, ahora voy contigo y te leo algún cuento, ve para tu cuarto -Ana se va, y cuando desaparece de mi habitación mamá prosigue-, y tú no te enamores de Marcos, aunque si ocurre pues no te lo voy a impedir.
–¡Mamá! ¡A mí no me gusta Marcos!
–Bueno, pero es que una chica no sube a un escenario con cualquiera.
–Es mi amigo desde los cinco años, cómo no voy a subir.
–Venga, a dormir.
–Sí, yo creo que debería dormir porque con las chorradas que dices...
–Eh, que soy tu madre.
Y entre risas y abrazos, nos damos las buenas noches. Mamá no ha cerrado la puerta del todo, como te costumbre, así que me levanto y la cierro. Entonces, miro para el lado, y veo el espejo. Soy una chica de dieciséis años que todavía no ha salido con nadie, en realidad es muy triste. Diana tuvo su primer novio en el primer curso del instituto, en aquélla época nuestra. Yo sin embargo siempre me quedé atrás, pensando que algún día mi príncipe azul aparecería de repente. Como les ocurrió a mis padres. Mi padre estaba trabajando de camarero en un bar, y mi madre le pidió un café. Éste se lo trajo, pero de los nervios de su primer día, se lo tiró encima. Una simple casualidad que acabó con un bonito romance, un casamiento y dos hijas. Yo también quiero un cambio así en mi vida, algo radical que cambie mi vida por completo, y encontrar el amor. Pero por ahora todo eso tendrá que esperar, la verdad es que estoy cansada incluso después de haber dormido siesta así que apago el portátil, lo pongo sobre el escritorio y me tapo con las mantas, a la vez que apago la luz de la mesilla de noche e intento dormirme lo antes posible.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y pulsa este botón:
Twittear
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y pulsa este botón:
Alcázar.
Hace una semana más o menos, fuimos a visitar el Alcázar de Sevilla todo mi instituto, y aproveché para hacer unas fotos. Soy sólo una aficionada pero bueno, me gusta la fotografía y como aquél lugar es tan bonito, decidí guardar algunos recuerdos. He aquí las fotos que hice, lo siento si no pongo el lugar donde fueron tomadas, la verdad es que no me acuerdo de como se llamaban.
Especialmente estas dos últimas, la de los pintores, son las que más me gustan. Es como si me dieran qué pensar, no sé, pero me gustan cómo las he hecho. Un saludo que no recibirán a estos artistas.
miércoles, 29 de mayo de 2013
Capítulo 6.
*Ding, dong*
Suena el timbre del piso de Diana. A los pocos segundos me abre su madre, una mujer alta, un poco más joven que la mía y con más maquillaje de lo que a mí me gustaría, pero a pesar de eso es una persona excepcional:
–¿Está Diana? -pregunto.
–Sí, está terminando de peinarse. Pasa, no creo que le quede mucho.
–Muchas gracias.
Entro por el pasillo principal y me dirijo hasta su cuarto de baño. Está la puerta cerrada, pero llamo y me contesta ella. Me dice que me espere un momento en la puerta, así que eso hago. Observo un poco el piso de mi amiga y aunque yo viva en una casa, la mía está muy deteriorada por el tiempo y su piso es muy moderno. A parte de que los construyeron hace poco, el padre de Diana es decorador de interiores y se le da muy bien todo esto. La verdad es que es una vivienda muy agradable.
Diana sale del baño y se ajusta el top:
–Vas a tener frío con eso sólo -le advierto, mientras voy a su habitación a por alguna chaqueta.
–Bueno, tienes razón. Todavía no estamos en verano. ¿Por qué llevas esa camiseta tan ancha?
–No es ancha, es que son así, y lo sabes.
–Ya, ya -Diana ríe y me abraza-, es que sabes que me gusta meterme contigo.
–¿Nos vamos?
–Por supuesto.
Diana le pide algo de dinero a sus padres y enseguida salimos a la calle. Miro mi móvil, y dice que son las nueve y diez minutos. Si vamos rápido, llegaremos justo. Diana me habla sobre los problemas que ha tenido al arreglarse, que si no le funcionaba la plancha, que si la mayoría de la ropa que tenía pensado ponerse, estaba para lavar...
–¿Qué habéis hecho hoy en el club? -pregunto, para cambiar un poco el tema. No es que no me guste escucharla, al revés, me hace gracia. Pero es que hablar de algo todo el rato cansa.
–Pues como no había nada planeado hemos leído los dos primeros capítulos de un libro y luego lo hemos comentado, y la verdad es que nos ha gustado a todos.
–Ah, ¿sí? ¿Cómo se llama?
–Lo más curioso es eso. No tiene nombre, ni tampoco autor. Es totalmente anónimo, se escribió hace ya sus años.
–Así que... ¿ese libro no es de nadie y no tiene ni siquiera nombre?
–No, el director del club nos ha dicho que uno de los trabajos que tendremos que hacer es ponerle nosotros nuestro propio nombre, y elegir un final para la historia ya que también le falta las últimas páginas al libro.
–Cómo mola, ¿de qué va?
–En los dos primeros capítulos no cuenta mucho. Además, ¡no puedo contártelo! ¡Si yo lo he tenido que leer, tú también!
–Vale, vale -las dos reímos escandalosamente por la calle-, me tendré que esperar.
Mientras hablábamos el tiempo iba pasando y nuestros pies también iban avanzando. Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos en el local en el que Marcos iba a actuar. El sitio ahora no está nada mal, comparado con esta tarde. Hay más gente y por lo tanto más ambiente. Hay música de fondo, pero como no es el estilo que suelo escuchar no le presto mucha atención y busco a Marcos, mientras Diana va a la barra a pedir dos Coca-Colas.
–¡Gwen!
Una voz un poco lejana grita mi nombre. Sé que es Marcos así que lo busco con la mirada. Segundos más tarde, diviso una pequeña puerta en una esquina cerca de los baños, por lo que no hay nadie. La puerta está medio abierta y veo a Marcos desde dentro saludándome. Abro la puerta y bajo las escaleras que me llevan hasta mi amigo. Por un momento, me siento en un cuento de princesas.
–¿Qué haces aquí? -le pregunto, a la vez que esquivo una lámpara que cuelga del techo. Esta habitación no mide más de 1'80 de alto.
–Es como el "camerino", está completamente insonorizado por lo que puedo cantar y tocar todo lo que quiera antes de actuar.
–Está bien pensado. ¿Cuándo sales a cantar?
–Cuando el dueño del lugar me avise, tiene que estar al llegar.
Y como si de algún truco de magia se tratase, el dueño aparece por las pequeñas escaleras:
–Marcos, ve saliendo ya que en un par de minutos empiezas la actuación.
El hombre sube otra vez las escaleras y Marcos hace un par de ejercicios para ejercitar la voz.
–Mucha mierda, otra vez.
–Gracias, Gwen.
Le doy un abrazo y subimos las escaleras. Después, encuentro a Diana, me da mi bebida y miramos ansiosas al escenario, donde el tipo que acabamos de ver para la música de fondo y coge el micrófono:
–Hola a todo el mundo. Como muchos ya sabréis hoy había una actuación programada para esta hora. El artista se llama Marcos, y a pesar de no alcanzar todavía la mayoría de edad, es un pedazo de cantante, guitarrista y pianista. ¡Un aplauso para él y su música! ¡Que comience el espectáculo!
La mayoría de la gente responde entusiasta, mientras que aquél hombre baja del escenario y le da paso a Marcos. Este se presenta y comienza cantando una canción con un poco de instrumental y también un poco de piano, Beauty And A Beat, de Justin Bieber y Nicki Minaj.
Todo el mundo se lo pasa estupendamente y le anima a seguir cantando cada vez que termina de interpretar una canción. Pero el tiempo pasa rápido cuando te lo estás pasando bien y las once acababan de llegar.
–Muchas gracias por todo vuestro entusiasmo -agradece Marcos, parece que está siendo muy sincero-, esta es mi primera actuación y no podría haber ido mejor, gracias de todo corazón.
Todo el mundo sabe que la actuación está a punto de terminar, pero mi amigo tiene un as bajo la manga.
–¿O queréis otra canción más?
La gente se extraña, pero todo sea por la música, así que insisten en la última canción.
–Vale, vale. Tocaré la última canción... Si mi amiga Gwendolyd sube a cantarla conmigo.
De repente me quedo de piedra. ¿Qué está diciendo este tío? No me pienso subir al escenario, delante de las cien personas, más o menos, que debe haber aquí.
–¿Gwen? ¿Dónde estás?
–¡Tía! ¡Sal al escenario, que eres una pava! -Diana me empuja hacia el escenario, por lo que la gente empieza a percatarse de que Gwen, soy yo.
–¡Que salga! ¡Que salga!
La gente se cree que está en el concierto de algún grupo épico, como Queen o The Beatles. ¡Es un adolescente en su primer concierto! ¿Tan influenciables sois? Todo eso lo pienso para mis adentros, porque por fuera solo puedo expresar un estado de shock muy importante. Sólo me he subido a un escenario una vez, cuando era pequeña para las típicas actuaciones del colegio, sólo eso.
Cuando me quiero dar cuenta, Marcos y los oyentes más cercanos me están ayudando a subir al escenario. Ya no hay vuelta atrás. Voy a tener que cantar, sin preparación alguna. ¿Del mil al infinito, cuánto haré el ridículo?
–Sé que esta canción te gusta mucho, y aunque yo no soy muy fan de Taylor Swift me la he aprendido por lo mismo -me susurra Marcos en el oído-, ¿preparada para cantar Everything's Has Changed?
Asiento con la cabeza aunque en realidad no puedo expresar más que una pequeña sonrisa. Mataré a mi amigo en cuanto salgamos de aquí. Marcos presenta el tema y segundos después empieza a tocar. Sé que me dejará a mí sola la parte de Taylor, y él solo cantará la de Ed Sheran, es así. Así que me toca empezar a mí.
All I knew, this morning when I woke,
is I know something now, know something now, I didn't before...
Los nervios me comen el estómago, incluso alguna que otra vez me entran ganas de vomitar, pero me las aguanto como nunca he hecho. Al terminar el primer estribillo ya me encuentro mejor, siempre me ha encantado la música.
...All I know since yesterday is everything's has changed.
El show termina, el dueño apaga las luces cuando Marcos termina de despedirse y bajamos del escenario:
–¿Qué te ha parecido? -me pregunta, con una gran sonrisa en la cara.
–¡Te voy a matar! -grito, mientras le doy un abrazo pero le pego no muy fuerte en la espalda.
–¡Lo habéis hecho más que bien! He grabado toda vuestra actuación, esto va para Youtube, eh -dice Diana, mientras nos enseña el vídeo que ha hecho.
–Bueno, eso ya lo hablaremos. Pásame el vídeo que se lo enseñaré a mi madre -le pido, mientras activo el Bluetooth.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y pulsa este botón: Twittear
Suena el timbre del piso de Diana. A los pocos segundos me abre su madre, una mujer alta, un poco más joven que la mía y con más maquillaje de lo que a mí me gustaría, pero a pesar de eso es una persona excepcional:
–¿Está Diana? -pregunto.
–Sí, está terminando de peinarse. Pasa, no creo que le quede mucho.
–Muchas gracias.
Entro por el pasillo principal y me dirijo hasta su cuarto de baño. Está la puerta cerrada, pero llamo y me contesta ella. Me dice que me espere un momento en la puerta, así que eso hago. Observo un poco el piso de mi amiga y aunque yo viva en una casa, la mía está muy deteriorada por el tiempo y su piso es muy moderno. A parte de que los construyeron hace poco, el padre de Diana es decorador de interiores y se le da muy bien todo esto. La verdad es que es una vivienda muy agradable.
Diana sale del baño y se ajusta el top:
–Vas a tener frío con eso sólo -le advierto, mientras voy a su habitación a por alguna chaqueta.
–Bueno, tienes razón. Todavía no estamos en verano. ¿Por qué llevas esa camiseta tan ancha?
–No es ancha, es que son así, y lo sabes.
–Ya, ya -Diana ríe y me abraza-, es que sabes que me gusta meterme contigo.
–¿Nos vamos?
–Por supuesto.
Diana le pide algo de dinero a sus padres y enseguida salimos a la calle. Miro mi móvil, y dice que son las nueve y diez minutos. Si vamos rápido, llegaremos justo. Diana me habla sobre los problemas que ha tenido al arreglarse, que si no le funcionaba la plancha, que si la mayoría de la ropa que tenía pensado ponerse, estaba para lavar...
–¿Qué habéis hecho hoy en el club? -pregunto, para cambiar un poco el tema. No es que no me guste escucharla, al revés, me hace gracia. Pero es que hablar de algo todo el rato cansa.
–Pues como no había nada planeado hemos leído los dos primeros capítulos de un libro y luego lo hemos comentado, y la verdad es que nos ha gustado a todos.
–Ah, ¿sí? ¿Cómo se llama?
–Lo más curioso es eso. No tiene nombre, ni tampoco autor. Es totalmente anónimo, se escribió hace ya sus años.
–Así que... ¿ese libro no es de nadie y no tiene ni siquiera nombre?
–No, el director del club nos ha dicho que uno de los trabajos que tendremos que hacer es ponerle nosotros nuestro propio nombre, y elegir un final para la historia ya que también le falta las últimas páginas al libro.
–Cómo mola, ¿de qué va?
–En los dos primeros capítulos no cuenta mucho. Además, ¡no puedo contártelo! ¡Si yo lo he tenido que leer, tú también!
–Vale, vale -las dos reímos escandalosamente por la calle-, me tendré que esperar.
Mientras hablábamos el tiempo iba pasando y nuestros pies también iban avanzando. Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos en el local en el que Marcos iba a actuar. El sitio ahora no está nada mal, comparado con esta tarde. Hay más gente y por lo tanto más ambiente. Hay música de fondo, pero como no es el estilo que suelo escuchar no le presto mucha atención y busco a Marcos, mientras Diana va a la barra a pedir dos Coca-Colas.
–¡Gwen!
Una voz un poco lejana grita mi nombre. Sé que es Marcos así que lo busco con la mirada. Segundos más tarde, diviso una pequeña puerta en una esquina cerca de los baños, por lo que no hay nadie. La puerta está medio abierta y veo a Marcos desde dentro saludándome. Abro la puerta y bajo las escaleras que me llevan hasta mi amigo. Por un momento, me siento en un cuento de princesas.
–¿Qué haces aquí? -le pregunto, a la vez que esquivo una lámpara que cuelga del techo. Esta habitación no mide más de 1'80 de alto.
–Es como el "camerino", está completamente insonorizado por lo que puedo cantar y tocar todo lo que quiera antes de actuar.
–Está bien pensado. ¿Cuándo sales a cantar?
–Cuando el dueño del lugar me avise, tiene que estar al llegar.
Y como si de algún truco de magia se tratase, el dueño aparece por las pequeñas escaleras:
–Marcos, ve saliendo ya que en un par de minutos empiezas la actuación.
El hombre sube otra vez las escaleras y Marcos hace un par de ejercicios para ejercitar la voz.
–Mucha mierda, otra vez.
–Gracias, Gwen.
Le doy un abrazo y subimos las escaleras. Después, encuentro a Diana, me da mi bebida y miramos ansiosas al escenario, donde el tipo que acabamos de ver para la música de fondo y coge el micrófono:
–Hola a todo el mundo. Como muchos ya sabréis hoy había una actuación programada para esta hora. El artista se llama Marcos, y a pesar de no alcanzar todavía la mayoría de edad, es un pedazo de cantante, guitarrista y pianista. ¡Un aplauso para él y su música! ¡Que comience el espectáculo!
La mayoría de la gente responde entusiasta, mientras que aquél hombre baja del escenario y le da paso a Marcos. Este se presenta y comienza cantando una canción con un poco de instrumental y también un poco de piano, Beauty And A Beat, de Justin Bieber y Nicki Minaj.
Todo el mundo se lo pasa estupendamente y le anima a seguir cantando cada vez que termina de interpretar una canción. Pero el tiempo pasa rápido cuando te lo estás pasando bien y las once acababan de llegar.
–Muchas gracias por todo vuestro entusiasmo -agradece Marcos, parece que está siendo muy sincero-, esta es mi primera actuación y no podría haber ido mejor, gracias de todo corazón.
Todo el mundo sabe que la actuación está a punto de terminar, pero mi amigo tiene un as bajo la manga.
–¿O queréis otra canción más?
La gente se extraña, pero todo sea por la música, así que insisten en la última canción.
–Vale, vale. Tocaré la última canción... Si mi amiga Gwendolyd sube a cantarla conmigo.
De repente me quedo de piedra. ¿Qué está diciendo este tío? No me pienso subir al escenario, delante de las cien personas, más o menos, que debe haber aquí.
–¿Gwen? ¿Dónde estás?
–¡Tía! ¡Sal al escenario, que eres una pava! -Diana me empuja hacia el escenario, por lo que la gente empieza a percatarse de que Gwen, soy yo.
–¡Que salga! ¡Que salga!
La gente se cree que está en el concierto de algún grupo épico, como Queen o The Beatles. ¡Es un adolescente en su primer concierto! ¿Tan influenciables sois? Todo eso lo pienso para mis adentros, porque por fuera solo puedo expresar un estado de shock muy importante. Sólo me he subido a un escenario una vez, cuando era pequeña para las típicas actuaciones del colegio, sólo eso.
Cuando me quiero dar cuenta, Marcos y los oyentes más cercanos me están ayudando a subir al escenario. Ya no hay vuelta atrás. Voy a tener que cantar, sin preparación alguna. ¿Del mil al infinito, cuánto haré el ridículo?
–Sé que esta canción te gusta mucho, y aunque yo no soy muy fan de Taylor Swift me la he aprendido por lo mismo -me susurra Marcos en el oído-, ¿preparada para cantar Everything's Has Changed?
Asiento con la cabeza aunque en realidad no puedo expresar más que una pequeña sonrisa. Mataré a mi amigo en cuanto salgamos de aquí. Marcos presenta el tema y segundos después empieza a tocar. Sé que me dejará a mí sola la parte de Taylor, y él solo cantará la de Ed Sheran, es así. Así que me toca empezar a mí.
All I knew, this morning when I woke,
is I know something now, know something now, I didn't before...
Los nervios me comen el estómago, incluso alguna que otra vez me entran ganas de vomitar, pero me las aguanto como nunca he hecho. Al terminar el primer estribillo ya me encuentro mejor, siempre me ha encantado la música.
...All I know since yesterday is everything's has changed.
El show termina, el dueño apaga las luces cuando Marcos termina de despedirse y bajamos del escenario:
–¿Qué te ha parecido? -me pregunta, con una gran sonrisa en la cara.
–¡Te voy a matar! -grito, mientras le doy un abrazo pero le pego no muy fuerte en la espalda.
–¡Lo habéis hecho más que bien! He grabado toda vuestra actuación, esto va para Youtube, eh -dice Diana, mientras nos enseña el vídeo que ha hecho.
–Bueno, eso ya lo hablaremos. Pásame el vídeo que se lo enseñaré a mi madre -le pido, mientras activo el Bluetooth.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y pulsa este botón: Twittear
Derrotada.
Derrotada en el suelo, alzo la vista y pienso en si todavía queda algo por lo que luchar, algo por lo que vivir. Las lágrimas se apoderan de mí y a veces incluso me roban la respiración, mientras agacho la cabeza y sufro en silencio.
Te echo de menos. No imaginas cuanto. Es como si tuvieras un precioso mantel o pañuelo, lleno de colores vivos y deslumbrantes. Pero de repente, una sombra negra viene y se apodera de todo tu ser y tu pañuelo, quedándote solo y desorientado, buscando alguna forma de volver a ser feliz. Es como si la nostalgia se hubiera apoderado de mí, haciendo que piense en ella después de cada tarea. Cómo serían las cosas si ella siguiera aquí, cómo cambiaría todo.
Veo mi vida tanto privada como escolar pasar por delante de mis ojos, mofándose de mí y recordándome lo estúpida que soy. Riéndose de cómo he desperdiciado y sigo desperdiciando mi tiempo.
Aunque después de todo, es mi mente la protagonista de este escrito, porque al fin y al cabo es ella la que decide, no yo. Es ella la que de verdad siente, no mis lágrimas o mi corazón. Es ella la que se deprime, la que hace que lo vea todo del color que no es. La que hace que odie a todo el mundo desde que me despierto hasta que me duermo. La que a veces lucha al máximo por mis sueños y otras veces los da por vencidos. La que se siente más que culpable por saber que ahora mismo están haciendo un examen importante. La que lo siente por haber fracasado en casi todo;
y la que, por mucho que lo intente, no creo que vaya a cambiar.
Te echo de menos. No imaginas cuanto. Es como si tuvieras un precioso mantel o pañuelo, lleno de colores vivos y deslumbrantes. Pero de repente, una sombra negra viene y se apodera de todo tu ser y tu pañuelo, quedándote solo y desorientado, buscando alguna forma de volver a ser feliz. Es como si la nostalgia se hubiera apoderado de mí, haciendo que piense en ella después de cada tarea. Cómo serían las cosas si ella siguiera aquí, cómo cambiaría todo.
Veo mi vida tanto privada como escolar pasar por delante de mis ojos, mofándose de mí y recordándome lo estúpida que soy. Riéndose de cómo he desperdiciado y sigo desperdiciando mi tiempo.
Aunque después de todo, es mi mente la protagonista de este escrito, porque al fin y al cabo es ella la que decide, no yo. Es ella la que de verdad siente, no mis lágrimas o mi corazón. Es ella la que se deprime, la que hace que lo vea todo del color que no es. La que hace que odie a todo el mundo desde que me despierto hasta que me duermo. La que a veces lucha al máximo por mis sueños y otras veces los da por vencidos. La que se siente más que culpable por saber que ahora mismo están haciendo un examen importante. La que lo siente por haber fracasado en casi todo;
y la que, por mucho que lo intente, no creo que vaya a cambiar.
martes, 28 de mayo de 2013
Capítulo 5.
De camino a casa vuelvo a ponerme los auriculares y decido qué canción escuchar. La verdad es que encontrarme con Marcos ha sido lo mejor que me ha podido pasar, ya que pensaba que, seguramente, me quedaría en casa viendo vídeos, leyendo y torturándome por haber faltado al club. Mientras We're Just Kids de Dave Days se reproduce en mi móvil, abro Whatsapp y le envío un mensaje a Diana:
–¡Hey! Tía, lo siento por lo de esta tarde. ¿Sabías que Marcos va a dar hoy su primera actuación? Vente conmigo y le apoyamos, seguro que lo necesita, le comerán los nervios -le escribo, seguido de una risa.
A los pocos minutos, Diana me responde:
–¿Sí? Bueno, ya sabes que no he intimidado mucho con él pero sé que es un buen tío. Ok, nos vemos esta noche pero... ¿Lugar y hora?
–Yo que tú me iría preparando ya, y yo te paso a recoger.
–Vale. Oye, ¿por qué no has venido hoy a la presentación?
–Me quedé dormida, lo siento -tecleo una carita triste al lado de la frase.
–¿En serio? Si es que... No tienes remedio.
–Tal vez no, pero tampoco es que me importe.
–Te dejo, que voy andando por la calle y es peligroso no mirar por donde andas.
–Ok, nos vemos.
–Hasta luego.
Camino por la calle, esquivando personas, cada una con sus propios pensamientos y problemas. ¿Qué soñarán estas personas? ¿Tendrán sueños tan extraños y mágicos como yo estoy teniendo últimamente? Normalmente, un sueño lo tienes una vez y ya está. A veces, ese mismo sueño se repite una y otra vez cada vez que duermes, debido a algún trastorno. Pero es tan raro lo que me está pasando... Es como si cada vez que me fuera a dormir viajara a otro mundo, y eso me gusta. Me gusta que aunque no sea real, poder sentir cómo se vive en un mundo totalmente diferente al que estoy acostumbrada. Con otras leyes y normas, otras personas y otras costumbres. Además recuerdo que tenía una amiga, creo recordar que se llamaba Emily. Era una chica con el pelo verde, con flequillo, con orejas de elfa pero más baja que los elfos que yo al menos había visto en videojuegos. Era como muy adorable. De repente, me entran ganas de llegar a casa y dormir para probar suerte, haber si volvía a soñar con aquél mundo.
Entre tanto pensar, no me doy cuenta de que estoy a un par de minutos de casa, así que aligero el paso y llego a mi puerta principal. Está encendida la luz del salón, por lo que veo a través de las viejas ventanas. Abro la puerta y subo las escaleras, a la vez que saludo a toda mi familia, que se encuentran viendo una película.
Mientras voy al cuarto de baño dispuesta a darme una ducha, sin saber por qué pienso en mi casa. Es bastante más vieja que las demás, quizás porque fue la primera en construirse del barrio. No la hizo ninguna empresa, según mis padres, a unos antepasados míos les tocó muchísimo dinero, y pudieron permitirse construir una casa a su propio gusto. De ahí los ladrillos desgastados en la fachada, a diferencia de las demás casas que algunas tenías ladrillos nuevos, y otras simplemente pintura. De ahí que mi casa tuviera ático y sótano y las demás no.
Termino de desnudarme y me meto en la ducha. El agua está fría todavía, así que espero a que esté a una temperatura razonable. ¿Qué hora será? Tengo que estar a las nueve y media en aquél garito, y pasarme por casa de Diana primero, ojalá esté preparada para cuando llegue.
Empiezo a ducharme. Primero me lavo el pelo y mientras me dejo una mascarilla, me froto con la esponja y al terminar elimino todo el jabón de mi cuerpo. Esta vez no podré quedarme bajo el agua un rato para relajarme así que me quedo cinco segundos y a continuación salgo. Me seco rápidamente, y con una toalla en la cabeza y otra en el cuerpo, corro de puntillas hasta mi habitación, donde cierro las cortinas y me dispongo a elegir la ropa que me pondré esta noche. Después de unos minutos pensando, elijo una camiseta negra y morada de tirantes, unos shorts vaqueros con medias negras y mis Converse moradas. Me gustan mis zapatos y mi camiseta porque no es un morado muy fuerte, más bien oscuro. Voy al baño e intento peinarme como puedo. Cuando termino corro a mi cuarto, uso desodorante y perfume, y como último toque me pongo mi chaqueta vaquera, porque seguramente pasaré frío. También cojo un collar que tenía por ahí abandonado.
Bajo las escaleras y le pido a mi madre algo de dinero para salir:
–Mamá, hoy no pensaba salir pero antes me encontré con Marcos, y me dijo que ¡hoy va a dar su primera actuación!
–¿De verdad? -mi madre parece más ilusionada que yo. Suelta el cigarrillo que se estaba fumando y viene a darme un abrazo.
–Sí, de verdad. Por eso, que si me puedes dar algo de dinero para estar allí en el local mientras le veo.
–¡Claro! ¿Me grabas algo con el móvil y me lo traes? Me gustaría verlo, mañana llamaré a su madre, que hace tiempo que no hablamos.
–Vale -río mientras miro la hora en mi móvil. Son casi las nueve, debería darme prisa si quiero llegar a tiempo-. Mamá, tengo prisa.
–Vale, vale. -Saca su cartera y busca un billete de diez euros-. Toma, pero no te acostumbres, eh.
–No -le doy otro abrazo-, hasta luego.
–Adiós, cariño.
Y mientras le doy otro abrazo a mi padre y a mi hermana, vuelvo a despedirme de todos y salgo por la puerta en busca de Diana. Sigo esperando que esté lista porque si no, no llegaremos a tiempo.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y dale a este botón: Twittear
–¡Hey! Tía, lo siento por lo de esta tarde. ¿Sabías que Marcos va a dar hoy su primera actuación? Vente conmigo y le apoyamos, seguro que lo necesita, le comerán los nervios -le escribo, seguido de una risa.
A los pocos minutos, Diana me responde:
–¿Sí? Bueno, ya sabes que no he intimidado mucho con él pero sé que es un buen tío. Ok, nos vemos esta noche pero... ¿Lugar y hora?
–Yo que tú me iría preparando ya, y yo te paso a recoger.
–Vale. Oye, ¿por qué no has venido hoy a la presentación?
–Me quedé dormida, lo siento -tecleo una carita triste al lado de la frase.
–¿En serio? Si es que... No tienes remedio.
–Tal vez no, pero tampoco es que me importe.
–Te dejo, que voy andando por la calle y es peligroso no mirar por donde andas.
–Ok, nos vemos.
–Hasta luego.
Camino por la calle, esquivando personas, cada una con sus propios pensamientos y problemas. ¿Qué soñarán estas personas? ¿Tendrán sueños tan extraños y mágicos como yo estoy teniendo últimamente? Normalmente, un sueño lo tienes una vez y ya está. A veces, ese mismo sueño se repite una y otra vez cada vez que duermes, debido a algún trastorno. Pero es tan raro lo que me está pasando... Es como si cada vez que me fuera a dormir viajara a otro mundo, y eso me gusta. Me gusta que aunque no sea real, poder sentir cómo se vive en un mundo totalmente diferente al que estoy acostumbrada. Con otras leyes y normas, otras personas y otras costumbres. Además recuerdo que tenía una amiga, creo recordar que se llamaba Emily. Era una chica con el pelo verde, con flequillo, con orejas de elfa pero más baja que los elfos que yo al menos había visto en videojuegos. Era como muy adorable. De repente, me entran ganas de llegar a casa y dormir para probar suerte, haber si volvía a soñar con aquél mundo.
Entre tanto pensar, no me doy cuenta de que estoy a un par de minutos de casa, así que aligero el paso y llego a mi puerta principal. Está encendida la luz del salón, por lo que veo a través de las viejas ventanas. Abro la puerta y subo las escaleras, a la vez que saludo a toda mi familia, que se encuentran viendo una película.
Mientras voy al cuarto de baño dispuesta a darme una ducha, sin saber por qué pienso en mi casa. Es bastante más vieja que las demás, quizás porque fue la primera en construirse del barrio. No la hizo ninguna empresa, según mis padres, a unos antepasados míos les tocó muchísimo dinero, y pudieron permitirse construir una casa a su propio gusto. De ahí los ladrillos desgastados en la fachada, a diferencia de las demás casas que algunas tenías ladrillos nuevos, y otras simplemente pintura. De ahí que mi casa tuviera ático y sótano y las demás no.
Termino de desnudarme y me meto en la ducha. El agua está fría todavía, así que espero a que esté a una temperatura razonable. ¿Qué hora será? Tengo que estar a las nueve y media en aquél garito, y pasarme por casa de Diana primero, ojalá esté preparada para cuando llegue.
Empiezo a ducharme. Primero me lavo el pelo y mientras me dejo una mascarilla, me froto con la esponja y al terminar elimino todo el jabón de mi cuerpo. Esta vez no podré quedarme bajo el agua un rato para relajarme así que me quedo cinco segundos y a continuación salgo. Me seco rápidamente, y con una toalla en la cabeza y otra en el cuerpo, corro de puntillas hasta mi habitación, donde cierro las cortinas y me dispongo a elegir la ropa que me pondré esta noche. Después de unos minutos pensando, elijo una camiseta negra y morada de tirantes, unos shorts vaqueros con medias negras y mis Converse moradas. Me gustan mis zapatos y mi camiseta porque no es un morado muy fuerte, más bien oscuro. Voy al baño e intento peinarme como puedo. Cuando termino corro a mi cuarto, uso desodorante y perfume, y como último toque me pongo mi chaqueta vaquera, porque seguramente pasaré frío. También cojo un collar que tenía por ahí abandonado.
Bajo las escaleras y le pido a mi madre algo de dinero para salir:
–Mamá, hoy no pensaba salir pero antes me encontré con Marcos, y me dijo que ¡hoy va a dar su primera actuación!
–¿De verdad? -mi madre parece más ilusionada que yo. Suelta el cigarrillo que se estaba fumando y viene a darme un abrazo.
–Sí, de verdad. Por eso, que si me puedes dar algo de dinero para estar allí en el local mientras le veo.
–¡Claro! ¿Me grabas algo con el móvil y me lo traes? Me gustaría verlo, mañana llamaré a su madre, que hace tiempo que no hablamos.
–Vale -río mientras miro la hora en mi móvil. Son casi las nueve, debería darme prisa si quiero llegar a tiempo-. Mamá, tengo prisa.
–Vale, vale. -Saca su cartera y busca un billete de diez euros-. Toma, pero no te acostumbres, eh.
–No -le doy otro abrazo-, hasta luego.
–Adiós, cariño.
Y mientras le doy otro abrazo a mi padre y a mi hermana, vuelvo a despedirme de todos y salgo por la puerta en busca de Diana. Sigo esperando que esté lista porque si no, no llegaremos a tiempo.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y dale a este botón: Twittear
domingo, 26 de mayo de 2013
Capítulo 4.
El sonido de la puerta principal me hace despertar del todo. Escucho a mi hermana pequeña y a mis padres entrar. Rápidamente, miro a la ventana, y veo que está atardeciendo. Miro la hora.
–Mierda... -susurro para mis adentros.
Ni aunque fuera la chica más veloz del mundo llegaría a tiempo al club de lectura. ¿Qué hago ahora? Me levanto, frustrada, y miro twitter. Tengo una mención de Diana:
"¿Dónde estás? ¡Hoy tenías que exponer!"
Y después, otra mención más diez minutos más tarde:
"Han dicho que la harás el próximo día, pero que no faltes más en días como este, luego me cuentas por qué no has venido".
Justo hoy tenía que quedarme dormida, justo hoy. Me rasco los ojos y bajo a saludar a mi familia.
–¿Cómo que no estás en el club? -Me pregunta mi padre mientras se quita la chaqueta.
–Me he quedado dormida.
Y no me contestan, así que voy al baño a asearme un poco. Me lavo la cara para que no se note que acabo de pasar toda la tarde durmiendo, me moldeo un poco el pelo y me ajusto la ropa. Necesito salir a que me de el aire, cosas como las que me acaban de pasar me bloquean muchísimo aunque sean muy simples.
–Me voy a dar una vuelta, estoy aquí para cenar.
–Vale, ve con cuidado -me advierte mi madre.
Dicho todo esto, cierro la puerta y camino por la calle, pensando en algún lugar al que ir. Mientras me decido y no, me pongo los auriculares y busco alguna buena canción en mi lista de reproducción. Advice de Christina Grimmie irá genial.
Dejo atrás mi barrio y me adentro en las calles principales de la ciudad. Esperando un semáforo en rojo, alguien me toca el hombro, pero como llevo la música al máximo no me entero de si me han dicho algo o no. Rápidamente paro la canción, me quito los auriculares y me doy la vuelta. Marcos está detrás mía con una gran sonrisa en los labios.
–¿Dónde vas? ¿Tú no estabas en aquél club de lectura?
–Sí, pero hoy he faltado -le digo, mientras le doy un abrazo a modo de saludo.
–Qué malota. Por cierto, ¿dónde vas?
–Ni yo misma lo sé, necesitaba despejarme y he salido a dar una vuelta con música.
–Pues si no tienes ningún plan acompáñame, voy a un sitio que seguro que te encanta.
–¿Dónde?
Pero antes de que Marcos me pueda responder, el semáforo se pone en verde, y toda la multitud empieza a andar hacia delante, por lo que nosotros hacemos lo mismo si no queremos esperar al próximo muñequito que nos avisa de cuando podemos cruzar.
Marcos es un buen chico. Tiene un año más que yo, y si hay algo que nos une más que llevar juntos desde pequeños es la música. A él le encanta cantar y tocar instrumentos, tiene el sueño de ganarse la vida con ello. A mí también me encanta, aunque lo tengo como un simple hobbie. Es alto, risueño y un tanto bromista, pero es lo que le hace ser él. Su pelo rizado también lo caracteriza mucho.
Mientras andamos al sitio donde Marcos quiere llevarme, hablamos sobre lo que hemos hecho estos últimos días, ya que apenas hemos hablado. En un cuarto de hora más o menos, hemos llegado al destino. Es un local medio lleno, pero al ser viernes dentro de unas horas estará abarrotado.
–¿Por qué me has traído aquí? -le pregunto, extrañada.
–Adivínalo tú misma.
–¿Actúa algún grupo que te guste?
–¡Actúo yo esta noche!
–¿En serio? -doy saltitos de alegría mientras le doy otro abrazo. Que Marcos vaya a realizar su primera actuación fuera del instituto es genial-. Entonces ya tengo plan para esta noche, lo siento mucho. ¿A qué hora actúas?
–A las nueve y media empiezo y supongo que terminaré sobre las diez y media o las once.
–Perfecto, me da tiempo de volver a mi casa, ducharme, vestirme y venir a ver el gran artista que estás hecho.
–Muchas gracias por los halagos, fan número uno.
Un año atrás, a las once y media de la noche, después de haber sido la primera persona en ver la primera cover de Marcos en Youtube http://www.youtube.com/watch?v=tJbG0LA4NBg.
Después de ver el vídeo quedo alucinada. ¡Este chico tiene talento! Corro a twitter y le felicito, y seguidamente le hablo por Whatsapp:
–Tu cover es alucinante.
–¿Tú crees? Bueno, me encanta Bruno Mars, ya lo sabes.
–Sí, pero esa canción te queda tan genial...
–Hago esto porque me gusta, nada más. Anímate tú a subir algún vídeo.
–¿Te imaginas? Me da demasiada vergüenza.
–Bueno, pues tú te lo pierdes.
–Me lo perderé, pero tu soy tu fan número uno, eso no lo olvides.
Y no lo olvidó un año después, con 2.000 seguidores en su cuenta de Youtube y a punto de dar su primer mini concierto.
–De nada, ya sabes cómo soy. Bueno, me voy a prepararme que si no, no me da tiempo. A lo mejor me traigo a Diana. Mucha mierda, eso decís los artistas, ¿no?
–Sí -Marcos ríe más fuerte de lo normal, y todo el local nos mira.
–Shh, reserva tu voz para esta noche, nos vemos.
–¡Adiós!
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y pulsa este botón: Twittear
–Mierda... -susurro para mis adentros.
Ni aunque fuera la chica más veloz del mundo llegaría a tiempo al club de lectura. ¿Qué hago ahora? Me levanto, frustrada, y miro twitter. Tengo una mención de Diana:
"¿Dónde estás? ¡Hoy tenías que exponer!"
Y después, otra mención más diez minutos más tarde:
"Han dicho que la harás el próximo día, pero que no faltes más en días como este, luego me cuentas por qué no has venido".
Justo hoy tenía que quedarme dormida, justo hoy. Me rasco los ojos y bajo a saludar a mi familia.
–¿Cómo que no estás en el club? -Me pregunta mi padre mientras se quita la chaqueta.
–Me he quedado dormida.
Y no me contestan, así que voy al baño a asearme un poco. Me lavo la cara para que no se note que acabo de pasar toda la tarde durmiendo, me moldeo un poco el pelo y me ajusto la ropa. Necesito salir a que me de el aire, cosas como las que me acaban de pasar me bloquean muchísimo aunque sean muy simples.
–Me voy a dar una vuelta, estoy aquí para cenar.
–Vale, ve con cuidado -me advierte mi madre.
Dicho todo esto, cierro la puerta y camino por la calle, pensando en algún lugar al que ir. Mientras me decido y no, me pongo los auriculares y busco alguna buena canción en mi lista de reproducción. Advice de Christina Grimmie irá genial.
Dejo atrás mi barrio y me adentro en las calles principales de la ciudad. Esperando un semáforo en rojo, alguien me toca el hombro, pero como llevo la música al máximo no me entero de si me han dicho algo o no. Rápidamente paro la canción, me quito los auriculares y me doy la vuelta. Marcos está detrás mía con una gran sonrisa en los labios.
–¿Dónde vas? ¿Tú no estabas en aquél club de lectura?
–Sí, pero hoy he faltado -le digo, mientras le doy un abrazo a modo de saludo.
–Qué malota. Por cierto, ¿dónde vas?
–Ni yo misma lo sé, necesitaba despejarme y he salido a dar una vuelta con música.
–Pues si no tienes ningún plan acompáñame, voy a un sitio que seguro que te encanta.
–¿Dónde?
Pero antes de que Marcos me pueda responder, el semáforo se pone en verde, y toda la multitud empieza a andar hacia delante, por lo que nosotros hacemos lo mismo si no queremos esperar al próximo muñequito que nos avisa de cuando podemos cruzar.
Marcos es un buen chico. Tiene un año más que yo, y si hay algo que nos une más que llevar juntos desde pequeños es la música. A él le encanta cantar y tocar instrumentos, tiene el sueño de ganarse la vida con ello. A mí también me encanta, aunque lo tengo como un simple hobbie. Es alto, risueño y un tanto bromista, pero es lo que le hace ser él. Su pelo rizado también lo caracteriza mucho.
Mientras andamos al sitio donde Marcos quiere llevarme, hablamos sobre lo que hemos hecho estos últimos días, ya que apenas hemos hablado. En un cuarto de hora más o menos, hemos llegado al destino. Es un local medio lleno, pero al ser viernes dentro de unas horas estará abarrotado.
–¿Por qué me has traído aquí? -le pregunto, extrañada.
–Adivínalo tú misma.
–¿Actúa algún grupo que te guste?
–¡Actúo yo esta noche!
–¿En serio? -doy saltitos de alegría mientras le doy otro abrazo. Que Marcos vaya a realizar su primera actuación fuera del instituto es genial-. Entonces ya tengo plan para esta noche, lo siento mucho. ¿A qué hora actúas?
–A las nueve y media empiezo y supongo que terminaré sobre las diez y media o las once.
–Perfecto, me da tiempo de volver a mi casa, ducharme, vestirme y venir a ver el gran artista que estás hecho.
–Muchas gracias por los halagos, fan número uno.
Un año atrás, a las once y media de la noche, después de haber sido la primera persona en ver la primera cover de Marcos en Youtube http://www.youtube.com/watch?v=tJbG0LA4NBg.
Después de ver el vídeo quedo alucinada. ¡Este chico tiene talento! Corro a twitter y le felicito, y seguidamente le hablo por Whatsapp:
–Tu cover es alucinante.
–¿Tú crees? Bueno, me encanta Bruno Mars, ya lo sabes.
–Sí, pero esa canción te queda tan genial...
–Hago esto porque me gusta, nada más. Anímate tú a subir algún vídeo.
–¿Te imaginas? Me da demasiada vergüenza.
–Bueno, pues tú te lo pierdes.
–Me lo perderé, pero tu soy tu fan número uno, eso no lo olvides.
Y no lo olvidó un año después, con 2.000 seguidores en su cuenta de Youtube y a punto de dar su primer mini concierto.
–De nada, ya sabes cómo soy. Bueno, me voy a prepararme que si no, no me da tiempo. A lo mejor me traigo a Diana. Mucha mierda, eso decís los artistas, ¿no?
–Sí -Marcos ríe más fuerte de lo normal, y todo el local nos mira.
–Shh, reserva tu voz para esta noche, nos vemos.
–¡Adiós!
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y pulsa este botón: Twittear
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







