sábado, 25 de mayo de 2013

Capítulo 3.

Los deberes no han estado tan mal hoy, los he hecho sin ninguna dificultad y he podido estar en el ordenador más de lo normal. Entonces, paro de escribir y no hago ningún ruido. Sólo se escucha el viento que azota la persiana, y algunos pajarillos cantar. Algún que otro coche, pero no en exceso. El silencio me enamora y por un momento me dejo llevar. Qué sueño, después de una semana levantándome a las siete es normal que esté algo cansada. Miro la hora, y todavía podría dormir una media hora antes de irme al club. Apago el ordenador y me tumbo en la cama, a la vez que cierro los ojos. Lentamente, me sumo en un gran sueño.

Emily no sabe por dónde coger el conejo que acabamos de cocinar.
–¡Pero no tengas miedo! Está muy bien cocinado, dale un mordisco y sacia tu hambre, que hacía días que sólo comíamos frutos y setas.
–Ya, pero es que me da tanta pena...
Emily siempre había sido una chica muy tímida y reservada, con razones para serlo. Nunca fue bien recibida por las autoridades, y eso conlleva problemas. Para empezar no es de una raza al 100%. Su madre elfa, tuvo una aventura con un humano. Supieron mantenerlo todo en secreto, pero cuando la barriga de aquella mujer empezó a crecer todo el mundo empezó a preguntarse por qué. Buscó ayuda en un amigo que había tenido desde la infancia, y lo convenció para que se hiciera pasar por el supuesto padre, ya que él si era elfo. Pasados unos años, cuando Emily apenas era una niña pequeña que acababa de empezar la escuela, las autoridades llamaron a los padres de la niña al tribunal, acusando a la madre de adulterio (ya que aquél humano, estaba casado) y al supuesto padre de traición. A partir de aquí, sólo hay algunas leyendas como que su madre fue decapitada, y que su verdadero padre huyó a Red Heaven, lugar donde siempre abunda la maldad, donde seguramente acabó muerto. Otros cuentan que su madre se esconde en cutres garitos donde gana algo de dinero al prostituirse y que su padre vive borracho 24 horas al día, aunque no hay nada confirmado.
–Emily, está muerto. Ya no siente, pero ha tenido una buena vida, de verdad.
–¿Seguro?
–Seguro, come.
Con tan sólo un par de años menor que yo, a veces es más inteligente que yo misma, aunque otras es demasiado bondadosa. Terminamos de comer y lo recogemos todo.
–Oye, ¿examinamos ya el plan para infiltrarnos en la casa de Marie?
–Perdona, se dice señorita Marie -exige Emily, con una sonrisa en la cara.
–Cierto, ¡pero vamos a mirarlo ya!
Mientras Emily me cuenta un poco las ideas que tiene, saca un plano de su casa, bastante más grande que nuestro pequeño y abandonado refugio, de solo dos habitaciones: una para la cocina y los dormitorios y otra para el baño.
–Guay, podríamos ponerlo en marcha mañana, y a ver si de paso podemos robarle algo y sacar dinero -sugiero.
–Podríamos, pero ya sabes que no me gusta robar...
–Bueno, pues tú no robas, lo hago yo.
–Qué graciosa, haz lo que quieras.
–Sabes que me gustaría tener una espada.
–Y a mí me gustaría no tener que compartir habitación contigo, pero es lo que hay -Emily me desafía, y no puedo rechazarle algo así.
–Oh, pues si quieres me voy, a ver qué haces sin mí.
–¡No! Necesito a alguien que mate a animales indefensos para que pueda comer.
–Pues entonces ya está todo hablado.
–Gwen.
–Dime.
–Me alegro de que me acogieras.
–Yo también me alegro, si tu no estuvieras, sólo tendría ganas de salir de aquí...

Hace un par de semanas, 2:00 AM. Aurum.
Vuelvo a mi refugio fijándome bien en si hay alguien alrededor. Hace bastante frío así que me caliento las manos con el propio vapor que sale de mi boca. De repente, escucho unos sollozos. ¿Es alguien llorando? Me parece que sí. Agudizo el oído y sigo aquella voz, hasta que veo una silueta, un pequeño cuerpo agachado en una esquina, de una calle bastante oscura y mugrienta.
–¿Qué estás haciendo aquí? Creo que va a empezar a llover, además no puedes estar aquí.
–No tengo a dónde ir -dijo aquella voz, era femenina.
–Ven, yo sé un sitio donde podrás estar bien, y luego me contarás lo que te pasa.
Y sin rechistar, la chica que al final era Emily, me siguió hasta mi refugio. Allí, cuando la lluvia ya apretaba, con una taza de té en la mano me contó su historia. Me contó que después de separarla de su madre y su "padre", ha pasado casi toda su vida en casa de su tía, la cual la trataba cada día peor. Entonces esta noche ya no pudo aguantar más, y se escapó por la ventana. Mientras caminaba intentaba ser positiva, pero sabía que no iba a encontrar a nadie ni nada que la ayudara, que estaba sola en el mundo. Por eso me siguió sin poner ninguna pega, porque no tiene a nadie.

–¿Quieres quedarte aquí para siempre? ¿No echas de menos a los tuyos?
–Sí, pero es que no tengo ni idea sobre lo que tengo que hacer para poder salir. Es como una mudanza, aunque en vez de casa, lo hago de mundo, y es muy difícil -esta chica y yo nos hemos unido muchísimo en estas dos semanas que llevamos sobreviviendo juntas, y aunque no se lo digo, sólo volvería aquí por estar junto a ella.
Entonces, Emily me abraza. Yo no puedo evitarlo, y se me saltan las lágrimas. Echo tanto de menos a mi familia, a Diana, incluso a los profesores y los más odiosos de mi curso. Aquí sólo tengo a Emily, y vivo con el constante miedo de que algún día me descubran.

–Oye, necesito despejarme. Voy un rato al bosque, ¿te vienes?
–Ojalá pudiera, pero seguro que si salgo alguien me ve y se chiva.
–Bueno, pues haz algo para entretenerte, no llegaré más tarde de las ocho y media, ¿vale?
–Vale, pásalo bien.

Y diciendo esto, cojo mi chaqueta, me calzo las botas y me dirijo hacia el bosque, por los caminos menos transitados.

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