martes, 10 de septiembre de 2013

Capítulo 13.

Me dirijo hacia el camino que un hada me ha señalado hace poco. A parte de hadas, aquí también hay duendes y todo tipo de seres diminutos, pero supongo que las hadas son las que más me han llamado la atención. Son tan frágiles, delicadas y mágicas...
Entro en una especie de pasillo techado. Un arco oxidado cubre todo el sendero y ramas, hojas y flores lo recubren, por lo que se está más oscuro. La poca luz solar que se cuela por las imperfecciones de aquél follaje le da el último toque que hace de aquél lugar, un sitio asombroso y mágico. Todo por aquí es mágico. Mientras camino, las piedras que había incrustadas en el suelo van desapareciendo, y cada vez hay más tierra. No veo ninguna casa al final. Espero que aquél hada no me haya gastado ninguna broma, así que estoy más atenta a todo lo que me rodea, por si al final es todo una trastada. El camino se vuelve tierra, el arco se acaba y estoy al comienzo de un bosque. Pero no es un bosque cualquiera.
No es como los de la Tierra, o como el de Valor. Los árboles parecen hacer más ruido, a parte del de la brisa golpeando sus hojas entre sí. Un río cercano parece tener vida propia. Cada insecto o pequeño bicho que veo parece distinto. Para resumir, para un bosque realmente vivo. Entonces, alguien me tira del pelo:
—¿Quién me está tirando del...? -grito, aunque me interrumpen.
—¡Yo! ¿Tienes algún problema? -quien habla es un hada. Tiene el pelo castaño y no alcanzo a distinguir más que unas botas y una chaqueta marrones y unos pantalones y camisa verdes, con muy mala leche.
—Suponiendo que eres un hada del bosque, deberías tener más hospitalidad con tus visitantes.
—Suponiendo que tienes la cabeza en su sitio, no deberías haber ni siquiera pisado este bosque -me responde. Debo encontrar alguna forma de entrar en su mente y que deje de ser borde conmigo, alguna información que le hada sacar su lado más curioso:
—Vengo en busca de un hada... -mierda, ¿Ed me dijo el nombre? Si me lo dijo, la verdad es que no me acuerdo, y en el momento más oportuno.
—¿Vienes en busca de un hada? Pues mira, ¡aquí tienes una!
Mi irritable nueva "amiga" dijo unas palabras extrañas mientras hacía movimientos con su varita, e hizo de mí un humano del tamaño de un brazo, incluso menos.
Esto ya era pasarse. Yo no le había hecho nada, ¿por qué se comportaba así conmigo? ¿Era así con todo el mundo o yo le he dado mala espina? Debo solucionarlo cuanto antes:
—A ver, no sé como te llamas, pero creo que deberías madurar un poco. Aunque en fin, no conozco de nada a las hadas, así que puede que todas seáis iguales y nunca crezcáis... Yo solo he venido en busca de un hada. Me dijeron que es algo mayor pero muy sabía. Como se llamaba...
—No tengo ni idea de como son las demás hadas, yo solo sé que son todas unas presumidas. Todas preocupándose de su vestido, su maquillaje, sus alas... ¡Pero a mí me da igual! Vivo en el bosque, gastando bromas al todo el que se acerca, y si madurar significa volverse como ellas yo nunca creceré. Creo que sé de quién me hablas, pero te dejaré con las ganas. Además, tengo unos asuntos pendientes. Te dejo, ¡adiós!
El hada se da la vuelta y comienza a volar hacia el bosque. Podría perseguirla en mi tamaño normal, pero así es imposible, la hierba me llega por la cintura:
—¡Espera! Vengo en busca de... ¡Por favor, no te vayas! ¡Dame mi tamaño natural, por lo menos! Era un hada muy sabia... Su nombre empezaba con L... No, por B... Era... ¿Breena?
—¿Quién me llama?
Una voz diferente suena. Si es quién estoy buscando es mi salvación. Supongo que ella tendrá poderes para hacerme volver a mi forma normal, y además podré saber todo sobre las leyendas. En unos pocos segundos aparece a mi lado otra hada. Tiene el cabello blanco recogido en un moño, y aunque su cabeza es muy pequeña se le notan las arrugas causadas por la edad. Lleva un vestido gris y una sonrisa muy contagiosa:
—¿Quién eres tú? ¡Ember! Ya ha vuelto a hacer de las suyas, esta hada es más traviesa... ¡Ven ahora mismo!
Nunca había visto a un hada regañar a otra, pero la verdad es que se parece mucho a como se regañan los humanos entre ellos. Ember aparece, saliendo de su escondite, detrás de un árbol:
—¿Qué pasa, Breena?
—¿Has sido tú quién le ha hecho esto a esta pobre humana?
—¿El qué? ¿Humana? ¿Qué humana? Yo estaba jugando en el río.
—No intentes hacerte la tonta. Dale su tamaño natural ahora mismo.
Ember no pudo resistirse más e hizo otro conjuro. Este me dio mi forma, la que siempre he tenido.
—Muchas gracias, Breena.
—De nada, pero deberías saber que no se puede entrar a este bosque porque sí. Además no sé qué hace un humano aquí, deberías irte a casa.
—La verdad, es que venía en busca de usted -ha llegado el momento. La verdad es que no lo había pensado hasta ahora. ¿Y si no accede a contarme nada? Habré hecho este camino en vano, y a parte no sabré a donde ir, ni de donde sacar información.
—¿A mí, para qué?
—La verdad es que es una historia un tanto larga, y me gustaría contársela en un lugar más apartado, realmente necesito su ayuda.
—Por favor, sé que estoy vieja pero no me trates de usted -Breena ríe, ¿por qué es tan amable esta hada? Ni punto de comparación con las dos que he visto.
—Está bien, ¿podríamos ir a algún lugar más apartado?
—Claro que sí, justamente ahora iba a ir a casa a comer algo, creo que ya es casi la hora. Podrías acompañarme si quieres.
—Breena... ¿Yo qué hago? -pregunta Ember.
—Tú quédate por aquí, y vuelve dentro de unas horas. Si tienes hambre buscas algún fruto, estoy harta de tus payasadas.
Y diciendo esto, caminé al lado de la anciana hasta llegar a un claro en el bosque. Breena conjuró algunas palabras y de repente una casa de hada apareció. Como no era de mi tamaño, me preguntó si quería que me cambiara de tamaño para estar más cómoda, pero después de aquella travesura no tenía ganas de más cambios físicos. Si me agacho un poco, seguro que entro perfectamente.

Después de comer algo totalmente delicioso aunque totalmente desconocido para mí, ya que no sabía qué era y Breena no me quiso decir nada, comencé a hablarle sobre lo que de verdad me había traído hasta aquí. Ella escuchaba sin decir nada, así que después de contarle cuando me quedé atrapada aquí, le hablé sobre la existencia de las leyendas. Entonces el hada empezó a relatar:
—Lo primero que quiero aclararte es que me estoy arriesgando mucho, ya que no sé nada de ti pero bueno, soy un hada. Tengo poderes, y si mi larga experiencia en el mundo no me falla, creo que dices la verdad y que tienes buen corazón. Lo segundo, es que desde el primero momento en el que te he visto he sabido de ante mano que no eras el mismo tipo de humano que los que habitan en Valor. Eres más diferente, como más pura. A continuación pasaré a contarte todo lo que sé sobre las leyendas que me has pedido:
Hace demasiados años como para acordarse, Red Heaven y Aurum estaban en un punto crítico de su constante guerra. Habíamos perdido soldados, magos... Los pueblos no tenían qué comer, los niños no podían educarse como era debido, las enfermedades abundaban... Y esperábamos que en Red Heaven la situación fuera parecida, aunque ellos no pueden enfermarse y para algunas de sus criaturas, comer no es una necesidad. Entonces cuando se iba a realizar la batalla final, los soldados restantes, más algunos voluntarios e incluso los reyes varones, fueron a luchar. Al llegar al campo de batalla se dieron cuenta de que Red Heaven poseía más unidades, y se percataron de que ese sería el fin. Todos comenzaron a correr hacia la mitad del campo y empezaron a luchar. Las muertes por parte de Aurum eran más considerables que las de Red Heaven. Los monstruos que allí habitaban estaban a punto de alcanzar la victoria, hasta que el rey que gobernaba por aquellos tiempos, cuando estaba a punto de ser devorado por un ser del otro lado, sacó de debajo de su armadura un colgante. Llevaba un gran zafiro, y brillaba más que nunca. Entonces el cielo se volvió más azul. El sol comenzó a brillar más y más, por lo que todo el mundo tuvo que parar y cerrar los ojos. Se escuchó un estruendo. Parecía como si alguien hubiera aterrizado, como si hubiera saltado desde el sol y hubiera llegado a hacer que uno de los dos ejércitos ganara, y parece que así fue. Era un apuesto caballero, del cual nunca se supo su rostro, comenzó a tocar a todo ser procedente de Red Heaven con su espada, lo que provocó que cayeran rendidos. Todos, incluso el propio rey quedaron estupefactos ante el gran poder de aquél hombre que les había salvado la vida. Después de terminar con todos, se desvanació dejando sólo la armadura, la espada y dos piedras más: una esmeralda y otra rubí. Además, por dentro de su armadura había tallada una frase: "Como habéis utilizado la piedra para una buena causa, os concedo el poder de dos más. Una os llevará al fin y otra a la prosperidad".

Me quedé sin palabras, pero Breena aún tenía más que contarme:

—Por si no lo has entendido bien, se supone que el rubí "invoca" a otro salvador pero que está de parte de Red Heaven, y la esmeralda otro parecido al zafiro. Si toda la leyenda es verdad, tú eres la esmeralda, o al menos es la única solución que se me ocurre. Además ahora también estamos en problemas con Red Heaven.
—¿Y qué crees que es lo más acertado para hacer ahora mismo?
—Entrégate a las autoridades.
—¿Qué? -Ed me dijo lo mismo, pero es muy peligroso.
—Sí, te presentaremos como una chica huérfana, que posiblemente podría ser la esmeralda. Se supone que ningún salvador se presenta de la misma forma, quizás tú viniste a través de sueños. Además, si consigues trabar amistad o sonsacarle a alguien algo, podrías averiguar dónde está Emily, yo te ayudaré en todo lo que me sea posible.
—Me da miedo, pero debo ser fuerte. Muchas gracias por todo Breena, aunque no creo que yo sea la esmeralda. Intentaré hacerles creer que sí para colarme y saber más sobre Emily.
—Sigue el camino que creas conveniente querida.

Se nos pasó la tarde hablando de leyendas parecidas, rumores, mentiras, dónde podría estar mi amiga... Hasta que el cielo empezó a anochecer:
—Parece que ha llegado la hora de concluir esta visita, me ha encantado tenerte en mi casa. Te invitaría a cenar pero tengo un sitio a donde ir.
—Sí, la verdad es que yo también. Vine acompañada de Aria y me dijo que fuera a una hoguera.
—¿Conoces a Aria?
—Sí, ha sido la que me ha traído, ¿por?
—Y encima ella te ha invitado, se te ha olvidado ese gran detalle. Ella es la humana más bienvenida aquí, entonces ven conmigo, yo también voy a la hoguera.

Entonces las dos salimos de la casa, Breena hizo un conjuro e hizo su casa desaparecer. Ember se nos unió y le dijo que realmente estaba arrepentida, y me preguntó si quería ser su amiga. No la rechacé, así que las tres caminamos hasta el lugar de la fiesta, donde volvería a encontrarme con Aria. Esta aventura no ha hecho más que empezar.

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sábado, 7 de septiembre de 2013

Capítulo 12.

—Y... ¿Para qué quieres ir a Azelleb? Lo siento si te molesta la pregunta o algo, pero...
—O eres muy insegura o te doy miedo -dice Aria mientras suelta una carcajada-, la verdad es que voy allí a visitar a unos amigos, ¿y tú?
—Bueno... Es largo de explicar. -Confiaba demasiado en mí, y por alguna extraña razón yo también confiaba más de lo necesario en ella.
—Tenemos tiempo, al menos un cuarto de hora. Parecía insistir, así que no tuve más remedio que contárselo saltándome la parte en la cuál dejo mi mundo y entro en Aurum. Le conté sobre Emily, sobre como nos conocimos. –Sí, la verdad es que escuché algo sobre una pareja imposible y una hija olvidada. Entonces, ¿dices que vas en su busca?
—Exacto.
—¿Y quién te ha mandado a Azelleb?
—Bueno, digamos que todavía me queda una persona de confianza, ahora que Emily ha desaparecido. Él me contó que hay un hada muy sabia allí que podría darme información sobre... Todo.
—Gwen, tengo la sensación de que me ocultas algo, o más que algo son muchas cosas. Pero bueno, todos tenemos nuestros secretos, y veo normal que no quieras confiárselos a alguien que acabas de conocer, aunque me debes una. Me encantaría escuchar tu historia cuando estés preparada para contarla -dijo, acompañada de una sonrisa-. Por cierto, tu gata es muy mona, ¿cómo se llama? Le devuelvo la sonrisa a la vez que le contesto:
–Se llama Diana. Me la encontré merodeando por la calle. Pensé que no tenía dueño y que yo la iba a cuidar mejor que la naturaleza. Por cierto, gracias por respetar mi... intimidad, por así decirlo.
—Qué cruel eso de la naturaleza, ni se te ocurra decirlo una vez lleguemos a Azelleb.
–A sus órdenes -Aria y yo reímos a la vez.
Esta chica me cae realmente bien. Al cabo de unos minutos más llegamos a nuestro destino. Nos adentramos en un pequeño pueblo y pasando por algunas calles, llegamos a una casa un poco más apartada de las demás. Tiene un patio principal, las paredes son todas blancas y tanto puertas como ventanas están hechas de madera. Las ventanas tienen flores colgadas y es notablemente más grande que las casas del alrededor. Aria llama a la puerta, y nos abre un chico de lo más encantador.
 –¡Daniel! -exclama Aria, mientras le da un abrazo-. Voy de camino hacia a Azelleb. Pensaba pasarme a saludarte sólo, pero hoy tengo un favor que pedirte.
—Me encargaré de hacer realidad todos sus deseos, majestad -comunica Daniel, haciendo una reverencia, riendo y acto seguido, mirándome-. ¿Quién es tu amiga?
–Soy... -Aria no me deja terminar mi frase, se me adelanta.
–Es Gwen, una amiga mía. Ella va a acompañarme a Azelleb y quería preguntarte si podías quedarte con su caballo hasta que volvamos. Como podrás deducir es imposible colar un caballo, y tú tienes espacio de sobra.
–No tengo ni idea sobre lo que comen los caballos, pero ya me las apañaré. Me debes una. Por cierto, encantado de conocerte, Gwen.
Diciendo esto le doy la cuerda que sujeta a Shadow, le explico lo poco que sé sobre caballos gracias a Ed y nos despedimos. De camino a la estación de tren, mi nueva amiga me habla un poco sobre este chico. Daniel es amigo suyo desde que los dos tienen memoria. Ella no vive muy lejos, en otra aldea cercana, y sus padres siempre fueron íntimos así que supongo que se les pegó. Actualmente se ven menos pero cuando lo hacen es como si siguieran viéndose todos los días. Que Aria me contase todo eso me recuerda a mi mundo, a la Tierra. Me recuerda a Diana, seguro que está muy preocupada por mí, a mis padres y familia en general. Seguramente tienen mi cuerpo en el hospital, con cables enchufados para mantenerme viva, en el real caso de que yo siga durmiendo.
 Llegamos a la estación y no hay tanta gente como me esperaba, pero aún así sigo replanteando si colarnos es una buena idea. Sigo a Aria entre la muchedumbre y pasamos los vagones de pasajeros. Al cabo de nada estamos en los vagones donde suelen meter animales o cosas que hace falta transportar. Encontramos un vagón lleno de heno, y consideramos que era el mejor. Cuando estamos seguras de que no hay nadie, entro yo primera, y segundos después, ella.
—¿Por qué hay tan poquísima gente trabajando aquí? Apenas he visto el conductor y un encargado del mantenimiento.
 —Últimamente Aurum está en crisis. Están recortando por todos lados, y bueno, el transporte público ha sido uno de ellos. Por eso es tan fácil colarse. Algunas veces no he viajado sola, también había algunas personas haciendo lo mismo que yo. Y ahora calla, cuando falten cinco minutos para que el tren se mueva vendrá el encargado a revisar que no hay nadie. Cuando lo escuchemos, tenemos que meternos rápido en aquél hueco de la esquina, no se nos verá con tanto heno.
Así hicimos, hasta que el tren se puso en marcha. Cuando notamos que había cogido velocidad nos relajamos un poco más y, aunque estaba un poco oscuro, me lo estaba pasando realmente bien. La verdad es que Diana no estaba dando ningún tipo de problemas. Cuando pudimos relajarnos la saqué de la mochila y no la pude ver demasiado bien, pero sabía que estaba jugando con el heno. Mientras tanto, Aria y yo hablábamos sobre cosas variadas. Después de un buen rato y de compartir una de mis manzanas, le hice una pregunta un poco peligrosa, pero sentía que tenía que hacerla:
–¿Crees que es posible... cambiar de mundo?
–¿Qué quieres decir? ¿Si es posible ir desde Aurum hasta Red Heaven. Si tienes un buen barco podrás llegas, aunque hay muros por toda la frontera.
–No me refiero a eso. Me refiero a que si puedes transportarte instantáneamente de un planeta a otro. –¡Eso es una absurdez, Gwen! -Aria ríe de una forma exagerada, la verdad es que yo también lo hubiera hecho si me hubieran preguntado eso hace unos días sólo. 
—La verdad es que sí, es bastante absurdo, pero...
—¿Pero, qué? Quizás habérselo preguntado no ha sido la mejor idea. Ahora sabrá que le oculto algo, y bastante gordo.
Los nervios se apoderan de mí, y la confianza que desprende hace que le cuente toda mi historia, del tirón, sin pausas.
 –...Y así es como llegué aquí, y por qué Emily es tan importante para mí.
–A ver, todo eso que me has contado es bastante... irreal. Pero de alguna manera o de otra, te creo.
—¿De verdad?
—Sí, porque ya tendrías que tener imaginación para inventarte todo eso de golpe -Aria ríe-, pero no, de verdad. Es más, existía una leyenda sobre algo bastante parecido, pero sería una locura. 
—¿Qué leyenda? -Ed también me había comentado algo al respecto, es en parte por lo que me dirigía a Azelleb.
—Se supone que un héroe iba a llegar a Aurum, en un momento de crisis, cuando Red Heaven esté más al acecho para salvarnos a todos. Pero, bueno... A parte de que se trata de un héroe y no una heroína, Red Heaven lleva muchísimo tiempo sin dar noticias. Se supone que hace siglos un antepasado de el "héroe" vino y los derrotó, haciendo que se quedaran en sus tierras para siempre.
—Ojalá hubiera esas leyendas en mi mundo.
—Sí, bueno... ¿Y cómo es tu mundo? Nunca había escuchado sobre la existencia de otros mundos, bueno la verdad es que sí... Pero sólo se estudia en las universidades, y por lo que me han dicho las personas que viven allí son de colores extraños, y son muy malvados.
 Aria y yo nos llevamos el resto del viaje hablando sobre la Tierra. Le conté cómo era, y luego le conté sobre mi familia, sobre Diana... Cuando nos quisimos dar cuenta habíamos llegado a Azelleb.
—Creo que nuestros caminos se separan aquí -le digo a Aria.
—Bueno, la verdad es que sí. Pero eso no significa que no nos podamos volver a ver nunca más. —¿Qué quieres decir?
—Si no me equivoco hoy hay una especie de fiesta en el centro del pueblo. Pondrás una gran hoguera y asistirán casi todos los aldeanos. Deberías pasarte, yo también estaré.
Bueno, supongo que hoy no me dará tiempo a más que a informarme sobre las leyendas, sobre las autoridades y sobre el paradero de Emily. Además, le he confiado mi vida a Aria, no debería dejar que se olvide de mí, o podría ser mi final.
—Está bien, allí nos veremos.
—Vale, nos vemos luego.
 —Adiós.
Y me doy media vuelta. Este pueblo es totalmente diferente a donde había estado unas tres horas antes. Las casas son más pequeñas aunque agachándome un poco puedo entrar. Todo es muy colorido. Predomina el color verde y las flores coloridas abundan. Entonces, veo un hada. La verdad es que no me había sorprendido cuando Ed me dijo que iba a ver hadas y duendes, pero hacerlo en persona es totalmente diferente. El hada me mira extraño, como si fuera a hacerle algo, pero le sonrío y le pregunto por Breena. Se nota que desconfía de mí, pero me señala un camino bastante largo, donde supongo que habrá una casa al final. Le doy las gracias, y ella simplemente hace un ruido muy singular, como el sonar de unas campanas pero muy leve, mezclando con la magia del polvo de hadas. El ser es precioso, magnífico. Apenas es como mi antebrazo de grande. Lleva ropajes de color blanco y el pelo morado. Sale volando en cuanto le hablo, y deja una fila de destellos tras su paso, que desaparece en segundos. Mientras camino hacia donde me ha señalado pienso en tal momento. Desde pequeña me han encantado las hadas, y nunca pensé que iba a encontrarme con una, y que en tal caso, iba a ser tan sumamente mágico.

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