Lo apago rápidamente y doy vueltas en la cama antes de levantarme. Qué sueño tan extraño y bonito a la vez. Estaba en otro mundo, y tenía una amiga muy simpática. Había ido a cazar para comer. ¿Desde cuándo se caza para comer? Río silenciosamente y bostezo. Me ha gustado, no suelo soñar cosas así, en otros mundos.
Me levanto y me rasco los ojos. Miro a un lado, y a otro de la habitación. Está tan desordenada como siempre pero no me molesta, aunque parece ser que soy la única de la familia a la cual le pasa. Camino hasta el baño para asearme rápidamente y después me visto. Elijo unos vaqueros y una sudadera, ir cómoda es mi meta. Cuando termino, bajo las escaleras de casa y veo que nadie se ha levantado todavía, así que me hago unas tostadas para desayunar. Al terminar, me siento en el salón y entonces escucho a alguien bajar los escalones.
–Te has hecho el desayuno tú sola.
–Sí, como nadie se había levantado todavía lo he tenido que hacer yo.
–Pues a ver si te vas acostumbrando, ya sabes que siempre me doy mucha prisa para llegar al trabajo.
Mamá se vuelve a la cocina y se prepara su propio desayuno. En pocos minutos, mi padre también baja acompañado de mi hermana pequeña. Mientras todos ellos hacen la rutina habitual, yo acabo antes de lo esperado y miro el reloj. Las ocho menos cuarto, debería salir ya si no quiero llegar tarde al instituto, hoy es viernes.
–Me voy.
–Vale, cariño -dice mi padre mientras me da un beso en la mejilla- estudia mucho.
–Lo intentaré.
Y diciendo esto, salgo por la puerta principal de casa.
11:30 de la mañana.
Vamos a salir al recreo, y me alegro bastante. Las tres primeras horas de clase no han sido las mejores que digamos. En matemáticas hemos estado bien, pero física y química y francés los odio. Cojo mi almuerzo y salgo a que me de un poco el aire.
Fuera me encuentro con Diana:
–¡Hey! ¿Qué te pasa?
–¿A mí? No me pasa nada.
–Bueno, como traes esa cara.
–El instituto no es mi hobbie favorito que digamos.
–Pues el mío sí.
–¡Mentirosa! -las dos reímos mientras nos damos unos codazos. Diana lleva un par de años siendo mi mejor amiga, y últimamente, la única. Es una chica un poco más alta que yo, castaña con mechas californianas rubias. Tiene una personalidad increíble, así que puede que sea eso por lo que es mi mejor amiga. Es divertida y un poco extravagante, a mí me falta de lo primero y a veces, me sobra de lo segundo.
Cotilleamos y damos una vuelta por el patio, así hasta que vuelve a tocar la sirena. Otras tres horas más de clase, no creo que lo soporte.
Entro en el edificio y posteriormente en mi clase. Me siento en mi sitio y mientras espero al profesor de biología saco el libro que estoy terminando de leer, Delirium. Es un libro que, después de tenerlo casi terminado me hace reflexionar bastante sobre la estupidez humana, sobre lo desarrollados que nos creemos y lo frágiles que seguimos siendo.
Me sorprendo cuando termino los tres capítulos que me quedaban y todavía no ha llegado nadie.¿Habrá faltado? Espero un poco más y de repente aparece el jefe de estudios por la puerta.
–¡Silencio! -todo el mundo se calla de momento, el hombre tiene una voz que impone-. Traigo buenas noticias. Hoy no vais a dar ninguna de las tres clases que tenéis, los tres profesores están de viaje de fin de curso con los de cuarto.
–Entonces, ¿nos vamos a quedar las tres horas aquí sin hacer nada? -pregunta el listillo de la clase, aunque en realidad me alegro porque yo tenía la misma pregunta.
–No exactamente. La biblioteca está vacía, así que podéis ir allí a por algún libro u ocupar los ordenadores, pero tenéis que quedaros aquí hasta que acaben las clases.
Todo el mundo grita y da saltos y palmadas. Parecen estar contentos de no tener que dar más clase por hoy, encima las tres últimas horas de un viernes. Yo por mi parte también estoy contenta, pero no expreso más que una pequeña sonrisa.
–Podéis hacer lo que queráis mientras no hagáis ruido -y así, el jefe de estudios sale por la puerta y vuelve con su trabajo habitual.
Al momento todos nos levantamos y vamos a la biblioteca. Casi todo el mundo se sienta en los ordenadores, pero yo prefiero escoger algún libro interesante. Mientras me doy una vuelta por las estanterías, pienso en el club de lectura.
Una semana atrás, a las seis de la tarde, en la biblioteca municipal.
–¿Alguno sabe ya sobre qué libro va a exponer?
–Acabo de empezar a leer un libro, Delirium. Lo más seguro es que lo haga sobre ese.
–Vale, Gwen. No nos cuentes nada, eh.
El director del club de lectura juvenil de la ciudad nos pidió que para esta semana, cada día iríamos exponiendo un libro cada miembro, que como no somos muchos no habría problema. Esta tarde me toca a mí, aunque no me he preparado nada todavía. Después de varios vistazos, escojo por fin un libro. Más que por la descripción que ni siquiera la he leído, me decanto por este porque se llama Gwendolyn. Casi igual que yo, sólo que mi nombre termina en d, así que lo cojo y me siento en una de las mesas. Empiezo a leerlo y la verdad es que es interesante. Es un libro místico y fresco así que decido leerlo en otro rato libre que tenga, puesto que no me lo podré terminar hoy.
El camino a casa es incluso peor que el de vuelta, aunque el saber que hoy es viernes tranquiliza un poco las cosas. De camino a casa voy hablando con Diana otra vez, y cuando nos tenemos que separar nos prometemos que nos llamaremos el sábado. Sigo mi camino a casa y cuando llego no me encuentro absolutamente a nadie, mas que una nota.
"Gwen, hemos tenido que salir al médico a que le vean la pierna a tu padre, y de paso nos daremos una vuelta por el centro, así que volveremos tarde. Tienes el almuerzo en la nevera, besos".
No es la primera vez que ocurre, como mi hermana sale antes que yo, puesto que está en el colegio todavía, muchas veces salen por algún recado y vuelven tarde.
Me dirijo a la cocina y examino el frigorífico hasta que doy con la comida, tortilla y gazpacho. Caliento la tortilla y voy poniendo la mesa. Tengo que darme prisa, porque después tengo que hacer algunos deberes e ir al club de lectura, donde me esperan para mi presentación de Delirium.
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