jueves, 11 de julio de 2013

Capítulo 11.

Volví a la casa en el árbol para pasar el día hasta que anocheciera. Tampoco hice mucho. Jugué con Diana, busqué algunos frutos por el bosque, limpié y llené los botes que había por la casita de agua... Me aprovisioné para el viaje. En realidad estaba un poco asustada, porque ¿y si me pillan? No puedo contar nada sobre mí, puesto que no soy de aquí. Me matarían, o incluso algo peor. ¿Hay algo peor que la muerte? La muerte de un ser querido, supongo. Y más si es por tu culpa, si no has hecho nada para detenerlo.

Pasaron las horas y hasta me dio tiempo de dormir un poco la siesta. Pero el sol empezaba a esconderse y yo tenía que ir otra vez a casa de Ed, donde me esperaría con el caballo. Nunca he montado a caballo, espero no ser muy torpe y poder cabalgar bien. Mientras estaba en mi refugio pensé en alguna forma para llevar a Diana durante mi trayecto, pero la única que se me ocurría era meterla en la mochila. La introduje y tampoco se quejó mucho, asomaba felizmente la cabeza y maullaba. Decidí llevarla ahí, aunque la sacaría en los descansos.
Cruzamos todo el bosque, e intenté pasar de incógnito por la ciudad. Al llegar a la carpintería de Ed, él me estaba esperando cortando tablas de madera. Al verme, cerró el negocio de inmediato y me dirigió hasta su establo, donde apenas tenía el caballo y algunas gallinas.
–¿Has cabalgado alguna vez?
–Nunca.
–Entonces lo tendrás un poco difícil, tendrás que aprender rápido -me advirtió Ed.
–Desde que estoy aquí es lo único que he hecho, aprender cosas lo más rápido posible.
–Ojalá tengas mucha suerte en tu viaje. Guíate por los carteles que indican por donde ir a cada lugar. Tienes que llegar hasta Azelled y una vez allí, preguntar por Breena. Es un hada que tiene ya sus años, pero es muy sabia y podrá contarte todo lo que necesites sobre... Todo esto que está ocurriendo.
–Necesito irme ya, cuanto antes llegue, antes podré saber sobre Emily y antes podré volver a mi mundo.
Ed no me contestó pero accedió y me ayudó a subir al caballo. La verdad es que no era muy grande porque es muy joven todavía, así que me resulta más fácil. Estar encima de un caballo es un tanto extraño, pero me gusta a la vez. Ed me da algunos consejos sobre cómo dirigirlo y después de unos minutos practicando puedo salir en busca de Azelled.
–Muchas gracias, de verdad -como mínimo tengo que agradecérselo. Nadie haría cosas así por un desconocido.
–No me las des -dice, mientras sonríe-. Por cierto, se llama Shadow.
Shadow que traducido significa sombra, le pega mucho a este caballo. Es negro, completamente negro menos por una pezuña blanca.
–Volveré lo antes posible, y cuidaré bien de tu caballo.
–Eso espero, buen viaje y que todo salga bien.
Diciendo esto me despido. Diana estaba asomada por la mochila pero instantes después de empezar a cabalgar se agacha. A lo mejor le da miedo. Cuando salga completamente de la ciudad intentaré ir al galope, necesito encontrar algún sitio donde pasar la noche.

Son las diez y media de la noche. Llevo una hora y media a lomos de Shadow, y he de confesar que me duele de cintura para abajo. Diana ha maullado algunas veces. Las dos estamos cansadas, pero no encuentro ningún lugar donde poder descansar. Estoy asustada en gran parte, tengo los ojos abiertos como platos, buscando a ver si hay alguien sospechoso del que huir. También busco refugio, pero no hay ningún sitio discreto y escondido. Después de varios minutos opto por bajarme del caballo y sentarme al pie de un árbol, lejos de los caminos principales. Saco una cuerda que anteriormente me dio Ed, y amarro al caballo al mismo árbol. Llama un poco la atención, pero espero que no se note en la oscuridad.
En cuanto pongo la mochila en el suelo, Diana sale y vuelve a maullar. Acto seguido se hace un nudo en mis piernas y trata de dormir. Yo saco una manzana de la mochila y empiezo a comérmela, dándole pequeños trozos a ella también. ¿Debería volver a subir a Shadow y cabalgar un poco más, o espero al día siguiente? La verdad es que estoy un poco cansada, el caballo parece estar de acuerdo y Diana mucho más, así que lo mejor será descansar. Ojalá todo esto salga bien.

–¡Eh! ¿Quién eres?
Una voz para nada familiar me despierta. Abro los ojos y veo que es una chica. Es pelirroja, bastante baja. con pecas y no para de hacerme preguntas.
–¿Qué haces aquí? Creo que está prohibido dormir fuera, y dejar animales también.
–Hola, no llames a las autoridades ni nada por el estilo, por favor -es lo único que se me ocurre decir. Es lo peor que me podría pasar, necesito que esta chica se gane mi confianza.
–Tranquila, no voy a hacer nada de eso. Pasaba por aquí de camino a Azelled y vi a tu caballo. Deberías irte lo antes posible.
–Espera, ¿vas hacia Azelled?
–Sí, acabo de decírtelo. Por cierto, soy Aria.
–Hola, soy... Gwen -esta chica desprendía demasiada confianza-, y yo también me dirijo hacia Azelled.
–¿Y para qué quieres ir allí? ¿Pensabas ir en caballo? ¡Se tarda mucho! Yo voy en tren. Se tardan un par de horas, la estación está a media hora caminando.
–Necesito hablar con una persona. Qué suerte, yo no tengo dinero para poder ir en tren -¿por qué Ed nunca me habló de un tren? Seguramente pensó que no tendría fondos y ni siquiera me lo comentó.
–Es un poco caro, ¿no tienes nada de dinero?
–Absolutamente nada.
–Bueno, entonces tendrás que colarte, como yo.
En cuanto Aria dijo eso, comencé a reír como una loca. Es una tontería, pero pensar que iba a colarse, que iba caminando tan normal, tan alegre para colarse en un tren... Me hizo mucha gracia en aquél instante, aún estando recién despertada.
–¿Te vienes? Podemos llegar a tiempo para coger el tren de las nueve.
–Me encantaría... ¿Pero qué hago con Shadow?
–¿Quién es Shadow?
–Perdón -dios, ¿cómo puedo ser tan estúpida? Supongo que serán los nervios de estar en un mundo el cual no conozco, de entablar relación con personas que ni siquiera sé si son reales y de vivir esta especie de película-. Es mi caballo, bueno en realidad no es mío. No puedo dejarlo aquí.
–Conozco a alguien que podría guardártelo encantado.
–¿Y a mi gata?
–Puede colarse perfectamente.
–¿Por qué me ayudas tanto si hace menos de cinco minutos que me conoces?
–Porque me has llamado la atención -sonríe mientras me tiende una mano, para levantarme-.
–No suelo llamar la atención de nadie -respondo, mientras tomo mi mochila y tomo su mano.
–Para todo hay una primera vez, incluso para colarte en un tren. Vamos, tenemos que pasarnos por la casa de un amigo para que se quede con tu caballo.

Esta chica es realmente interesante. Es tan alegre, sonriente... Que se ha ganado la mitad de mi confianza en el poco tiempo que la conozco. No tengo ganas de subir a lomos de Shadow porque todavía me duele medio cuerpo por montar, y como ella no sabe, meto a Diana en la mochila y camino con la cuerda que me dio Ed de la mano. Me pone muy nerviosa saber que a la hora de comer sabré todo lo que necesito saber.

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