jueves, 30 de mayo de 2013

Capítulo 7.

Todavía son las once, así que podemos quedarnos más tiempo en el local antes de ir a nuestras casas. Mientras damos algunas vueltas por el lugar, muchas chicas se les acercan a Marcos, algunas más tímidas que otras. A mí también se me acerca algún chico, pero Diana atrae todas las miradas a pesar de no haber subido al escenario. ¿Es raro que con dieciséis años todavía no haya dado mi primer beso? ¿Es también extraño que nunca me haya sentido atraída por nadie? Nunca me gustó nadie de mi clase, puesto que repetí curso al empezar el instituto, a causa de la muerte de mis dos abuelos. Ellos dos vivían muy lejos de nosotros. Venían en avión a pasar mi cumpleaños y unos días también en mi casa, aunque la cosa se torció y bueno, el avión se estrelló. Sin ningún superviviente.
Cada vez que mi madre me pregunta sobre los chicos le digo que no hay nadie, y aunque ella no se lo cree, es una de las pocas cosas en las que le soy sincera. 
–Gwen, ¿sales a la puerta? -me pregunta Diana.
–Vale, ¿para qué?
–Quiero fumar.
Así que salimos del local y nos quedamos en la puerta.

–¿Tú quieres?
–Sabes que no fumo regularmente -le advierto.
–Ya, pero hoy es un día especial, ¡has cantado delante de mucha gente desconocida! Eso tiene su mérito, y su cigarrillo de celebración. 
–Bueno, vale.
Nunca he estado a favor de los fumadores, pero sí que es verdad que Diana y yo tuvimos una época "rebelde". Las dos probamos el tabaco a la vez, pero se supone que a ella le gustó más que a mí, y por eso ella lo sigue haciendo diariamente, aunque yo sólo lo hago de muy vez en cuando.
Terminamos y entramos a por Marcos, por lo menos yo quiero irme ya a casa. Diana también está un poco cansada, y para no quedarse sólo, nos vamos los tres. Primero acompañamos a mi amiga y luego Marcos me lleva a casa. 
–Vas a tener que andar un buen trecho tú solo, podrías haberme dejado unas calles más atrás. 
–No pasa nada, me gusta andar por la calle de noche, me da qué pensar.
Proseguimos nuestro camino, hasta que llegamos a mi casa, donde sólo está encendida la luz del dormitorio de mis padres. 
–Creo que deberías irte ya, a ver si te va a pasar algo -le aconsejo, mientras busco las llaves en mis pantalones.
–Sí, debería irme. Muchas gracias por cantar conmigo.
–Ya, ya, pero no me lo vuelvas a hacer otra vez, eh... 
Marcos me da un abrazo de despedida y se marcha, a la misma vez que abro la puerta de casa y entro. Están todas las luces apagadas, pero tanteando un poco llego a las escaleras y subo hasta mi habitación. Allí enciendo la luz y me desvisto, me pongo el pijama y enciendo el portátil. Son casi las doce. 
Me siento en la cama y apago la luz grande, encendiendo la de la mesita de noche. Al poco rato, mamá aparece tras la puerta del cuarto:
–Has llegado muy pronto.
–Sí, es que no teníamos ganas de estar más tiempo allí.
–¿Me has grabado algo? Si no, te rajo -dice a la vez que sonríe un poco.
–He grabado un par de canciones y después Diana me ha pasado otro vídeo.
–¿Y por qué el que te ha pasado no lo grabaste tú?
–Porque... -la verdad es que no quiero decírselo, mi madre nunca ha sabido que me gusta cantar-. Porque mi móvil no tenía batería.
–¿Y ahora por arte de magia la tiene casi entera? -dice, a la vez que lo coge de la mesita.
–Bueno, vale. Marcos me subió al escenario con él y cantamos juntos una canción -en cuanto lo dije, agaché la cabeza y me puse a teclear a lo loco en el portátil.
–¿Qué? -mamá viene, se sienta al pie de la cama y me abraza-, ¡eso es fantástico! ¿Desde cuando te gusta cantar?
–Desde siempre.
–Pues me parece muy bien que tengas esa afición, y no la que tengo yo, que me paso todo el día echando humo por la boca. Creo que voy a consultar al médico para que me ayude a dejarlo.
En ese momento me siento culpable. Justo esta noche, he fumado y ella no lo sabe. Rápidamente respiro hondo e intento olerme para saber si huelo a tabaco. 
–Sí, creo que deberías dejarlo.
–No puedo dormir -dice mi hermana pequeña Ana, a la vez que se rasca los ojos y levanta su osito de peluche del suelo, al darse cuenta de que lo estaba arrastrando.
–Tranquila, cariño, ven -le dice mamá abriéndole los brazos.
Cuando la tiene sentada en sus piernas pregunta:
–¿Sabéis por qué tú te llamas Gwen, un nombre inglés, y tú Ana, un nombre español?
–Sí -decimos las dos a la vez, en realidad estamos hartas de que nos lo explique, pero nos reímos igualmente.
–Como ya sabéis vuestro padre nació en Londres, y nos conocimos allí en un viaje que yo hice. Entonces él quería ponerte a ti, Gwen, un nombre inglés, así que yo lo dejé. Cuando nos enteramos de que Ana venía en camino, le dije que a mí me gustaría que tuviera un nombre de aquí, así que por eso.
–Ya van cuatrocientas las veces que nos lo has contado -le digo, graciosa.
–Bueno bueno, a dormir que ya es muy tarde. Ana, ahora voy contigo y te leo algún cuento, ve para tu cuarto -Ana se va, y cuando desaparece de mi habitación mamá prosigue-, y tú no te enamores de Marcos, aunque si ocurre pues no te lo voy a impedir.
–¡Mamá! ¡A mí no me gusta Marcos!
–Bueno, pero es que una chica no sube a un escenario con cualquiera.
–Es mi amigo desde los cinco años, cómo no voy a subir.
–Venga, a dormir. 
–Sí, yo creo que debería dormir porque con las chorradas que dices...
–Eh, que soy tu madre.
Y entre risas y abrazos, nos damos las buenas noches. Mamá no ha cerrado la puerta del todo, como te costumbre, así que me levanto y la cierro. Entonces, miro para el lado, y veo el espejo. Soy una chica de dieciséis años que todavía no ha salido con nadie, en realidad es muy triste. Diana tuvo su primer novio en el primer curso del instituto, en aquélla época nuestra. Yo sin embargo siempre me quedé atrás, pensando que algún día mi príncipe azul aparecería de repente. Como les ocurrió a mis padres. Mi padre estaba trabajando de camarero en un bar, y mi madre le pidió un café. Éste se lo trajo, pero de los nervios de su primer día, se lo tiró encima. Una simple casualidad que acabó con un bonito romance, un casamiento y dos hijas. Yo también quiero un cambio así en mi vida, algo radical que cambie mi vida por completo, y encontrar el amor. Pero por ahora todo eso tendrá que esperar, la verdad es que estoy cansada incluso después de haber dormido siesta así que apago el portátil, lo pongo sobre el escritorio y me tapo con las mantas, a la vez que apago la luz de la mesilla de noche e intento dormirme lo antes posible.

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Alcázar.

Hace una semana más o menos, fuimos a visitar el Alcázar de Sevilla todo mi instituto, y aproveché para hacer unas fotos. Soy sólo una aficionada pero bueno, me gusta la fotografía y como aquél lugar es tan bonito, decidí guardar algunos recuerdos. He aquí las fotos que hice, lo siento si no pongo el lugar donde fueron tomadas, la verdad es que no me acuerdo de como se llamaban.






Especialmente estas dos últimas, la de los pintores, son las que más me gustan. Es como si me dieran qué pensar, no sé, pero me gustan cómo las he hecho. Un saludo que no recibirán a estos artistas.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Capítulo 6.

*Ding, dong*

Suena el timbre del piso de Diana. A los pocos segundos me abre su madre, una mujer alta, un poco más joven que la mía y con más maquillaje de lo que a mí me gustaría, pero a pesar de eso es una persona excepcional:
–¿Está Diana? -pregunto.
–Sí, está terminando de peinarse. Pasa, no creo que le quede mucho.
–Muchas gracias.
Entro por el pasillo principal y me dirijo hasta su cuarto de baño. Está la puerta cerrada, pero llamo y me contesta ella. Me dice que me espere un momento en la puerta, así que eso hago. Observo un poco el piso de mi amiga y aunque yo viva en una casa, la mía está muy deteriorada por el tiempo y su piso es muy moderno. A parte de que los construyeron hace poco, el padre de Diana es decorador de interiores y se le da muy bien todo esto. La verdad es que es una vivienda muy agradable.
Diana sale del baño y se ajusta el top:
–Vas a tener frío con eso sólo -le advierto, mientras voy a su habitación a por alguna chaqueta.
–Bueno, tienes razón. Todavía no estamos en verano. ¿Por qué llevas esa camiseta tan ancha?
–No es ancha, es que son así, y lo sabes.
–Ya, ya -Diana ríe y me abraza-, es que sabes que me gusta meterme contigo.
–¿Nos vamos?
–Por supuesto.

Diana le pide algo de dinero a sus padres y enseguida salimos a la calle. Miro mi móvil, y dice que son las nueve y diez minutos. Si vamos rápido, llegaremos justo. Diana me habla sobre los problemas que ha tenido al arreglarse, que si no le funcionaba la plancha, que si la mayoría de la ropa que tenía pensado ponerse, estaba para lavar...
–¿Qué habéis hecho hoy en el club? -pregunto, para cambiar un poco el tema. No es que no me guste escucharla, al revés, me hace gracia. Pero es que hablar de algo todo el rato cansa.
–Pues como no había nada planeado hemos leído los dos primeros capítulos de un libro y luego lo hemos comentado, y la verdad es que nos ha gustado a todos.
–Ah, ¿sí? ¿Cómo se llama?
–Lo más curioso es eso. No tiene nombre, ni tampoco autor. Es totalmente anónimo, se escribió hace ya sus años.
–Así que... ¿ese libro no es de nadie y no tiene ni siquiera nombre?
–No, el director del club nos ha dicho que uno de los trabajos que tendremos que hacer es ponerle nosotros nuestro propio nombre, y elegir un final para la historia ya que también le falta las últimas páginas al libro.
–Cómo mola, ¿de qué va?
–En los dos primeros capítulos no cuenta mucho. Además, ¡no puedo contártelo! ¡Si yo lo he tenido que leer, tú también!
–Vale, vale -las dos reímos escandalosamente por la calle-, me tendré que esperar.

Mientras hablábamos el tiempo iba pasando y nuestros pies también iban avanzando. Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos en el local en el que Marcos iba a actuar. El sitio ahora no está nada mal, comparado con esta tarde. Hay más gente y por lo tanto más ambiente. Hay música de fondo, pero como no es el estilo que suelo escuchar no le presto mucha atención y busco a Marcos, mientras Diana va a la barra a pedir dos Coca-Colas.
–¡Gwen!
Una voz un poco lejana grita mi nombre. Sé que es Marcos así que lo busco con la mirada. Segundos más tarde, diviso una pequeña puerta en una esquina cerca de los baños, por lo que no hay nadie. La puerta está medio abierta y veo a Marcos desde dentro saludándome. Abro la puerta y bajo las escaleras que me llevan hasta mi amigo. Por un momento, me siento en un cuento de princesas.
–¿Qué haces aquí? -le pregunto, a la vez que esquivo una lámpara que cuelga del techo. Esta habitación no mide más de 1'80 de alto.
–Es como el "camerino", está completamente insonorizado por lo que puedo cantar y tocar todo lo que quiera antes de actuar.
–Está bien pensado. ¿Cuándo sales a cantar?
–Cuando el dueño del lugar me avise, tiene que estar al llegar.
Y como si de algún truco de magia se tratase, el dueño aparece por las pequeñas escaleras:
–Marcos, ve saliendo ya que en un par de minutos empiezas la actuación.
El hombre sube otra vez las escaleras y Marcos hace un par de ejercicios para ejercitar la voz.
–Mucha mierda, otra vez.
–Gracias, Gwen.
Le doy un abrazo y subimos las escaleras. Después, encuentro a Diana, me da mi bebida y miramos ansiosas al escenario, donde el tipo que acabamos de ver para la música de fondo y coge el micrófono:
–Hola a todo el mundo. Como muchos ya sabréis hoy había una actuación programada para esta hora. El artista se llama Marcos, y a pesar de no alcanzar todavía la mayoría de edad, es un pedazo de cantante, guitarrista y pianista. ¡Un aplauso para él y su música! ¡Que comience el espectáculo!
La mayoría de la gente responde entusiasta, mientras que aquél hombre baja del escenario y le da paso a Marcos. Este se presenta y comienza cantando una canción con un poco de instrumental y también un poco de piano, Beauty And A Beat, de Justin Bieber y Nicki Minaj.
Todo el mundo se lo pasa estupendamente y le anima a seguir cantando cada vez que termina de interpretar una canción. Pero el tiempo pasa rápido cuando te lo estás pasando bien y las once acababan de llegar.
–Muchas gracias por todo vuestro entusiasmo -agradece Marcos, parece que está siendo muy sincero-, esta es mi primera actuación y no podría haber ido mejor, gracias de todo corazón.
Todo el mundo sabe que la actuación está a punto de terminar, pero mi amigo tiene un as bajo la manga.
–¿O queréis otra canción más?
La gente se extraña, pero todo sea por la música, así que insisten en la última canción.
–Vale, vale. Tocaré la última canción... Si mi amiga Gwendolyd sube a cantarla conmigo.
De repente me quedo de piedra. ¿Qué está diciendo este tío? No me pienso subir al escenario, delante de las cien personas, más o menos, que debe haber aquí.
–¿Gwen? ¿Dónde estás?
–¡Tía! ¡Sal al escenario, que eres una pava! -Diana me empuja hacia el escenario, por lo que la gente empieza a percatarse de que Gwen, soy yo.
–¡Que salga! ¡Que salga!
La gente se cree que está en el concierto de algún grupo épico, como Queen o The Beatles. ¡Es un adolescente en su primer concierto! ¿Tan influenciables sois? Todo eso lo pienso para mis adentros, porque por fuera solo puedo expresar un estado de shock muy importante. Sólo me he subido a un escenario una vez, cuando era pequeña para las típicas actuaciones del colegio, sólo eso.
Cuando me quiero dar cuenta, Marcos y los oyentes más cercanos me están ayudando a subir al escenario. Ya no hay vuelta atrás. Voy a tener que cantar, sin preparación alguna. ¿Del mil al infinito, cuánto haré el ridículo?
–Sé que esta canción te gusta mucho, y aunque yo no soy muy fan de Taylor Swift me la he aprendido por lo mismo -me susurra Marcos en el oído-, ¿preparada para cantar Everything's Has Changed?
Asiento con la cabeza aunque en realidad no puedo expresar más que una pequeña sonrisa. Mataré a mi amigo en cuanto salgamos de aquí. Marcos presenta el tema y segundos después empieza a tocar. Sé que me dejará a mí sola la parte de Taylor, y él solo cantará la de Ed Sheran, es así. Así que me toca empezar a mí.
All I knew, this morning when I woke,
is I know something now, know something now, I didn't before...

Los nervios me comen el estómago, incluso alguna que otra vez me entran ganas de vomitar, pero me las aguanto como nunca he hecho. Al terminar el primer estribillo ya me encuentro mejor, siempre me ha encantado la música.
...All I know since yesterday is everything's has changed.

El show termina, el dueño apaga las luces cuando Marcos termina de despedirse y bajamos del escenario:
–¿Qué te ha parecido? -me pregunta, con una gran sonrisa en la cara.
–¡Te voy a matar! -grito, mientras le doy un abrazo pero le pego no muy fuerte en la espalda.
–¡Lo habéis hecho más que bien! He grabado toda vuestra actuación, esto va para Youtube, eh -dice Diana, mientras nos enseña el vídeo que ha hecho.
–Bueno, eso ya lo hablaremos. Pásame el vídeo que se lo enseñaré a mi madre -le pido, mientras activo el Bluetooth.

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Derrotada.

Derrotada en el suelo, alzo la vista y pienso en si todavía queda algo por lo que luchar, algo por lo que vivir. Las lágrimas se apoderan de mí y a veces incluso me roban la respiración, mientras agacho la cabeza y sufro en silencio.
Te echo de menos. No imaginas cuanto. Es como si tuvieras un precioso mantel o pañuelo, lleno de colores vivos y deslumbrantes. Pero de repente, una sombra negra viene y se apodera de todo tu ser y tu pañuelo, quedándote solo y desorientado, buscando alguna forma de volver a ser feliz. Es como si la nostalgia se hubiera apoderado de mí, haciendo que piense en ella después de cada tarea. Cómo serían las cosas si ella siguiera aquí, cómo cambiaría todo.
Veo mi vida tanto privada como escolar pasar por delante de mis ojos, mofándose de mí y recordándome lo estúpida que soy. Riéndose de cómo he desperdiciado y sigo desperdiciando mi tiempo.
Aunque después de todo, es mi mente la protagonista de este escrito, porque al fin y al cabo es ella la que decide, no yo. Es ella la que de verdad siente, no mis lágrimas o mi corazón. Es ella la que se deprime, la que hace que lo vea todo del color que no es. La que hace que odie a todo el mundo desde que me despierto hasta que me duermo. La que a veces lucha al máximo por mis sueños y otras veces los da por vencidos. La que se siente más que culpable por saber que ahora mismo están haciendo un examen importante. La que lo siente por haber fracasado en casi todo;

y la que, por mucho que lo intente, no creo que vaya a cambiar.

martes, 28 de mayo de 2013

Capítulo 5.

De camino a casa vuelvo a ponerme los auriculares y decido qué canción escuchar. La verdad es que encontrarme con Marcos ha sido lo mejor que me ha podido pasar, ya que pensaba que, seguramente, me quedaría en casa viendo vídeos, leyendo y torturándome por haber faltado al club. Mientras We're Just Kids de Dave Days se reproduce en mi móvil, abro Whatsapp y le envío un mensaje a Diana:
–¡Hey! Tía, lo siento por lo de esta tarde. ¿Sabías que Marcos va a dar hoy su primera actuación? Vente conmigo y le apoyamos, seguro que lo necesita, le comerán los nervios -le escribo, seguido de una risa.
A los pocos minutos, Diana me responde:
–¿Sí? Bueno, ya sabes que no he intimidado mucho con él pero sé que es un buen tío. Ok, nos vemos esta noche pero... ¿Lugar y hora?
–Yo que tú me iría preparando ya, y yo te paso a recoger.
–Vale. Oye, ¿por qué no has venido hoy a la presentación?
–Me quedé dormida, lo siento -tecleo una carita triste al lado de la frase.
–¿En serio? Si es que... No tienes remedio.
–Tal vez no, pero tampoco es que me importe.
–Te dejo, que voy andando por la calle y es peligroso no mirar por donde andas.
–Ok, nos vemos.
–Hasta luego.

Camino por la calle, esquivando personas, cada una con sus propios pensamientos y problemas. ¿Qué soñarán estas personas? ¿Tendrán sueños tan extraños y mágicos como yo estoy teniendo últimamente? Normalmente, un sueño lo tienes una vez y ya está. A veces, ese mismo sueño se repite una y otra vez cada vez que duermes, debido a algún trastorno. Pero es tan raro lo que me está pasando... Es como si cada vez que me fuera a dormir viajara a otro mundo, y eso me gusta. Me gusta que aunque no sea real, poder sentir cómo se vive en un mundo totalmente diferente al que estoy acostumbrada. Con otras leyes y normas, otras personas y otras costumbres. Además recuerdo que tenía una amiga, creo recordar que se llamaba Emily. Era una chica con el pelo verde, con flequillo, con orejas de elfa pero más baja que los elfos que yo al menos había visto en videojuegos. Era como muy adorable. De repente, me entran ganas de llegar a casa y dormir para probar suerte, haber si volvía a soñar con aquél mundo.

Entre tanto pensar, no me doy cuenta de que estoy a un par de minutos de casa, así que aligero el paso y llego a mi puerta principal. Está encendida la luz del salón, por lo que veo a través de las viejas ventanas. Abro la puerta y subo las escaleras, a la vez que saludo a toda mi familia, que se encuentran viendo una película.
Mientras voy al cuarto de baño dispuesta a darme una ducha, sin saber por qué pienso en mi casa. Es bastante más vieja que las demás, quizás porque fue la primera en construirse del barrio. No la hizo ninguna empresa, según mis padres, a unos antepasados míos les tocó muchísimo dinero, y pudieron permitirse construir una casa a su propio gusto. De ahí los ladrillos desgastados en la fachada, a diferencia de las demás casas que algunas tenías ladrillos nuevos, y otras simplemente pintura. De ahí que mi casa tuviera ático y sótano y las demás no.
Termino de desnudarme y me meto en la ducha. El agua está fría todavía, así que espero a que esté a una  temperatura razonable. ¿Qué hora será? Tengo que estar a las nueve y media en aquél garito, y pasarme por casa de Diana primero, ojalá esté preparada para cuando llegue.
Empiezo a ducharme. Primero me lavo el pelo y mientras me dejo una mascarilla, me froto con la esponja y al terminar elimino todo el jabón de mi cuerpo. Esta vez no podré quedarme bajo el agua un rato para relajarme así que me quedo cinco segundos y a continuación salgo. Me seco rápidamente, y con una toalla en la cabeza y otra en el cuerpo, corro de puntillas hasta mi habitación, donde cierro las cortinas y me dispongo a elegir la ropa que me pondré esta noche. Después de unos minutos pensando, elijo una camiseta negra y morada de tirantes, unos shorts vaqueros con medias negras y mis Converse moradas. Me gustan mis zapatos y mi camiseta porque no es un morado muy fuerte, más bien oscuro. Voy al baño e intento peinarme como puedo. Cuando termino corro a mi cuarto, uso desodorante y perfume, y como último toque me pongo mi chaqueta vaquera, porque seguramente pasaré frío. También cojo un collar que tenía por ahí abandonado.
Bajo las escaleras y le pido a mi madre algo de dinero para salir:
–Mamá, hoy no pensaba salir pero antes me encontré con Marcos, y me dijo que ¡hoy va a dar su primera actuación!
–¿De verdad? -mi madre parece más ilusionada que yo. Suelta el cigarrillo que se estaba fumando y viene a darme un abrazo.
–Sí, de verdad. Por eso, que si me puedes dar algo de dinero para estar allí en el local mientras le veo.
–¡Claro! ¿Me grabas algo con el móvil y me lo traes? Me gustaría verlo, mañana llamaré a su madre, que hace tiempo que no hablamos.
–Vale -río mientras miro la hora en mi móvil. Son casi las nueve, debería darme prisa si quiero llegar a tiempo-. Mamá, tengo prisa.
–Vale, vale. -Saca su cartera y busca un billete de diez euros-. Toma, pero no te acostumbres, eh.
–No -le doy otro abrazo-, hasta luego.
–Adiós, cariño.
Y mientras le doy otro abrazo a mi padre y a mi hermana, vuelvo a despedirme de todos y salgo por la puerta en busca de Diana. Sigo esperando que esté lista porque si no, no llegaremos a tiempo.

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domingo, 26 de mayo de 2013

Capítulo 4.

El sonido de la puerta principal me hace despertar del todo. Escucho a mi hermana pequeña y a mis padres entrar. Rápidamente, miro a la ventana, y veo que está atardeciendo. Miro la hora.
–Mierda... -susurro para mis adentros.
Ni aunque fuera la chica más veloz del mundo llegaría a tiempo al club de lectura. ¿Qué hago ahora? Me levanto, frustrada, y miro twitter. Tengo una mención de Diana:
"¿Dónde estás? ¡Hoy tenías que exponer!"
Y después, otra mención más diez minutos más tarde:
"Han dicho que la harás el próximo día, pero que no faltes más en días como este, luego me cuentas por qué no has venido".
Justo hoy tenía que quedarme dormida, justo hoy. Me rasco los ojos y bajo a saludar a mi familia.
–¿Cómo que no estás en el club? -Me pregunta mi padre mientras se quita la chaqueta.
–Me he quedado dormida.
Y no me contestan, así que voy al baño a asearme un poco. Me lavo la cara para que no se note que acabo de pasar toda la tarde durmiendo, me moldeo un poco el pelo y me ajusto la ropa. Necesito salir a que me de el aire, cosas como las que me acaban de pasar me bloquean muchísimo aunque sean muy simples.
–Me voy a dar una vuelta, estoy aquí para cenar.
–Vale, ve con cuidado -me advierte mi madre.
Dicho todo esto, cierro la puerta y camino por la calle, pensando en algún lugar al que ir. Mientras me decido y no, me pongo los auriculares y busco alguna buena canción en mi lista de reproducción. Advice de Christina Grimmie irá genial.
Dejo atrás mi barrio y me adentro en las calles principales de la ciudad. Esperando un semáforo en rojo, alguien me toca el hombro, pero como llevo la música al máximo no me entero de si me han dicho algo o no. Rápidamente paro la canción, me quito los auriculares y me doy la vuelta. Marcos está detrás mía con una gran sonrisa en los labios.
–¿Dónde vas? ¿Tú no estabas en aquél club de lectura?
–Sí, pero hoy he faltado -le digo, mientras le doy un abrazo a modo de saludo.
–Qué malota. Por cierto, ¿dónde vas?
–Ni yo misma lo sé, necesitaba despejarme y he salido a dar una vuelta con música.
–Pues si no tienes ningún plan acompáñame, voy a un sitio que seguro que te encanta.
–¿Dónde?
Pero antes de que Marcos me pueda responder, el semáforo se pone en verde, y toda la multitud empieza a andar hacia delante, por lo que nosotros hacemos lo mismo si no queremos esperar al próximo muñequito que nos avisa de cuando podemos cruzar.
Marcos es un buen chico. Tiene un año más que yo, y si hay algo que nos une más que llevar juntos desde pequeños es la música. A él le encanta cantar y tocar instrumentos, tiene el sueño de ganarse la vida con ello. A mí también me encanta, aunque lo tengo como un simple hobbie. Es alto, risueño y un tanto bromista, pero es lo que le hace ser él. Su pelo rizado también lo caracteriza mucho.
Mientras andamos al sitio donde Marcos quiere llevarme, hablamos sobre lo que hemos hecho estos últimos días, ya que apenas hemos hablado. En un cuarto de hora más o menos, hemos llegado al destino. Es un local medio lleno, pero al ser viernes dentro de unas horas estará abarrotado.
–¿Por qué me has traído aquí? -le pregunto, extrañada.
–Adivínalo tú misma.
–¿Actúa algún grupo que te guste?
–¡Actúo yo esta noche!
–¿En serio? -doy saltitos de alegría mientras le doy otro abrazo. Que Marcos vaya a realizar su primera actuación fuera del instituto es genial-. Entonces ya tengo plan para esta noche, lo siento mucho. ¿A qué hora actúas?
–A las nueve y media empiezo y supongo que terminaré sobre las diez y media o las once.
–Perfecto, me da tiempo de volver a mi casa, ducharme, vestirme y venir a ver el gran artista que estás hecho.
–Muchas gracias por los halagos, fan número uno.

Un año atrás, a las once y media de la noche, después de haber sido la primera persona en ver la primera cover de Marcos en Youtube  http://www.youtube.com/watch?v=tJbG0LA4NBg.
Después de ver el vídeo quedo alucinada. ¡Este chico tiene talento! Corro a twitter y le felicito, y seguidamente le hablo por Whatsapp:
–Tu cover es alucinante.
–¿Tú crees? Bueno, me encanta Bruno Mars, ya lo sabes.
–Sí, pero esa canción te queda tan genial...
–Hago esto porque me gusta, nada más. Anímate tú a subir algún vídeo.
–¿Te imaginas? Me da demasiada vergüenza.
–Bueno, pues tú te lo pierdes.
–Me lo perderé, pero tu soy tu fan número uno, eso no lo olvides.

Y no lo olvidó un año después, con 2.000 seguidores en su cuenta de Youtube y a punto de dar su primer mini concierto.

–De nada, ya sabes cómo soy. Bueno, me voy a prepararme que si no, no me da tiempo. A lo mejor me traigo a Diana. Mucha mierda, eso decís los artistas, ¿no?
–Sí -Marcos ríe más fuerte de lo normal, y todo el local nos mira.
–Shh, reserva tu voz para esta noche, nos vemos.
–¡Adiós!

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sábado, 25 de mayo de 2013

Capítulo 3.

Los deberes no han estado tan mal hoy, los he hecho sin ninguna dificultad y he podido estar en el ordenador más de lo normal. Entonces, paro de escribir y no hago ningún ruido. Sólo se escucha el viento que azota la persiana, y algunos pajarillos cantar. Algún que otro coche, pero no en exceso. El silencio me enamora y por un momento me dejo llevar. Qué sueño, después de una semana levantándome a las siete es normal que esté algo cansada. Miro la hora, y todavía podría dormir una media hora antes de irme al club. Apago el ordenador y me tumbo en la cama, a la vez que cierro los ojos. Lentamente, me sumo en un gran sueño.

Emily no sabe por dónde coger el conejo que acabamos de cocinar.
–¡Pero no tengas miedo! Está muy bien cocinado, dale un mordisco y sacia tu hambre, que hacía días que sólo comíamos frutos y setas.
–Ya, pero es que me da tanta pena...
Emily siempre había sido una chica muy tímida y reservada, con razones para serlo. Nunca fue bien recibida por las autoridades, y eso conlleva problemas. Para empezar no es de una raza al 100%. Su madre elfa, tuvo una aventura con un humano. Supieron mantenerlo todo en secreto, pero cuando la barriga de aquella mujer empezó a crecer todo el mundo empezó a preguntarse por qué. Buscó ayuda en un amigo que había tenido desde la infancia, y lo convenció para que se hiciera pasar por el supuesto padre, ya que él si era elfo. Pasados unos años, cuando Emily apenas era una niña pequeña que acababa de empezar la escuela, las autoridades llamaron a los padres de la niña al tribunal, acusando a la madre de adulterio (ya que aquél humano, estaba casado) y al supuesto padre de traición. A partir de aquí, sólo hay algunas leyendas como que su madre fue decapitada, y que su verdadero padre huyó a Red Heaven, lugar donde siempre abunda la maldad, donde seguramente acabó muerto. Otros cuentan que su madre se esconde en cutres garitos donde gana algo de dinero al prostituirse y que su padre vive borracho 24 horas al día, aunque no hay nada confirmado.
–Emily, está muerto. Ya no siente, pero ha tenido una buena vida, de verdad.
–¿Seguro?
–Seguro, come.
Con tan sólo un par de años menor que yo, a veces es más inteligente que yo misma, aunque otras es demasiado bondadosa. Terminamos de comer y lo recogemos todo.
–Oye, ¿examinamos ya el plan para infiltrarnos en la casa de Marie?
–Perdona, se dice señorita Marie -exige Emily, con una sonrisa en la cara.
–Cierto, ¡pero vamos a mirarlo ya!
Mientras Emily me cuenta un poco las ideas que tiene, saca un plano de su casa, bastante más grande que nuestro pequeño y abandonado refugio, de solo dos habitaciones: una para la cocina y los dormitorios y otra para el baño.
–Guay, podríamos ponerlo en marcha mañana, y a ver si de paso podemos robarle algo y sacar dinero -sugiero.
–Podríamos, pero ya sabes que no me gusta robar...
–Bueno, pues tú no robas, lo hago yo.
–Qué graciosa, haz lo que quieras.
–Sabes que me gustaría tener una espada.
–Y a mí me gustaría no tener que compartir habitación contigo, pero es lo que hay -Emily me desafía, y no puedo rechazarle algo así.
–Oh, pues si quieres me voy, a ver qué haces sin mí.
–¡No! Necesito a alguien que mate a animales indefensos para que pueda comer.
–Pues entonces ya está todo hablado.
–Gwen.
–Dime.
–Me alegro de que me acogieras.
–Yo también me alegro, si tu no estuvieras, sólo tendría ganas de salir de aquí...

Hace un par de semanas, 2:00 AM. Aurum.
Vuelvo a mi refugio fijándome bien en si hay alguien alrededor. Hace bastante frío así que me caliento las manos con el propio vapor que sale de mi boca. De repente, escucho unos sollozos. ¿Es alguien llorando? Me parece que sí. Agudizo el oído y sigo aquella voz, hasta que veo una silueta, un pequeño cuerpo agachado en una esquina, de una calle bastante oscura y mugrienta.
–¿Qué estás haciendo aquí? Creo que va a empezar a llover, además no puedes estar aquí.
–No tengo a dónde ir -dijo aquella voz, era femenina.
–Ven, yo sé un sitio donde podrás estar bien, y luego me contarás lo que te pasa.
Y sin rechistar, la chica que al final era Emily, me siguió hasta mi refugio. Allí, cuando la lluvia ya apretaba, con una taza de té en la mano me contó su historia. Me contó que después de separarla de su madre y su "padre", ha pasado casi toda su vida en casa de su tía, la cual la trataba cada día peor. Entonces esta noche ya no pudo aguantar más, y se escapó por la ventana. Mientras caminaba intentaba ser positiva, pero sabía que no iba a encontrar a nadie ni nada que la ayudara, que estaba sola en el mundo. Por eso me siguió sin poner ninguna pega, porque no tiene a nadie.

–¿Quieres quedarte aquí para siempre? ¿No echas de menos a los tuyos?
–Sí, pero es que no tengo ni idea sobre lo que tengo que hacer para poder salir. Es como una mudanza, aunque en vez de casa, lo hago de mundo, y es muy difícil -esta chica y yo nos hemos unido muchísimo en estas dos semanas que llevamos sobreviviendo juntas, y aunque no se lo digo, sólo volvería aquí por estar junto a ella.
Entonces, Emily me abraza. Yo no puedo evitarlo, y se me saltan las lágrimas. Echo tanto de menos a mi familia, a Diana, incluso a los profesores y los más odiosos de mi curso. Aquí sólo tengo a Emily, y vivo con el constante miedo de que algún día me descubran.

–Oye, necesito despejarme. Voy un rato al bosque, ¿te vienes?
–Ojalá pudiera, pero seguro que si salgo alguien me ve y se chiva.
–Bueno, pues haz algo para entretenerte, no llegaré más tarde de las ocho y media, ¿vale?
–Vale, pásalo bien.

Y diciendo esto, cojo mi chaqueta, me calzo las botas y me dirijo hacia el bosque, por los caminos menos transitados.

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viernes, 17 de mayo de 2013

Capítulo 2.

El ruidoso despertador me despierta a las siete de la mañana. Recuerdo cuando lo compré, lo vi en un bazar y lo compré porque es como los que se usaban antes. Ahora todo el mundo usa móviles o despertadores modernos, pero yo sigo usando el típico del "ring ring".
Lo apago rápidamente y doy vueltas en la cama antes de levantarme. Qué sueño tan extraño y bonito a la vez. Estaba en otro mundo, y tenía una amiga muy simpática. Había ido a cazar para comer. ¿Desde cuándo se caza para comer? Río silenciosamente y bostezo. Me ha gustado, no suelo soñar cosas así, en otros mundos. 
Me levanto y me rasco los ojos. Miro a un lado, y a otro de la habitación. Está tan desordenada como siempre pero no me molesta, aunque parece ser que soy la única de la familia a la cual le pasa. Camino hasta el baño para asearme rápidamente y después me visto. Elijo unos vaqueros y una sudadera, ir cómoda es mi meta. Cuando termino, bajo las escaleras de casa y veo que nadie se ha levantado todavía, así que me hago unas tostadas para desayunar. Al terminar, me siento en el salón y entonces escucho a alguien bajar los escalones.
–Te has hecho el desayuno tú sola.
–Sí, como nadie se había levantado todavía lo he tenido que hacer yo.
–Pues a ver si te vas acostumbrando, ya sabes que siempre me doy mucha prisa para llegar al trabajo.
Mamá se vuelve a la cocina y se prepara su propio desayuno. En pocos minutos, mi padre también baja acompañado de mi hermana pequeña. Mientras todos ellos hacen la rutina habitual, yo acabo antes de lo esperado y miro el reloj. Las ocho menos cuarto, debería salir ya si no quiero llegar tarde al instituto, hoy es viernes. 
–Me voy.
–Vale, cariño -dice mi padre mientras me da un beso en la mejilla- estudia mucho.
–Lo intentaré.
Y diciendo esto, salgo por la puerta principal de casa. 

11:30 de la mañana.
Vamos a salir al recreo, y me alegro bastante. Las tres primeras horas de clase no han sido las mejores que digamos. En matemáticas hemos estado bien, pero física y química y francés los odio. Cojo mi almuerzo y salgo a que me de un poco el aire.
Fuera me encuentro con Diana:
–¡Hey! ¿Qué te pasa?
–¿A mí? No me pasa nada.
–Bueno, como traes esa cara.
–El instituto no es mi hobbie favorito que digamos.
–Pues el mío sí.
–¡Mentirosa! -las dos reímos mientras nos damos unos codazos. Diana lleva un par de años siendo mi mejor amiga, y últimamente, la única. Es una chica un poco más alta que yo, castaña con mechas californianas rubias. Tiene una personalidad increíble, así que puede que sea eso por lo que es mi mejor amiga. Es divertida y un poco extravagante, a mí me falta de lo primero y a veces, me sobra de lo segundo.
Cotilleamos y damos una vuelta por el patio, así hasta que vuelve a tocar la sirena. Otras tres horas más de clase, no creo que lo soporte. 
Entro en el edificio y posteriormente en mi clase. Me siento en mi sitio y mientras espero al profesor de biología saco el libro que estoy terminando de leer, Delirium. Es un libro que, después de tenerlo casi terminado me hace reflexionar bastante sobre la estupidez humana, sobre lo desarrollados que nos creemos y lo frágiles que seguimos siendo. 
Me sorprendo cuando termino los tres capítulos que me quedaban y todavía no ha llegado nadie.¿Habrá faltado? Espero un poco más y de repente aparece el jefe de estudios por la puerta.
–¡Silencio! -todo el mundo se calla de momento, el hombre tiene una voz que impone-. Traigo buenas noticias. Hoy no vais a dar ninguna de las tres clases que tenéis, los tres profesores están de viaje de fin de curso con los de cuarto.
–Entonces, ¿nos vamos a quedar las tres horas aquí sin hacer nada? -pregunta el listillo de la clase, aunque en realidad me alegro porque yo tenía la misma pregunta.
–No exactamente. La biblioteca está vacía, así que podéis ir allí a por algún libro u ocupar los ordenadores, pero tenéis que quedaros aquí hasta que acaben las clases.
Todo el mundo grita y da saltos y palmadas. Parecen estar contentos de no tener que dar más clase por hoy, encima las tres últimas horas de un viernes. Yo por mi parte también estoy contenta, pero no expreso más que una pequeña sonrisa.
–Podéis hacer lo que queráis mientras no hagáis ruido -y así, el jefe de estudios sale por la puerta y vuelve con su trabajo habitual.
Al momento todos nos levantamos y vamos a la biblioteca. Casi todo el mundo se sienta en los ordenadores, pero yo prefiero escoger algún libro interesante. Mientras me doy una vuelta por las estanterías, pienso en el club de lectura.

Una semana atrás, a las seis de la tarde, en la biblioteca municipal.
–¿Alguno sabe ya sobre qué libro va a exponer?
–Acabo de empezar a leer un libro, Delirium. Lo más seguro es que lo haga sobre ese.
–Vale, Gwen. No nos cuentes nada, eh.

El director del club de lectura juvenil de la ciudad nos pidió que para esta semana, cada día iríamos exponiendo un libro cada miembro, que como no somos muchos no habría problema. Esta tarde me toca a mí, aunque no me he preparado nada todavía. Después de varios vistazos, escojo por fin un libro. Más que por la descripción que ni siquiera la he leído, me decanto por este porque se llama Gwendolyn. Casi igual que yo, sólo que mi nombre termina en d, así que lo cojo y me siento en una de las mesas. Empiezo a leerlo y la verdad es que es interesante. Es un libro místico y fresco así que decido leerlo en otro rato libre que tenga, puesto que no me lo podré terminar hoy.

El camino a casa es incluso peor que el de vuelta, aunque el saber que hoy es viernes tranquiliza un poco las cosas. De camino a casa voy hablando con Diana otra vez, y cuando nos tenemos que separar nos prometemos que nos llamaremos el sábado. Sigo mi camino a casa y cuando llego no me encuentro absolutamente a nadie, mas que una nota. 
"Gwen, hemos tenido que salir al médico a que le vean la pierna a tu padre, y de paso nos daremos una vuelta por el centro, así que volveremos tarde. Tienes el almuerzo en la nevera, besos".
No es la primera vez que ocurre, como mi hermana sale antes que yo, puesto que está en el colegio todavía, muchas veces salen por algún recado y vuelven tarde. 
Me dirijo a la cocina y examino el frigorífico hasta que doy con la comida, tortilla y gazpacho. Caliento la tortilla y voy poniendo la mesa. Tengo que darme prisa, porque después tengo que hacer algunos deberes e ir al club de lectura, donde me esperan para mi presentación de Delirium.

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jueves, 16 de mayo de 2013

Capítulo 1.

Tarareo una canción mientras camino por el bosque. No hace demasiado frío, pero tampoco demasiado calor. Tampoco hace viento, pero los árboles transportan una brisa que te hace sonreír. Acabo de cazar un par de conejos, que aunque me duele terminar así con sus vidas, yo también necesito comer. En pocos minutos llego a Valor, digamos que es como la capital.
Mientras paso por las calles más principales, algunos ciudadanos me saludan, y yo les devuelvo el saludo. Hay bastantes humanos puesto que su ciudad no está muy lejos de aquí, pero también hay algunos duendes y hadas, y demás seres. Dejo atrás las calles principales y me adentro en las callejuelas. A pesar de ser por la tarde, por aquí se está más oscuro, pero no demasiado. Aquí tampoco estoy sola, un perro de dos cabezas cruza la calle a toda prisa y un gato de dos colas sube a un tejado. Nunca había visto animales así, pero no me parecían extraños. Camino por las calles hasta llegar a unas escaleras, en el más remoto callejón. Elegí este lugar para vivir porque no hay ruido, no pasa nadie y se está bien. Subo las gastadas escaleras que ascienden por una pared de ladrillos también dañados por el clima y el paso del tiempo, y entro en mi refugio. Allí, no estoy sola. 
–¡Hola! Pensaba que habías muerto en el bosque.
–Más quisieras -suelto la bolsa de cuero en la mesa de la habitación y me tumbo en la cama. 
–Mientras matabas animalillos indefensos he estado elaborando un plan.
–¿Un plan para qué?
–Para infiltrarnos en casa de la señorita Marie. 
–¿No lo dirás en serio? -pregunto mientras me río con grandes carcajadas-, podría ser divertido.
–Podría no, lo será.
–¿Sabes lo que nos puede pasar si nos pillan, verdad?
–Claro que lo sé, pero... ¿no fuiste tú quién me enseñaste a vivir cada momento como si fuera el último?
–Sí, bueno... Pero supongo que en Aurum es diferente. Estáis como anticuados.
–¡Vete con tu mundo sólo de humanos a otra parte!
–Pues vale, pero entonces no sé quién te dará de comer.
–Me las apañaré, como siempre he hecho. 
–Luego me cuentas el plan que tienes, ahora vamos a hacer la carne que tengo hambre.
–¡Yo también! -y de un salto, Emily se levanta de la silla y me sigue hasta la pequeña cocina.

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