Derrotada en el suelo, alzo la vista y pienso en si todavía queda algo por lo que luchar, algo por lo que vivir. Las lágrimas se apoderan de mí y a veces incluso me roban la respiración, mientras agacho la cabeza y sufro en silencio.
Te echo de menos. No imaginas cuanto. Es como si tuvieras un precioso mantel o pañuelo, lleno de colores vivos y deslumbrantes. Pero de repente, una sombra negra viene y se apodera de todo tu ser y tu pañuelo, quedándote solo y desorientado, buscando alguna forma de volver a ser feliz. Es como si la nostalgia se hubiera apoderado de mí, haciendo que piense en ella después de cada tarea. Cómo serían las cosas si ella siguiera aquí, cómo cambiaría todo.
Veo mi vida tanto privada como escolar pasar por delante de mis ojos, mofándose de mí y recordándome lo estúpida que soy. Riéndose de cómo he desperdiciado y sigo desperdiciando mi tiempo.
Aunque después de todo, es mi mente la protagonista de este escrito, porque al fin y al cabo es ella la que decide, no yo. Es ella la que de verdad siente, no mis lágrimas o mi corazón. Es ella la que se deprime, la que hace que lo vea todo del color que no es. La que hace que odie a todo el mundo desde que me despierto hasta que me duermo. La que a veces lucha al máximo por mis sueños y otras veces los da por vencidos. La que se siente más que culpable por saber que ahora mismo están haciendo un examen importante. La que lo siente por haber fracasado en casi todo;
y la que, por mucho que lo intente, no creo que vaya a cambiar.
Buah, has expresado súper bien como me sentido durante mucho tiempo... Ö
ResponderEliminarGracias, me alegro de que te hayas sentido identificada ^^ Y espero que ya no te encuentres así, besos.
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