Intento pasar lo más desapercibida posible mientras voy de camino al bosque. Tal vez taparme con capucha y andar cabizbaja no sea la mejor manera de hacerlo, pero así por lo menos no me reconocen, aunque se me lancen muchas miradas. Ando lo más rápido que puedo, y cuando por fin salgo de la ciudad y el camino se hace más arenoso, me quito la capucha y ando más relajada.
Hoy hace un poco de sol, pero lo más seguro es que luego haga un poco de más frío, he incluso que llueva. Aquí la primavera es más que lluviosa, pero todo lo recompensará con un verano fresco y con toda la fauna vegetal más que viva. Prosigo mi camino durante bastantes minutos, observando cada flor, árbol y pequeño animal que se me aproxime, pero sin dejar de andar. Necesito llegar cuanto antes a mi destino porque le prometí a Emily que llegaría pronto.
En una media hora, he llegado a donde quería. Es una pequeña pero acogedora casa en el árbol, que construí cuando me vine aquí y no tenía hogar. Luego descubrí aquél refugio abandonado, que estaba mucho mejor puesto que aquí había muchas goteras y aparte podía ser descubierta antes, aunque estuviera en la parte más remota del bosque, donde creo que nadie ha venido mas que yo en bastante tiempo. Subo unas escaleras que construí aunque ya están siendo devoradas por la verdina y llego a la casa.
Vaya, cuánto tiempo hace que no vengo por aquí. La verdad es que está todo muy descuidado, aunque nunca lo tuve todo especialmente ordenado. Hay algunas bichos y bastantes hojas y florecillas. Aunque todo lo compensa los finos rayos de luz que entran por el tejado, iluminan el lugar de una forma tan mágica que parece irreal. Como sacado de un cuento, de una historia de fantasía. En realidad, estar aquí tiene sus ventajas, aunque dejo de pensar en eso y decido simplemente tumbarme en una especie de cama que hice, con algunas tablas de madera, una sábana y hojas secas.
Ahí tumbada, empiezo a recordar. Recuerdo cuando me sentía perdida y sin saber qué hacer, aunque rápidamente me puse manos a la obra, porque sabía que tenía que sobrevivir. Sabía que tenía que tener algún techo sobre el que protegerme, así que decidí hacerme una casa en un árbol, como había leído y escuchado tantas veces. No pensé que me fuera a salir, pero no tenía otra alternativa, crearía aquella casita y luego buscaría otro refugio más eficaz. Recuerdo que descubrí Valor y robé mucha madera del carpintero local, el cual se enfadó bastante, aunque un día me descubrió y, al contarle mi historia, accedió a mantenerlo todo en secreto a cambio de que le llevara algo de carne todas las semanas, y eso hago todos los domingos. También robé una gran sábana blanca de casa de la señorita Marie, a la cual le he asaltado varias veces, y dentro de nada lo volveré a hacer, esta vez acompañada de Emily. Por último, Ed, el carpintero me dejó los clavos suficientes para terminar mi trabajo, y con algunas cuerdas y troncos abandonados que encontré, reforcé la casa, hice la escalera y le puse unos pilares. Quedó un poco chapuza, pero al menos tenía donde pasar la noche. Los primeros días, Ed me enseñó cómo utilizar el arco y los puñales contra los animales, al principio no fue fácil porque nunca había matado a nadie más que a las moscas y mosquitos, pero cuando el hambre empezó a apretarme y me di cuenta de que robar a la panadera era demasiado arriesgado, y que además tenía que cazarle semanalmente a Ed, me di por vencida y decidí ver la realidad de una vez.
He de decir que desde que llegué a Aurum me he vuelto una persona muchísimo menos sedentaria. Antes me llevaba todo el día sentada frente al ordenador y sólo andaba para ir al instituto y el club de lectura. Ahora las cosas han cambiado muy drásticamente. Mi manera de vivir y actuar me recuerda un poco a una trilogía que leí hace tiempo, Los Juegos Del Hambre. Katniss tenía que cazar para sobrevivir y no tenía muchos lujos, que digamos. Aunque bueno, ella era así desde pequeña, se crió ahí, yo no. Yo vengo de un mundo automatizado en el que hay una política y un "chiringuito" montado, aquí no. Prácticamente no he salido de Valor y sus alrededores, pero Ed me ha contado un poco la historia de este lugar.
Me explicó por encima cómo se formó este sitio, y luego me explicó un poco sobre sus regiones. Me contó que en este pequeño planeta había dos tierras separadas. Me dijo que, para que nos entendiéramos, estaban los buenos y los malos, aunque nosotros estábamos dentro de los buenos y a veces nos trataban como a ratas. El territorio que ocupan los "malos" se llama Red Heaven, y no se sabe mucho de él. Sólo que allí habitan los vampiros, criaturas muy sobrenaturales, monstruos espeluznantes y humanos con un diferente "cableado" en el cerebro. Me los describió como personas que piensan que sólo piensan en la destrucción, como si fueran robots sin sentimientos. Estas dos tierras, Red Heaven y Aurum están desde tiempos inmemoriables en guerra por distintas razones, aunque ya es algo tradicional. Red Heaven posee menos terreno, bastante menos, aunque está formado simplemente por la gran ciudad y lo demás, es un desierto donde nunca sale el sol. Más bien, en todo Red Heaven, como su propio nombre indica, el cielo está casi siempre en rojo, o en alguno de esos tonos. Aurum sin embargo es diferente. A primera vista, se parece a mi planeta, la Tierra. (Por cierto, Ed no se creía mucho lo de que yo venía de otro planeta, pero cuenta con que soy una niña huérfana y, como si me atrapan me explotarán, por eso guarda mi secreto). Pero Aurum es mucho más que tierra con un clima. Viven criaturas fantásticas. En Valor viven los llamados humanos, como él y como yo. Pero también hay muchos estados diferentes, donde reinan otro tipo de seres mágicos. Para empezar está la ciudad principal, Allerim. Allí no viven muchas personas, solo los que controlan la política y demás quehaceres que tiene el gobernar. A parte también viven algunas familias con dinero, pero muy pocas. Es más un lugar para comerciar o ir a celebrar algo. Donde viven los humanos, Valor. Se ganan la vida con tareas como la carpintería, el suministro de comida... etc. Si cruzamos hacia la derecha todo el bosque (aunque hay caminos principales, pero hay que pagar un importe por pasar por ellos) llegamos a Azelleb. Allí viven seres tan diminutos como los duendes y las hadas, y en otra parte del lugar viven también los elfos. Ellos hacen perfumes, cremas... También tienen una repostería especial, aunque de todo esto más bien se encargan los duendes. Las hadas suelen vivir por su cuenta, aunque a veces, ayudan un poco con su magia, que tampoco es mucha. Los elfos son famosos por su agilidad, así que algunos se dedicaban al espectáculo, otros cazaban para los que no podían o también ganaban dinero a cambio de sus poderes mágicos. Un poco más al norte, nos encontramos con Azubari, la ciudad del agua. Allí vivían algunas sirenas y los demás son seres más extraños, que Ed no me supo definir. Suelen tener una cara corriente, aunque toda su piel es azul, y son más bajos, resbaladizos y nadadores que los humanos. Viven del turismo y de la pesca. Fuera del continente pero dentro de Aurum se encuentra Ignis, la ciudad del fuego. Son unos seres extraordinarios que suelen tener alguna llama de fuego en la cola y los que tienen más suerte, en la cabeza a modo de pelo. Son inmunes a esta materia y si aprenden la habilidad, pueden hacer que su propio fuego no le haga daño a las personas que él desee. Son muy autosuficientes. Entre Azubari y Azelleb hay un prado muy extenso en el que hay algunas casas, pero muy salteadas. Si seguimos avanzando, nos encontramos con Whinder y Torrem. Whinder es la ciudad de hielo, donde viven seres helados muy independientes y Torrem es donde viven los hombres piedra. Aquí viven sobre todo de las grandes cuevas y minas que hay, de donde sacan piedras preciosas o materiales como el carbón.
De repente despierto. Estaba soñando, pero no estaba dormida. Sólo soñaba despierta, es algo que suelo hacer. Me doy cuenta de que los finos rayos de luz ya no se filtran por el tejado de la casita, así que aunque no llevo reloj sé que es tarde, y que a lo mejor no llego a la hora prometida a casa de Emily. Bajo enseguida del lugar, y me prometo a mí misma volver más a menudo. Camino rápido por todo el bosque, porque orientarse por aquí cuando ha oscurecido del todo es muy difícil. Al final consigo salir antes de que anochezca, y si me doy todavía más prisa, a lo mejor consigo llegar al refugio antes de que sea de noche del todo. No hay casi nadie en las calles. Aunque no suele haberla a esta hora, hoy hay menos de lo normal, me parece extraño. Estoy exhausta, pero tengo que seguir hasta mi destino, Emily se pone nerviosa muy pronto, y se cree que la voy a abandonar, aunque hasta ella misma sabe que no sería capaz de algo así. Por fin diviso mi escondite y subo las escaleras a toda prisa, pero cuando llego a la puerta algo me detiene en seco. El corazón se me acelera y por unos instantes se me olvida hasta respirar.
La cerradura está forzada.
Si lo has leído, ayúdame a seguir adelante y dale a este botón: Twittear
No hay comentarios:
Publicar un comentario