sábado, 7 de septiembre de 2013

Capítulo 12.

—Y... ¿Para qué quieres ir a Azelleb? Lo siento si te molesta la pregunta o algo, pero...
—O eres muy insegura o te doy miedo -dice Aria mientras suelta una carcajada-, la verdad es que voy allí a visitar a unos amigos, ¿y tú?
—Bueno... Es largo de explicar. -Confiaba demasiado en mí, y por alguna extraña razón yo también confiaba más de lo necesario en ella.
—Tenemos tiempo, al menos un cuarto de hora. Parecía insistir, así que no tuve más remedio que contárselo saltándome la parte en la cuál dejo mi mundo y entro en Aurum. Le conté sobre Emily, sobre como nos conocimos. –Sí, la verdad es que escuché algo sobre una pareja imposible y una hija olvidada. Entonces, ¿dices que vas en su busca?
—Exacto.
—¿Y quién te ha mandado a Azelleb?
—Bueno, digamos que todavía me queda una persona de confianza, ahora que Emily ha desaparecido. Él me contó que hay un hada muy sabia allí que podría darme información sobre... Todo.
—Gwen, tengo la sensación de que me ocultas algo, o más que algo son muchas cosas. Pero bueno, todos tenemos nuestros secretos, y veo normal que no quieras confiárselos a alguien que acabas de conocer, aunque me debes una. Me encantaría escuchar tu historia cuando estés preparada para contarla -dijo, acompañada de una sonrisa-. Por cierto, tu gata es muy mona, ¿cómo se llama? Le devuelvo la sonrisa a la vez que le contesto:
–Se llama Diana. Me la encontré merodeando por la calle. Pensé que no tenía dueño y que yo la iba a cuidar mejor que la naturaleza. Por cierto, gracias por respetar mi... intimidad, por así decirlo.
—Qué cruel eso de la naturaleza, ni se te ocurra decirlo una vez lleguemos a Azelleb.
–A sus órdenes -Aria y yo reímos a la vez.
Esta chica me cae realmente bien. Al cabo de unos minutos más llegamos a nuestro destino. Nos adentramos en un pequeño pueblo y pasando por algunas calles, llegamos a una casa un poco más apartada de las demás. Tiene un patio principal, las paredes son todas blancas y tanto puertas como ventanas están hechas de madera. Las ventanas tienen flores colgadas y es notablemente más grande que las casas del alrededor. Aria llama a la puerta, y nos abre un chico de lo más encantador.
 –¡Daniel! -exclama Aria, mientras le da un abrazo-. Voy de camino hacia a Azelleb. Pensaba pasarme a saludarte sólo, pero hoy tengo un favor que pedirte.
—Me encargaré de hacer realidad todos sus deseos, majestad -comunica Daniel, haciendo una reverencia, riendo y acto seguido, mirándome-. ¿Quién es tu amiga?
–Soy... -Aria no me deja terminar mi frase, se me adelanta.
–Es Gwen, una amiga mía. Ella va a acompañarme a Azelleb y quería preguntarte si podías quedarte con su caballo hasta que volvamos. Como podrás deducir es imposible colar un caballo, y tú tienes espacio de sobra.
–No tengo ni idea sobre lo que comen los caballos, pero ya me las apañaré. Me debes una. Por cierto, encantado de conocerte, Gwen.
Diciendo esto le doy la cuerda que sujeta a Shadow, le explico lo poco que sé sobre caballos gracias a Ed y nos despedimos. De camino a la estación de tren, mi nueva amiga me habla un poco sobre este chico. Daniel es amigo suyo desde que los dos tienen memoria. Ella no vive muy lejos, en otra aldea cercana, y sus padres siempre fueron íntimos así que supongo que se les pegó. Actualmente se ven menos pero cuando lo hacen es como si siguieran viéndose todos los días. Que Aria me contase todo eso me recuerda a mi mundo, a la Tierra. Me recuerda a Diana, seguro que está muy preocupada por mí, a mis padres y familia en general. Seguramente tienen mi cuerpo en el hospital, con cables enchufados para mantenerme viva, en el real caso de que yo siga durmiendo.
 Llegamos a la estación y no hay tanta gente como me esperaba, pero aún así sigo replanteando si colarnos es una buena idea. Sigo a Aria entre la muchedumbre y pasamos los vagones de pasajeros. Al cabo de nada estamos en los vagones donde suelen meter animales o cosas que hace falta transportar. Encontramos un vagón lleno de heno, y consideramos que era el mejor. Cuando estamos seguras de que no hay nadie, entro yo primera, y segundos después, ella.
—¿Por qué hay tan poquísima gente trabajando aquí? Apenas he visto el conductor y un encargado del mantenimiento.
 —Últimamente Aurum está en crisis. Están recortando por todos lados, y bueno, el transporte público ha sido uno de ellos. Por eso es tan fácil colarse. Algunas veces no he viajado sola, también había algunas personas haciendo lo mismo que yo. Y ahora calla, cuando falten cinco minutos para que el tren se mueva vendrá el encargado a revisar que no hay nadie. Cuando lo escuchemos, tenemos que meternos rápido en aquél hueco de la esquina, no se nos verá con tanto heno.
Así hicimos, hasta que el tren se puso en marcha. Cuando notamos que había cogido velocidad nos relajamos un poco más y, aunque estaba un poco oscuro, me lo estaba pasando realmente bien. La verdad es que Diana no estaba dando ningún tipo de problemas. Cuando pudimos relajarnos la saqué de la mochila y no la pude ver demasiado bien, pero sabía que estaba jugando con el heno. Mientras tanto, Aria y yo hablábamos sobre cosas variadas. Después de un buen rato y de compartir una de mis manzanas, le hice una pregunta un poco peligrosa, pero sentía que tenía que hacerla:
–¿Crees que es posible... cambiar de mundo?
–¿Qué quieres decir? ¿Si es posible ir desde Aurum hasta Red Heaven. Si tienes un buen barco podrás llegas, aunque hay muros por toda la frontera.
–No me refiero a eso. Me refiero a que si puedes transportarte instantáneamente de un planeta a otro. –¡Eso es una absurdez, Gwen! -Aria ríe de una forma exagerada, la verdad es que yo también lo hubiera hecho si me hubieran preguntado eso hace unos días sólo. 
—La verdad es que sí, es bastante absurdo, pero...
—¿Pero, qué? Quizás habérselo preguntado no ha sido la mejor idea. Ahora sabrá que le oculto algo, y bastante gordo.
Los nervios se apoderan de mí, y la confianza que desprende hace que le cuente toda mi historia, del tirón, sin pausas.
 –...Y así es como llegué aquí, y por qué Emily es tan importante para mí.
–A ver, todo eso que me has contado es bastante... irreal. Pero de alguna manera o de otra, te creo.
—¿De verdad?
—Sí, porque ya tendrías que tener imaginación para inventarte todo eso de golpe -Aria ríe-, pero no, de verdad. Es más, existía una leyenda sobre algo bastante parecido, pero sería una locura. 
—¿Qué leyenda? -Ed también me había comentado algo al respecto, es en parte por lo que me dirigía a Azelleb.
—Se supone que un héroe iba a llegar a Aurum, en un momento de crisis, cuando Red Heaven esté más al acecho para salvarnos a todos. Pero, bueno... A parte de que se trata de un héroe y no una heroína, Red Heaven lleva muchísimo tiempo sin dar noticias. Se supone que hace siglos un antepasado de el "héroe" vino y los derrotó, haciendo que se quedaran en sus tierras para siempre.
—Ojalá hubiera esas leyendas en mi mundo.
—Sí, bueno... ¿Y cómo es tu mundo? Nunca había escuchado sobre la existencia de otros mundos, bueno la verdad es que sí... Pero sólo se estudia en las universidades, y por lo que me han dicho las personas que viven allí son de colores extraños, y son muy malvados.
 Aria y yo nos llevamos el resto del viaje hablando sobre la Tierra. Le conté cómo era, y luego le conté sobre mi familia, sobre Diana... Cuando nos quisimos dar cuenta habíamos llegado a Azelleb.
—Creo que nuestros caminos se separan aquí -le digo a Aria.
—Bueno, la verdad es que sí. Pero eso no significa que no nos podamos volver a ver nunca más. —¿Qué quieres decir?
—Si no me equivoco hoy hay una especie de fiesta en el centro del pueblo. Pondrás una gran hoguera y asistirán casi todos los aldeanos. Deberías pasarte, yo también estaré.
Bueno, supongo que hoy no me dará tiempo a más que a informarme sobre las leyendas, sobre las autoridades y sobre el paradero de Emily. Además, le he confiado mi vida a Aria, no debería dejar que se olvide de mí, o podría ser mi final.
—Está bien, allí nos veremos.
—Vale, nos vemos luego.
 —Adiós.
Y me doy media vuelta. Este pueblo es totalmente diferente a donde había estado unas tres horas antes. Las casas son más pequeñas aunque agachándome un poco puedo entrar. Todo es muy colorido. Predomina el color verde y las flores coloridas abundan. Entonces, veo un hada. La verdad es que no me había sorprendido cuando Ed me dijo que iba a ver hadas y duendes, pero hacerlo en persona es totalmente diferente. El hada me mira extraño, como si fuera a hacerle algo, pero le sonrío y le pregunto por Breena. Se nota que desconfía de mí, pero me señala un camino bastante largo, donde supongo que habrá una casa al final. Le doy las gracias, y ella simplemente hace un ruido muy singular, como el sonar de unas campanas pero muy leve, mezclando con la magia del polvo de hadas. El ser es precioso, magnífico. Apenas es como mi antebrazo de grande. Lleva ropajes de color blanco y el pelo morado. Sale volando en cuanto le hablo, y deja una fila de destellos tras su paso, que desaparece en segundos. Mientras camino hacia donde me ha señalado pienso en tal momento. Desde pequeña me han encantado las hadas, y nunca pensé que iba a encontrarme con una, y que en tal caso, iba a ser tan sumamente mágico.

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