miércoles, 29 de mayo de 2013

Capítulo 6.

*Ding, dong*

Suena el timbre del piso de Diana. A los pocos segundos me abre su madre, una mujer alta, un poco más joven que la mía y con más maquillaje de lo que a mí me gustaría, pero a pesar de eso es una persona excepcional:
–¿Está Diana? -pregunto.
–Sí, está terminando de peinarse. Pasa, no creo que le quede mucho.
–Muchas gracias.
Entro por el pasillo principal y me dirijo hasta su cuarto de baño. Está la puerta cerrada, pero llamo y me contesta ella. Me dice que me espere un momento en la puerta, así que eso hago. Observo un poco el piso de mi amiga y aunque yo viva en una casa, la mía está muy deteriorada por el tiempo y su piso es muy moderno. A parte de que los construyeron hace poco, el padre de Diana es decorador de interiores y se le da muy bien todo esto. La verdad es que es una vivienda muy agradable.
Diana sale del baño y se ajusta el top:
–Vas a tener frío con eso sólo -le advierto, mientras voy a su habitación a por alguna chaqueta.
–Bueno, tienes razón. Todavía no estamos en verano. ¿Por qué llevas esa camiseta tan ancha?
–No es ancha, es que son así, y lo sabes.
–Ya, ya -Diana ríe y me abraza-, es que sabes que me gusta meterme contigo.
–¿Nos vamos?
–Por supuesto.

Diana le pide algo de dinero a sus padres y enseguida salimos a la calle. Miro mi móvil, y dice que son las nueve y diez minutos. Si vamos rápido, llegaremos justo. Diana me habla sobre los problemas que ha tenido al arreglarse, que si no le funcionaba la plancha, que si la mayoría de la ropa que tenía pensado ponerse, estaba para lavar...
–¿Qué habéis hecho hoy en el club? -pregunto, para cambiar un poco el tema. No es que no me guste escucharla, al revés, me hace gracia. Pero es que hablar de algo todo el rato cansa.
–Pues como no había nada planeado hemos leído los dos primeros capítulos de un libro y luego lo hemos comentado, y la verdad es que nos ha gustado a todos.
–Ah, ¿sí? ¿Cómo se llama?
–Lo más curioso es eso. No tiene nombre, ni tampoco autor. Es totalmente anónimo, se escribió hace ya sus años.
–Así que... ¿ese libro no es de nadie y no tiene ni siquiera nombre?
–No, el director del club nos ha dicho que uno de los trabajos que tendremos que hacer es ponerle nosotros nuestro propio nombre, y elegir un final para la historia ya que también le falta las últimas páginas al libro.
–Cómo mola, ¿de qué va?
–En los dos primeros capítulos no cuenta mucho. Además, ¡no puedo contártelo! ¡Si yo lo he tenido que leer, tú también!
–Vale, vale -las dos reímos escandalosamente por la calle-, me tendré que esperar.

Mientras hablábamos el tiempo iba pasando y nuestros pies también iban avanzando. Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos en el local en el que Marcos iba a actuar. El sitio ahora no está nada mal, comparado con esta tarde. Hay más gente y por lo tanto más ambiente. Hay música de fondo, pero como no es el estilo que suelo escuchar no le presto mucha atención y busco a Marcos, mientras Diana va a la barra a pedir dos Coca-Colas.
–¡Gwen!
Una voz un poco lejana grita mi nombre. Sé que es Marcos así que lo busco con la mirada. Segundos más tarde, diviso una pequeña puerta en una esquina cerca de los baños, por lo que no hay nadie. La puerta está medio abierta y veo a Marcos desde dentro saludándome. Abro la puerta y bajo las escaleras que me llevan hasta mi amigo. Por un momento, me siento en un cuento de princesas.
–¿Qué haces aquí? -le pregunto, a la vez que esquivo una lámpara que cuelga del techo. Esta habitación no mide más de 1'80 de alto.
–Es como el "camerino", está completamente insonorizado por lo que puedo cantar y tocar todo lo que quiera antes de actuar.
–Está bien pensado. ¿Cuándo sales a cantar?
–Cuando el dueño del lugar me avise, tiene que estar al llegar.
Y como si de algún truco de magia se tratase, el dueño aparece por las pequeñas escaleras:
–Marcos, ve saliendo ya que en un par de minutos empiezas la actuación.
El hombre sube otra vez las escaleras y Marcos hace un par de ejercicios para ejercitar la voz.
–Mucha mierda, otra vez.
–Gracias, Gwen.
Le doy un abrazo y subimos las escaleras. Después, encuentro a Diana, me da mi bebida y miramos ansiosas al escenario, donde el tipo que acabamos de ver para la música de fondo y coge el micrófono:
–Hola a todo el mundo. Como muchos ya sabréis hoy había una actuación programada para esta hora. El artista se llama Marcos, y a pesar de no alcanzar todavía la mayoría de edad, es un pedazo de cantante, guitarrista y pianista. ¡Un aplauso para él y su música! ¡Que comience el espectáculo!
La mayoría de la gente responde entusiasta, mientras que aquél hombre baja del escenario y le da paso a Marcos. Este se presenta y comienza cantando una canción con un poco de instrumental y también un poco de piano, Beauty And A Beat, de Justin Bieber y Nicki Minaj.
Todo el mundo se lo pasa estupendamente y le anima a seguir cantando cada vez que termina de interpretar una canción. Pero el tiempo pasa rápido cuando te lo estás pasando bien y las once acababan de llegar.
–Muchas gracias por todo vuestro entusiasmo -agradece Marcos, parece que está siendo muy sincero-, esta es mi primera actuación y no podría haber ido mejor, gracias de todo corazón.
Todo el mundo sabe que la actuación está a punto de terminar, pero mi amigo tiene un as bajo la manga.
–¿O queréis otra canción más?
La gente se extraña, pero todo sea por la música, así que insisten en la última canción.
–Vale, vale. Tocaré la última canción... Si mi amiga Gwendolyd sube a cantarla conmigo.
De repente me quedo de piedra. ¿Qué está diciendo este tío? No me pienso subir al escenario, delante de las cien personas, más o menos, que debe haber aquí.
–¿Gwen? ¿Dónde estás?
–¡Tía! ¡Sal al escenario, que eres una pava! -Diana me empuja hacia el escenario, por lo que la gente empieza a percatarse de que Gwen, soy yo.
–¡Que salga! ¡Que salga!
La gente se cree que está en el concierto de algún grupo épico, como Queen o The Beatles. ¡Es un adolescente en su primer concierto! ¿Tan influenciables sois? Todo eso lo pienso para mis adentros, porque por fuera solo puedo expresar un estado de shock muy importante. Sólo me he subido a un escenario una vez, cuando era pequeña para las típicas actuaciones del colegio, sólo eso.
Cuando me quiero dar cuenta, Marcos y los oyentes más cercanos me están ayudando a subir al escenario. Ya no hay vuelta atrás. Voy a tener que cantar, sin preparación alguna. ¿Del mil al infinito, cuánto haré el ridículo?
–Sé que esta canción te gusta mucho, y aunque yo no soy muy fan de Taylor Swift me la he aprendido por lo mismo -me susurra Marcos en el oído-, ¿preparada para cantar Everything's Has Changed?
Asiento con la cabeza aunque en realidad no puedo expresar más que una pequeña sonrisa. Mataré a mi amigo en cuanto salgamos de aquí. Marcos presenta el tema y segundos después empieza a tocar. Sé que me dejará a mí sola la parte de Taylor, y él solo cantará la de Ed Sheran, es así. Así que me toca empezar a mí.
All I knew, this morning when I woke,
is I know something now, know something now, I didn't before...

Los nervios me comen el estómago, incluso alguna que otra vez me entran ganas de vomitar, pero me las aguanto como nunca he hecho. Al terminar el primer estribillo ya me encuentro mejor, siempre me ha encantado la música.
...All I know since yesterday is everything's has changed.

El show termina, el dueño apaga las luces cuando Marcos termina de despedirse y bajamos del escenario:
–¿Qué te ha parecido? -me pregunta, con una gran sonrisa en la cara.
–¡Te voy a matar! -grito, mientras le doy un abrazo pero le pego no muy fuerte en la espalda.
–¡Lo habéis hecho más que bien! He grabado toda vuestra actuación, esto va para Youtube, eh -dice Diana, mientras nos enseña el vídeo que ha hecho.
–Bueno, eso ya lo hablaremos. Pásame el vídeo que se lo enseñaré a mi madre -le pido, mientras activo el Bluetooth.

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