Me dirijo hacia el camino que un hada me ha señalado hace poco. A parte de hadas, aquí también hay duendes y todo tipo de seres diminutos, pero supongo que las hadas son las que más me han llamado la atención. Son tan frágiles, delicadas y mágicas...
Entro en una especie de pasillo techado. Un arco oxidado cubre todo el sendero y ramas, hojas y flores lo recubren, por lo que se está más oscuro. La poca luz solar que se cuela por las imperfecciones de aquél follaje le da el último toque que hace de aquél lugar, un sitio asombroso y mágico. Todo por aquí es mágico. Mientras camino, las piedras que había incrustadas en el suelo van desapareciendo, y cada vez hay más tierra. No veo ninguna casa al final. Espero que aquél hada no me haya gastado ninguna broma, así que estoy más atenta a todo lo que me rodea, por si al final es todo una trastada. El camino se vuelve tierra, el arco se acaba y estoy al comienzo de un bosque. Pero no es un bosque cualquiera.
No es como los de la Tierra, o como el de Valor. Los árboles parecen hacer más ruido, a parte del de la brisa golpeando sus hojas entre sí. Un río cercano parece tener vida propia. Cada insecto o pequeño bicho que veo parece distinto. Para resumir, para un bosque realmente vivo. Entonces, alguien me tira del pelo:
—¿Quién me está tirando del...? -grito, aunque me interrumpen.
—¡Yo! ¿Tienes algún problema? -quien habla es un hada. Tiene el pelo castaño y no alcanzo a distinguir más que unas botas y una chaqueta marrones y unos pantalones y camisa verdes, con muy mala leche.
—Suponiendo que eres un hada del bosque, deberías tener más hospitalidad con tus visitantes.
—Suponiendo que tienes la cabeza en su sitio, no deberías haber ni siquiera pisado este bosque -me responde. Debo encontrar alguna forma de entrar en su mente y que deje de ser borde conmigo, alguna información que le hada sacar su lado más curioso:
—Vengo en busca de un hada... -mierda, ¿Ed me dijo el nombre? Si me lo dijo, la verdad es que no me acuerdo, y en el momento más oportuno.
—¿Vienes en busca de un hada? Pues mira, ¡aquí tienes una!
Mi irritable nueva "amiga" dijo unas palabras extrañas mientras hacía movimientos con su varita, e hizo de mí un humano del tamaño de un brazo, incluso menos.
Esto ya era pasarse. Yo no le había hecho nada, ¿por qué se comportaba así conmigo? ¿Era así con todo el mundo o yo le he dado mala espina? Debo solucionarlo cuanto antes:
—A ver, no sé como te llamas, pero creo que deberías madurar un poco. Aunque en fin, no conozco de nada a las hadas, así que puede que todas seáis iguales y nunca crezcáis... Yo solo he venido en busca de un hada. Me dijeron que es algo mayor pero muy sabía. Como se llamaba...
—No tengo ni idea de como son las demás hadas, yo solo sé que son todas unas presumidas. Todas preocupándose de su vestido, su maquillaje, sus alas... ¡Pero a mí me da igual! Vivo en el bosque, gastando bromas al todo el que se acerca, y si madurar significa volverse como ellas yo nunca creceré. Creo que sé de quién me hablas, pero te dejaré con las ganas. Además, tengo unos asuntos pendientes. Te dejo, ¡adiós!
El hada se da la vuelta y comienza a volar hacia el bosque. Podría perseguirla en mi tamaño normal, pero así es imposible, la hierba me llega por la cintura:
—¡Espera! Vengo en busca de... ¡Por favor, no te vayas! ¡Dame mi tamaño natural, por lo menos! Era un hada muy sabia... Su nombre empezaba con L... No, por B... Era... ¿Breena?
—¿Quién me llama?
Una voz diferente suena. Si es quién estoy buscando es mi salvación. Supongo que ella tendrá poderes para hacerme volver a mi forma normal, y además podré saber todo sobre las leyendas. En unos pocos segundos aparece a mi lado otra hada. Tiene el cabello blanco recogido en un moño, y aunque su cabeza es muy pequeña se le notan las arrugas causadas por la edad. Lleva un vestido gris y una sonrisa muy contagiosa:
—¿Quién eres tú? ¡Ember! Ya ha vuelto a hacer de las suyas, esta hada es más traviesa... ¡Ven ahora mismo!
Nunca había visto a un hada regañar a otra, pero la verdad es que se parece mucho a como se regañan los humanos entre ellos. Ember aparece, saliendo de su escondite, detrás de un árbol:
—¿Qué pasa, Breena?
—¿Has sido tú quién le ha hecho esto a esta pobre humana?
—¿El qué? ¿Humana? ¿Qué humana? Yo estaba jugando en el río.
—No intentes hacerte la tonta. Dale su tamaño natural ahora mismo.
Ember no pudo resistirse más e hizo otro conjuro. Este me dio mi forma, la que siempre he tenido.
—Muchas gracias, Breena.
—De nada, pero deberías saber que no se puede entrar a este bosque porque sí. Además no sé qué hace un humano aquí, deberías irte a casa.
—La verdad, es que venía en busca de usted -ha llegado el momento. La verdad es que no lo había pensado hasta ahora. ¿Y si no accede a contarme nada? Habré hecho este camino en vano, y a parte no sabré a donde ir, ni de donde sacar información.
—¿A mí, para qué?
—La verdad es que es una historia un tanto larga, y me gustaría contársela en un lugar más apartado, realmente necesito su ayuda.
—Por favor, sé que estoy vieja pero no me trates de usted -Breena ríe, ¿por qué es tan amable esta hada? Ni punto de comparación con las dos que he visto.
—Está bien, ¿podríamos ir a algún lugar más apartado?
—Claro que sí, justamente ahora iba a ir a casa a comer algo, creo que ya es casi la hora. Podrías acompañarme si quieres.
—Breena... ¿Yo qué hago? -pregunta Ember.
—Tú quédate por aquí, y vuelve dentro de unas horas. Si tienes hambre buscas algún fruto, estoy harta de tus payasadas.
Y diciendo esto, caminé al lado de la anciana hasta llegar a un claro en el bosque. Breena conjuró algunas palabras y de repente una casa de hada apareció. Como no era de mi tamaño, me preguntó si quería que me cambiara de tamaño para estar más cómoda, pero después de aquella travesura no tenía ganas de más cambios físicos. Si me agacho un poco, seguro que entro perfectamente.
Después de comer algo totalmente delicioso aunque totalmente desconocido para mí, ya que no sabía qué era y Breena no me quiso decir nada, comencé a hablarle sobre lo que de verdad me había traído hasta aquí. Ella escuchaba sin decir nada, así que después de contarle cuando me quedé atrapada aquí, le hablé sobre la existencia de las leyendas. Entonces el hada empezó a relatar:
—Lo primero que quiero aclararte es que me estoy arriesgando mucho, ya que no sé nada de ti pero bueno, soy un hada. Tengo poderes, y si mi larga experiencia en el mundo no me falla, creo que dices la verdad y que tienes buen corazón. Lo segundo, es que desde el primero momento en el que te he visto he sabido de ante mano que no eras el mismo tipo de humano que los que habitan en Valor. Eres más diferente, como más pura. A continuación pasaré a contarte todo lo que sé sobre las leyendas que me has pedido:
Hace demasiados años como para acordarse, Red Heaven y Aurum estaban en un punto crítico de su constante guerra. Habíamos perdido soldados, magos... Los pueblos no tenían qué comer, los niños no podían educarse como era debido, las enfermedades abundaban... Y esperábamos que en Red Heaven la situación fuera parecida, aunque ellos no pueden enfermarse y para algunas de sus criaturas, comer no es una necesidad. Entonces cuando se iba a realizar la batalla final, los soldados restantes, más algunos voluntarios e incluso los reyes varones, fueron a luchar. Al llegar al campo de batalla se dieron cuenta de que Red Heaven poseía más unidades, y se percataron de que ese sería el fin. Todos comenzaron a correr hacia la mitad del campo y empezaron a luchar. Las muertes por parte de Aurum eran más considerables que las de Red Heaven. Los monstruos que allí habitaban estaban a punto de alcanzar la victoria, hasta que el rey que gobernaba por aquellos tiempos, cuando estaba a punto de ser devorado por un ser del otro lado, sacó de debajo de su armadura un colgante. Llevaba un gran zafiro, y brillaba más que nunca. Entonces el cielo se volvió más azul. El sol comenzó a brillar más y más, por lo que todo el mundo tuvo que parar y cerrar los ojos. Se escuchó un estruendo. Parecía como si alguien hubiera aterrizado, como si hubiera saltado desde el sol y hubiera llegado a hacer que uno de los dos ejércitos ganara, y parece que así fue. Era un apuesto caballero, del cual nunca se supo su rostro, comenzó a tocar a todo ser procedente de Red Heaven con su espada, lo que provocó que cayeran rendidos. Todos, incluso el propio rey quedaron estupefactos ante el gran poder de aquél hombre que les había salvado la vida. Después de terminar con todos, se desvanació dejando sólo la armadura, la espada y dos piedras más: una esmeralda y otra rubí. Además, por dentro de su armadura había tallada una frase: "Como habéis utilizado la piedra para una buena causa, os concedo el poder de dos más. Una os llevará al fin y otra a la prosperidad".
Me quedé sin palabras, pero Breena aún tenía más que contarme:
—Por si no lo has entendido bien, se supone que el rubí "invoca" a otro salvador pero que está de parte de Red Heaven, y la esmeralda otro parecido al zafiro. Si toda la leyenda es verdad, tú eres la esmeralda, o al menos es la única solución que se me ocurre. Además ahora también estamos en problemas con Red Heaven.
—¿Y qué crees que es lo más acertado para hacer ahora mismo?
—Entrégate a las autoridades.
—¿Qué? -Ed me dijo lo mismo, pero es muy peligroso.
—Sí, te presentaremos como una chica huérfana, que posiblemente podría ser la esmeralda. Se supone que ningún salvador se presenta de la misma forma, quizás tú viniste a través de sueños. Además, si consigues trabar amistad o sonsacarle a alguien algo, podrías averiguar dónde está Emily, yo te ayudaré en todo lo que me sea posible.
—Me da miedo, pero debo ser fuerte. Muchas gracias por todo Breena, aunque no creo que yo sea la esmeralda. Intentaré hacerles creer que sí para colarme y saber más sobre Emily.
—Sigue el camino que creas conveniente querida.
Se nos pasó la tarde hablando de leyendas parecidas, rumores, mentiras, dónde podría estar mi amiga... Hasta que el cielo empezó a anochecer:
—Parece que ha llegado la hora de concluir esta visita, me ha encantado tenerte en mi casa. Te invitaría a cenar pero tengo un sitio a donde ir.
—Sí, la verdad es que yo también. Vine acompañada de Aria y me dijo que fuera a una hoguera.
—¿Conoces a Aria?
—Sí, ha sido la que me ha traído, ¿por?
—Y encima ella te ha invitado, se te ha olvidado ese gran detalle. Ella es la humana más bienvenida aquí, entonces ven conmigo, yo también voy a la hoguera.
Entonces las dos salimos de la casa, Breena hizo un conjuro e hizo su casa desaparecer. Ember se nos unió y le dijo que realmente estaba arrepentida, y me preguntó si quería ser su amiga. No la rechacé, así que las tres caminamos hasta el lugar de la fiesta, donde volvería a encontrarme con Aria. Esta aventura no ha hecho más que empezar.
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