sábado, 1 de junio de 2013

Capítulo 9.

Abro la puerta fuerte, y grito el nombre de Emily. Nadie contesta. La vuelvo a llamar, pero no hay respuesta. Está todo revuelto, nos han quitado nuestras reservas de comida y mi arco. Todo lo que necesitábamos para vivir. Sólo me quedan los cuchillos, que los llevo en la mochila. Sigo gritando, desesperada, a mi amiga. Pero he de aceptar que no está aquí. ¿Quién ha podido venir y llevársela? ¿Para qué? ¿Por qué?
Me siento en la cama, frustrada. De repente se me saltan un poco las lágrimas, pero enseguida me las seco y respiro con tranquilidad. No puedo rendirme ahora, quedarme aquí llorando no serviría para nada. Es más, sea quién sea quién ha venido, ya sabe donde venir. Vendrán a por mí, quizás vinieron a por mí y yo no estaba, aunque Emily también tiene razones para ser buscada.
Debo salir de aquí. Ya es de noche, así que no puedo hablar con nadie. Hace tiempo que no veo a Ed, porque hace poco tuvo a su cuarto hijo, y casi no da abasto. Al final decido irme otra vez a la casa en el árbol, aunque llegaré bastante tarde, es más seguro que quedarme aquí, pasaré la noche y mañana pensaré en algún plan para saber lo ocurrido y recuperar a Emily. Así que rápidamente, rebusco entre las pocas cosas que han dejado, cojo una manta y un arco que tenía guardado bajo unas tablas. No han dejado nada más, ni siquiera una bombona enana que teníamos para cocinar fuera de casa, lo han saqueado todo.
Salgo del refugio, no sin antes echarle una última mirada, porque sabía que tenía muchas probabilidades de que esta fuera la última vez que salgo por esa puerta. Camino por las calles, es de noche y hace frío, aunque es soportable. Entonces, algo me llama la atención. En una esquina, hay un gato maullando. No tiene ni dos cabezas o colas, ni es fluorescente o tiene un tacto raro. Es un gato simple, gris con rayas medio negras, como los que hay en mi mundo. Tiene unos ojazos verdes, y al acercarme a él no se espanta. Parece que lleva días sin comer, y que ha sido maltratado. Decido llevármelo, y que me haga compañía. Tampoco es muy grande, y por sorprendente que parezca no se queja nada al cogerlo en brazos. Es más, cierra los ojos poco a poco y se va quedando dormido. Me parece increíble. Llego al bosque, y entonces es cuando llega el verdadero reto. Si andando rápido entre los árboles, llego en media hora a la casita, teniendo cuidado y más con el gato en brazos, tardaré una hora como mínimo.

Con paciencia y prestando mucha atención, en una hora y pocos minutos consigo llegar a mi antiguo escondite, el cual habrá que reformar un poco porque parece que pasaré aquí algo más que una noche. Una vez llego a la casita, busco por los alrededores y lo encuentro: Velas. Me acuerdo que le pregunté a Ed si aquí había electricidad, y me dijo que sí. Por lo que era obvio que existían mecheros, así que compré uno que tampoco usé en abundancia después de abandonar este lugar. Pero aquí, por las noches, me servía de mucho, porque no hay corriente eléctrica.
Enciendo un par de velas y miro con más atención al gato que he recogido. Corrijo, gata. En algunas partes le falta pelo, a causa de quemaduras o dios sabe el qué. Está muy sucia, pero a pesar de todo no cojea, tiene los dos ojos y no parece tener nada grave, simplemente una vida desafortunada, como Emily y yo. Le limpio lo que puedo con las manos, y como no puedo lavarlo con agua, espero que al estar en un entorno más cuidado deje de acumular suciedad y en unos días parezca una gata normal. Supongo que tendrá hambre así que rebusco un poco en mi mochila, y saco una botella de agua, una manzana, algunas almendras y, como si el destino hubiera querido ser bueno conmigo después de lo de Emily, encuentro un bote con un poco de leche. A lo mejor Emily la consiguió en algún sitio y la metió en mi mochila para darme una sorpresa, aunque es verdad que no he abierto la mochila en toda la tarde, por lo que yo también tengo hambre. Decido comerme las almendras y darle a mi gata el poco de leche que tenía, poniéndolo en la tapa del bote, la cual es bastante grande.
Tengo que ponerle un nombre. La verdad es que no sé muy bien cual escoger porque ahora mismo mi cuerpo no da abasto para más, entre lo de Emily y la pérdida de mi casa... Esta pobre gata es lo único bueno que me ha pasado. Sin pensarlo mucho la empezaré a llamar por el nombre de Diana, en honor a mi mejor amiga, a la cual hecho tantísimo de menos.
Lo terminamos todo y decido dormir, a lo mejor mañana tengo las ideas más claras, aunque no puedo dormirme en los laureles. Haré todo lo que esté en mi mano para proteger a Emily, sólo tiene catorce años. Aunque ya es bastante mayor y yo ni siquiera alcanzo la mayoría de edad, yo he tenido siempre más mano dura que ella, y por lo tanto sobrevivo mucho mejor que ella. Qué le abran hecho... A lo mejor la han abandonado en el bosque, porque aquellos eran unos simples ladrones que querían robarnos y pasaban de ella. En el mejor de los casos, ella escuchó algún ruido extraño en la puerta, y escapó por la ventana, porque estaba rota, y saltando entre los tejados logró huir, aunque ahora estará sola y desamparada por alguna calle mugrienta. Ojalá me la hubiera traído hoy al bosque, ojalá se hubiera venido, o yo me hubiera quedado allí. No salimos apenas de allí, sólo yo para cazar, llevaba la semana entera sin venir al bosque más que para cazar, y justo el día que salgo... Me siento demasiado culpable por lo ocurrido, aunque no es del todo culpa mía, los remordimientos me comen por dentro. En un ataque de rabia, apago las velas de un soplido, y de repente todo se vuelve oscuro. Busco a tientas la mochila, y de ella saco la manta que me he traído. Me acurruco como puedo en el colchón de hojas y en menos de cinco segundos, Diana me sigue. Se hace una bola, y esconde su cabeza en mi cuello. Ronronea, y eso me hace sentir bien. Sentir que todavía queda esperanza, y que no tiene un mal final. Que si lucho por lo que quiero, al final recibiré una recompensa. Y que aunque se me oponga todo el mundo, y me propongan las pruebas más difíciles del universo, volveré a estar con Emily. Ahora mismo, salir de aquí ha dejado de ser mi mayor preocupación y la he sustituido por otra: Encontrar a mi amiga.

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